Lunes, 25 de septiembre de 2017

SEPTIEMBRE de 2017
Volumen XXXIV 
N° 353
ISSN 1852-317X

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agosto 2017

La ONU busca proteger a las especies marinas en aguas internacionales.

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 Un banco de atún de aleta azul en una jaula de pescar. Países de todo el mundo han comenzado a negociar un tratado para crear zonas marinas protegidas en aguas internacionales. Credit Paul Sutherland/National Geographic, vía Getty Images
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 Un barco de pesca de atún en el mar Mediterráneo Credit Andreas Solaro/Agence France-Presse — Getty Images

Varios países, en particular los que tienen acuerdos con vecinos marinos sobre qué se permite hacer en las aguas internacionales que comparten, quieren que los organismos regionales de pesca determinen las áreas marinas protegidas en altamar. Otros afirman que es insuficiente que haya un grupo de órganos regionales -usualmente dominados por naciones más poderosas- porque el único acuerdo al que tienden a llegar es sobre las mínimas restricciones.
Las negociaciones para el tratado empezarían en algún momento de 2018. La Asamblea General de la ONU, con 193 miembros, tomará la decisión.
Ya se avistan las dificultades diplomáticas; el año pasado, por ejemplo, quedaron evidenciadas tras la creación del área marina protegida más grande en aguas internacionales, en el mar de Ross. Los países que pertenecen a la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos acordaron designar una zona de 1,55 millones de kilómetros cuadrados en la que las actividades humanas, como la pesca, están restringidas. Para lograrlo, tuvieron que trabajar durante meses para convencer a Moscú.
Las discusiones sobre las áreas protegidas también podrían significar una manera de resguardar las zonas contra los efectos más nocivos del cambio climático. Cada vez hay más evidencia de que establecer santuarios amplios y dejarlos intactos puede ayudar a los ecosistemas marinos y a las poblaciones costeras a lidiar con los efectos del cambio climático como el aumento en los niveles del mar, tormentas más intensas, cambios en la distribución de especies o la acidificación oceánica.
Crear áreas protegidas también permite que las especies vulnerables puedan procrear y migrar a otras zonas, incluidas aquellas en las que sí se permite la pesca.
La pesca en altamar, que generalmente se da con subsidios gubernamentales considerables, es una industria multimillonaria, sobre todo si se trata de especies de alto valor como el robalo patagónico o el atún de aleta azul que se sirven en restaurantes lujosos alrededor del mundo. Es probable que ponerle fin a la pesca en algunas zonas vulnerables de las aguas internacionales afecte a las embarcaciones bien financiadas y más grandes; y es menos probable que perjudique a pescadores que no tienen los recursos para trabajar en altamar, dijo Cal Gustaf Lunidn, director del programa global marino de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
De hecho, Lundin dijo que las reservas marinas podrían ayudar a restaurar los acervos cada vez menores de peces. Y es que la pesca en altamar ya no es tan productiva como antes. “No vale la pena el esfuerzo”, dijo. “Ya agotamos la mayoría de las presas”.

‘La altamar tiene la mayor reserva de biodiversidad de todo el planeta. No podemos seguir sin reglas si nos preocupa proteger la biodiversidad y la vida marina’.Peter Thomson, presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas