Lunes, 11 de mayo de 2015

MAYO de 2015
Volumen XXXII
N° 325
ISSN 1852-317X

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junio 2010

Del libro “Vida de Ilustres Caballos” XII.

Espacio en homenaje al Dr. Osvaldo A. Pérez.

El libro “Vida de Ilustres Caballos“, del Dr. Osvaldo A. Pérez, está prologado por el Dr. Rubén Ángel Bagnaroli. 1ª Ed. Santa Fe, Colegio de Médicos Veterinarios, 2005, 116 págs.
Federación Veterinaria Argentina con el apoyo del Laboratorio Over S.R.L.
A continuación reproduciremos capítulos del libro en homenaje al autor.

Protagonistas de cabalgatas

Gato y Mancha.
Que el caballo criollo tiene una resistencia especial es algo ampliamente reconocido desde las guerras de la emancipación. Pero una cosa es la charla junto al fogón donde la rigurosidad se pierde en aras de la inverosímil exageración y otra es la realidad.189

Para demostrar que la afirmación no era un simple postulado sino una verdad axiomática hacía falta una prueba concluyente. Recién a fines del primer cuarto del siglo XX llegó la ocasión y, extrañamente, de la mano de un extranjero.

Fue el suizo Aimé Félix Tschiffely quien más creyó en las virtudes del criollo y así procuró tomar contacto con el médico veterinario Emilio Solanet, profesor de la entonces Facultad de Agronomía y Veterinaria e Buenos Aires y rescatador de la raza que en su momento se consideró prácticamente extinguida.190 Lo logró a través del Dr. Octavio Peró, colega de Solanet, eximio escultor, periodista y gaucho de corazón.

Solanet era dueño de la estancia “El Cardal” cerca de Ayacucho, en la provincia de Buenos Aires. Allí se produjo el encuentro con Tschiffely, relatándole éste su ambicioso plan de unir América del Sur y del Norte al lomo de los criollos. El dueño de casa, que muchas veces había disertado sobre las condiciones de estos equinos, no sólo apoyó la iniciativa sino que le facilitó a Mancha y Gato, de 15 y 16 años de vida respectivamente.

Mancha era un overo rosado, anchado; en tanto Gato era, como su nombre lo indica, un gateado. El primero tenía un carácter más extrovertido y receloso; Gato era menos expresivo pero más voluntarioso. Mancha se mostraba desconfiado de los extraños, tenía un instinto superior que le permitía ejercer cierta dominación sobre su compañero. Éste tenía a su favor una gran intuición en lo que se refería a terrenos pantanosos. Tiempo después de la gran aventura, Tschiffely escribía que si los dos caballos hubieran tenido la facultad de la voz, él le hubiera confiado sus secretos a Gato, pero hubiese elegido a Mancha para irse de farra.

El 28 de abril de 1925, después de tomar unos tragos de caña para calentar su cuerpo, Tschiffely partió de la Sociedad Rural y enfiló hacia el norte. El perro ovejero belga del suizo también se aprestó en la salida, pero una coz de Mancha – que seguramente no quería extraños en el trayecto – le golpeó duramente la cadera y lo obligó a desistir de la empresa.

“Y otro día, el 21 de septiembre de 1928, cruzaban Manhattan (el barrio de los rascacielos) para llegar al City Hall, el Palacio Municipal, donde les dio la bienvenida el Alcalde Mr. James Walter. Luego recorriendo la Quinta Avenida, con el tráfico suspendido en su honor llegaron al Central Park y al cuartel de la Policía donde fueron alojados los pingos. Poco después Aimé fue recibido en White House, la Casa Blanca de Washington D.C., por el presidente Mr. Carvin C. Coolidge, quien lo felicita por los récords señalados al atravesar a caballo el Continente Americano, desde la Patagonia hasta el Potomac.

Con esta hazaña se marcó la máxima universal de altura: 5900 metros (con 15º de temperatura bajo cero) y de distancia: 21.500 kilómetros, o sea 4.300 leguas, que fueron cubiertas en 504 etapas, vale decir a razón de 42,6 kms (8 ½ leguas) por día de marcha.

Una de estas etapas, de 32 leguas (160 kilómetros) entre los arenales del desierto de Huarney (límites del Perú con el Ecuador), se realizó en un solo día, con 52º de temperatura y sin agua ni alimento alguno. Los cascos se hundían de 6 a 15 pulgadas en la arena candente”.191

De los variados padecimientos que tuvieron los caballos en la marcha cabe recordar que al cruzar el Canal de Panamá, Mancha se cortó profundamente en una de sus patas bajo la cuartilla lo que obligó a aguardar unos días la curación de la herida. En Guatemala un clavo halladizo le provocó un absceso a Gato. En Tapachula recibió varias coces de una mula que había atado a su lado; los golpes le dejaron una rodilla imposibilitada para continuar y durante un mes Tschiffely estuvo curándolo. Al cabo del mismo la lesión había empeorado y hasta alguien mencionó la posibilidad de sacrificarlo. El suizo lo despachó en tren hacia México continuando con Mancha, que durante días emitió lamentos por la ausencia de su compañero. Cuando llegaron a la ciudad de México tuvieron la grata sorpresa de reencontrarse con Gato que ya se había curado.

Una vez en Nueva York, Tschiffely accedió a que sus compañeros de ruta fueran exhibidos durante diez días en la Exposición Internacional de Caballos que se realizó en el Madison Square Garden. Fue también en estos días que “el General W. Crosby, Inspector General de Caballería en los Estados Unidos de Norte América, aseguró que no había en todo el ejército norteamericano, un caballo capaz de repetir la hazaña del Mancha. El Coronel R. M. Wheeling, uno de los mejores conocedores de yeguarizos en los Estados Unidos, Juez en las exposiciones ganaderas de ese país y del Canadá, después de examinarlo detenidamente, declaró que jamás había visto uno de superior conformación y que podía como norma ideal para silla”.192

El regreso se efectuó el 1 de diciembre de 1928 a bordo del paquebote “Pan America” de la línea Munson, arribando a Buenos Aires el miércoles 19 de ese mes. Los caballos volvieron a la estancia Cardal pese a que alguien propuso llevarlos al Jardín Zoológico para que la gente pudiera admirarlos. Tschiffely se opuso ya que iban a ser más felices en su pago.

Después el suizo se fue a Europa y luego de más de una década de ausencia volvió a El Cardal a visitar a sus amigos que le respondieron al primer silbido de llamada. Fue el último encuentro pues Tschiffely regresó a Europa donde falleció en una clínica londinense en enero de 1954. Sus cenizas fueron traídas al país y en una urna colocada sobre el lomo de un gateado desfilaron por Avenida del Libertador desde el Parque tres de Febrero hasta llegar al cementerio de la Recoleta.

Gato murió en 1944 a los 35 años de edad. Mancha falleció el 24 de diciembre de 1947 cuando ya contaba 37 años. Fueron cuidados hasta el último momento por el paisano Juan Dindart de la estancia El Cardal. Ambos fueron embalsamados por el Dr. Ernesto Echeverría y sus cuerpos se exhiben en el Museo de Luján, Dr. Emilio Udaondo.

189 El capitán de origen sueco Juan Adam Graaner que estuvo por nuestras pampas en 1816 escribió que “Los caballos son notables por la prontitud, ligereza, valentía y seguridad; pueden soportar fatigas increíbles…” (Las provincias del Río de la Plata en 1816, El Ateneo, 1949, p. 74).
190 Solanet hizo renacer la raza criolla adquiriendo a los indios tehuelches del sudoeste del Chubut los mejores animales para la cría. En 1911 le compró al aborigen Teutrif de la tribu Lien-Pichú (tengo plumas) unas decenas de criollos sobre nueve manadas que se le presentaron.
191 Solanet, Emilio: Hipotecnia, p. 86-7.
192 Ídem, p. 87.