Jueves, 23 de mayo de 2013

MAYO de 2013
Volumen XXX N° 301
ISSN 1852-317X

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Marzo 2010

Del libro “Vida de Ilustres Caballos” IX.

Espacio en homenaje al Dr. Osvaldo A. Pérez.

El libro “Vida de Ilustres Caballos“, del Dr. Osvaldo A. Pérez, está prologado por el Dr. Rubén Ángel Bagnaroli. 1ª Ed. Santa Fe, Colegio de Médicos Veterinarios, 2005, 116 págs.
Federación Veterinaria Argentina con el apoyo del Laboratorio Over S.R.L.

A continuación reproduciremos capítulos del libro en homenaje al autor.

Caballos de los Próceres.

Urquiza.
Verdadero apasionado por los caballos, el general entrerriano Justo José de Urquiza (1801-1870) tenía un tordillo al que llamaba “El Sauce” que fue su monta preferida en varias de sus campañas militares. Ya retirado de la lid, por su edad y achaques, el caudillo lo mantuvo en su Palacio de San José siendo uno de los pocos que tenía permitida la entrada libre en las habitaciones. Sobrevivió varios años al asesinato de su jinete ocurrido en 1870, teniendo los cuidados que se le debía brindar a una reliquia. Es el animal que suele aparecer en la iconografía del general, de la que se destaca un óleo del artista uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) que fue apuñalado en el mismo momento del citado crimen.

La figura del caudillo también ha sido pintada por el artista catamarqueño Emilio Caraffa quien lo retrató montado sobre un tostado –y con su famoso perro Purbis al lado- cuando el 23 de diciembre de 1851 observa el pasaje de sus tropas por el río Diamante. Comenzaba así la marcha hacia Buenos Aires para el gran enfrentamiento con Rosas.111

Digamos también que en la batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, Urquiza montó un caballo moro enjaezado de plata. Con el mismo animal entró en Buenos Aires diecisiete días después. Sería éste el mismo caballo de silla célebre “por lo guapo y ligero, del que se contaban prodigios. Decíase, por ejemplo, que, puesto al galope, el jinete que lo montase podía agarrar avestruces con la mano, y hasta alcanzar una cigüeña en el campo antes que tuviera tiempo de alzar el vuelo”.112

El 22 de abril de 1852 Justo José de Urquiza asistió al “Autumm Meeting” organizado por la “Foreing Amateurs Racing Society” en el viejo hipódromo de Belgrano. Allí tuvo oportunidad de ver salir victorioso en la 6º carrera (de 22 cuadras) a su zaino “The Ally”, nacido y criado en Entre Ríos. El general entusiasmado desafió con él al famoso overo “Tam O’Shanter” del Sr. Grierson. Se probaron el 2 de mayo y el de Grierson cubrió lo marcado sin que en momento alguno el parejero entrerriano pusiese en peligro su victoria. Y cuando el overo cruzaba la raya en cómodo galope, Urquiza exclamó: “Este debe ser el flete que aprovechó Rosas para hacerse humo en Caseros”.113
Finalmente es de señalar que los primeros tobianos arribados al país fueron unas yeguas traídas por Urquiza desde Santa Catalina, Brasil, a su Estancia de San José.

111 La obra de arte fue inaugurada el 1º de mayo de 1897 y se halla en la Casa de Gobierno de la Provincia de Entre Ríos.
112 Cabrera, Ángel: op. cit., p. 89. Este autor lo menciona como oscuro. Solanet es quien en su obra Pelajes Criollos lo identifica en el mismo animal, así como con el The Ally que corrió dos meses después en el hipódromo. Terrera cuenta que una mañana en la que estaba reunido en Buenos Aires con organizadores de carreras Urquiza le dio la orden a uno de sus asistentes que estaba montado sobre el animal que trajese una cigüeña de las que se veían en una cercana laguna. El jinete atropelló al montón y asió de las patas una presa antes de que pudiera remontar vuelo El caballo criollo en la tradición, Buenos Aires, Círculo Militar, 1969, p. 453.
113 Solanet, Emilio: Tratado de Hipotecnia, Buenos Aires, Morata, 1943, p. 22.

Ramírez.
El caudillo entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez (1786-1821) fue reconocido por sus seguidores como el Supremos Entrerriano. Fue uno de los promeros líderes del federalismo provincial contra el poder porteño.
Solía montar un azulejo célebre por su velocidad y guapeza. Cuando Ramírez fue vencido por Estanislao López, aquel le pidió a si querida Delfina que pasara con su escolta a la provincia de Entre Rios, avisándole que él, con su azulejo, no tendría problemas pues ambos resultaban inalcanzables. 114
Después de su derrota en Fraile Muerto y huyendo de las fuerzas santafecinas y cordobesas, fue sorprendido en Rio Seco, combate donde cayó prisionera su amada portuguesa. Volvió grupas para salvarla, y allí fue muerto.115

Güemes.
Le debemos a Juana Manuela Goritti (1816-1892) un minucioso retrato literario de Miguel Juan de la Mata Güemes y Goyechea. Nacido en la ciudad de Salta el 8 de febrero de 1875, era “un guerrero alto, esbelto y de admirable apostura“. Una magnífica cabellera negra, de largos bucles y una barba rizada y brillante cuadraban su hermoso rostro de perfil griego y de expresión dulce y benigna“. Montaba “con gracia infinita un fogoso caballo negro cuya larga crin acariciaba con mano distraída, mientras inclinado hacia su compañero, hablaba en actitud de abandono”. 116 Era éste el famoso caballo “El Tordo”, uno de los favoritos de Güemes, junto con “el Gateado”, un bayo de crines, cola y patas negras.
Es la misma autora la que evoca el cortejo fúnebre que, en 1821, atraviesa las calles de Salta llevando desde la Capilla del Chamical hasta la Catedral de Salta los restos de su caudillo. Va conducido por su padre, a la sazón gobernador de la provincia,  y el Coronel Vidt, ambos de luto y con sus testas descubiertas. Llevan en una mano las cintas del ataúd, y con la otra a Martín y Luis Güemes, que acompañan llorando el féretro de su padre. “Detrás venían dos bellos caballos en arneses de duelo. Uno de ellos volvía tristemente la cabeza, cual si buscara a su dueño. Era aquel negro, testigo de tantas hazañas, y compañero del héroe hasta la muerte“. 117

114 Solanet, Emilio: Pelajes…, p.97.
115 De la Delfina se decía que era hija ilegítima del Virrey portugués en Brasil. Ramírez fue decapitado y su cabeza fue remitida a Estanislao López, que decidió exhibirla enjaulada en el Cabildo.
116 Gorriti, Juana Manuel: Obras Completas, Salta, Banco del Noroeste, 1994, Tomo II, p.107.
117 Idem, p.109.