Sábado, 23 de septiembre de 2017

SEPTIEMBRE de 2017
Volumen XXXIV 
N° 353
ISSN 1852-317X

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agosto 2017

Santacruz: el lema de conservar. Argentina.

El 27 de agosto se inaugurarán en el zoológico Santacruz los hábitats para los jaguares. El 90 % de los animales que se encuentran allí fueron recuperados del tráfico ilegal. Este comercio es el segundo más lucrativo del país, después del narcotráfico.

El zoológico de Santa Cruz tiene varios proyectos de conservación, reproducción y liberación de especies endémicas del país como el mono tití.

La neblina es espesa y esconde todo lo que hay a su paso. En la mitad de la montaña, en la parte inferior, a mano derecha sobre la vía de Mesitas del Colegio, se encuentra la Fundación Zoológico Santacruz, que fue fundado el 3 de mayo de 1975 por el zootecnista Gonzalo Chacón Rueda.

Al llegar, el invitado se topa con un gran letrero. Un grupo de 10 a 15 personas ingresa y lo primero que ve es el hábitat de un viejo oso de anteojos que está allí desde hace 23 años. Es el animal más longevo de la reserva.

El oso de anteojos es llamado John por los cuidadores del zoológico y veterinarios. Su historia es como la de otros animales que se encuentran allí y otros sitios como este en Colombia y el mundo. Desde muy pequeño fue tenido como mascota en una finca de Cundinamarca, por lo que nunca supo comportarse ni defenderse en su hábitat natural.

“Para que un animal regrese a su hábitat depende de su biología. Por ejemplo, si se trata de animales exóticos, que por lo general han vivido en cautiverio, no se pueden llevar a su ecosistema porque es muy complicado que se adapten nuevamente, ya que pierden sus habilidades de cazar y conseguir alimento y tienen problemas para que los acepten en grupos de su especie”, explica Juan Camilo Mendoza, médico veterinario del zoológico.

Son cerca de las 9:30 de la mañana. John está comiendo. Su dieta es blanda. Todos los alimentos se los dan casi licuados pues, debido a su edad, ha venido presentando problemas de salud. Al día le dan alimento dos veces en horarios estrictos, con el objetivo de que mantenga un peso apropiado y siga hábitos que se asemejen a los que tendría si estuviera en su entorno natural. Suele comer papaya, colada y pepino cohombro rallado con miel de abeja.

Unos cuantos centímetros separan a la directora del zoológico, Haydy Monsalve, del oso de anteojos, que está acostado en el suelo. Monsalve se encuentra sentada. Con mucha paciencia y amor pone un poco de colada en sus manos y con movimientos lentos va acercándolas a la boca del oso, sin ningún tipo de temor. Él lentamente abre la boca y come.

“El año anterior tuvimos que cucharearle la comida porque no lo hacía solito”, recuerda ella.

¡No más tráfico de especies!

Entre cinco y 10 minutos se quedan observando los visitantes al viejo oso. En ese mismo momento, John termina de alimentarse. Su pelo es negro. Su cuerpo es grande y alrededor de sus ojos su pelaje, es blanco en forma de círculo. Su boca es muy grande, pero ya casi no tiene dientes. El grupo de visitantes continúa el recorrido.

En el que ha sido el hogar de John por 23 años no sólo muestran a los animales que tienen bajo su cuidado, sino que se han enfocado en la educación para tratar de atenuar el problema de tráfico ilegal que hoy aqueja a la fauna silvestre del país. En el mundo se mueven anualmente US$46.000 millones con el tráfico de animales silvestres.

A este tema, como a otros, se ha encaminado el zoológico desde hace varios años. Cada dos meses, los trabajadores eligen un aspecto a tratar para educar a los visitantes: tráfico ilegal, diferencia entre animales domésticos y salvajes, campañas de protección de una especie en particular, entre otros.

“En las escuelas cercanas a la reserva se dictan charlas de manejo adecuado del agua y separación de residuos. En esto llevamos 11 años. A los niños de los colegios les entregamos una ranita para que la cuiden y luego se hace una actividad para reincorporarla a su hábitat”, explica Monsalve.

En el caso de los espectadores, se realizan talleres relacionados con el tema, en los cuales reciben una breve explicación del veterinario o los cuidadores y luego hacen ilustraciones en papel reciclado. Las actividades pueden variar.

Las especies más apetecidas para el tráfico ilegal en el país son loros de diversos tipos, tigrillos, jaguares, babillas, canarios, tortugas, micos de varias especies, marranos de monte y osos perezosos, entre otros. Cabe destacar que la venta de algunos de ellos se intensifica en fechas como Semana Santa y las celebraciones de Navidad, ya que son dadas como obsequio o para comer su carne o huevos. El 90 % de los animales que se encuentran en este zoológico fueron recuperados del tráfico ilegal.

Siembra, crecimiento y desarrollo de orquídeas

Los visitantes continúan con el recorrido y llegan a la parte en la que habita del jaguar. Este animal se encuentra en un espacio un poco reducido para su tamaño. Al ver esto, uno de los turistas pregunta: “¿Está estresado el animal? ¿Por qué da vueltas repetidamente?”. Una de las cuidadoras, Kelly Prieto, le responde: “Un día a la semana se les hacen ejercicios antiestrés a los animales. En estas actividades se les pone a hacer cosas que harían en su hábitat natural”.

Este centro de recepción, cuidado y exhibición de animales también cuenta con un programa para reforestar zonas aledañas al zoológico con plantas nativas, enfocándose en las especies de orquídeas endémicas de Colombia.

Según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, el país tiene 4.270 especies de orquídeas registradas. De ellas, 1.572 son exclusivas del territorio nacional, y 819 se pueden encontrar en los Parques Nacionales Naturales.

El Plan para el Estudio y la Conservación de las Orquídeas en Colombia realizado por el Ministerio de Ambiente explica que “la principal amenaza de las orquídeas está en la destrucción de sus ecosistemas naturales por la deforestación de los bosques y la transformación de los hábitats, ya que esta familia de plantas necesita de cobertura boscosa para su establecimiento y desarrollo”. Y agrega que es relevante conservar los insectos y animales que se ubican cerca de las orquídeas, porque sin ellos la planta no puede sobrevivir ni regenerarse.

En el territorio nacional hay 1.319 especies amenazadas, entre fauna silvestre y flora, según cifras del Comité Nacional de Categorización de Especies del Ministerio de Ambiente.

Han pasado cerca de 20 minutos y los asistentes ya han estado en los hábitats de tigrillos, leones, tigres de Bengala, jaguares. Se acercan al tramo de bosque de niebla que cubre al resguardo. Allí se ubican las aves y es posible observar orquídeas como parte de la vegetación.

La caminata continúa y casi al final de la zona de aves se topan con alrededor de 31 especies de orquídeas, de las cuales tres son exóticas y las demás son nativas del municipio. Estas plantas hacen parte del proyecto de reforestación y siembra de esta especie.

Para estas plantas hay una sección especial donde se puede observar cada una de las especies que hay en el zoológico. Todo está perfectamente organizado. Allí hay un estante en madera en donde se encuentran disecadas varias de las especies de orquídeas que tiene el país, en un perfecto estado de conservación que permite verlas como si estuvieran en su entorno natural. Igualmente se pueden ver especies de orquídeas que están en diferentes etapas de crecimiento.

En este pequeño santuario se siente tranquilidad y paz. Es una parte de la fundación en la que hay que tomarse varios minutos para contemplar la belleza y majestuosidad de esta flor, que al año puede crecer sólo un centímetro, por lo que es difícil su reproducción en grandes cantidades.

“Tenemos un proyecto de reproducción de especies de plantas de la región, ya que en el sector hay muchas plantas introducidas, por eso realizamos un vivero de flora nativa, que no daña el suelo y trae otros beneficios para la conservación”, explicó Monsalve Redwan, quien llegó a la Fundación Zoológico Santacruz cuando estaba haciendo sus prácticas de pregrado y en la actualidad es su directora.

Los consumidores primarios, relevantes en el ecosistema

La caminata está ambientada con toda clase de sonidos. Los cantos de las aves y los rugidos del león son música para los oídos de quienes visitan el zoológico. Así continúa el recorrido. En cada una de las zonas hay un cuidador que se encarga de responder las inquietudes de los visitantes y al mismo tiempo está pendiente de que no les den alimento a los animales, no les tiren objetos o hagan algo que perturbe su tranquilidad.

“Los cuidadores velamos las 24 horas del día por el bienestar de los animales y trabajamos en pro de ellos, porque para nosotros es importante que estén bien”, asegura Kelly Prieto, quien desde hace varios años trabaja en la reserva. Ella, como muchos de los cuidadores, vive cerca y al no tener los recursos para estudiar, decidió trabajar en el zoológico.

Estando allí ha tenido la oportunidad de capacitarse para contribuir con el avance y el cuidado de las especies que hay en la fundación.

Han pasado 40 minutos desde que comenzó el recorrido de las 15 personas. La observación continúa en una zona nueva, el artropodario, en el que Kelly Prieto ayuda, considera que estos insectos son importantes en el ecosistema y están desprotegidos. Son especies amenazadas por el cambio climático y la pérdida de su hábitat natural.

Tan sólo un vidrio transparente separa a los visitantes de los opilones, los escorpiones, los diplópodos rojo y café e insectos palos, que se encuentran en este espacio. Estos insectos hacen parte del único artropodario que hay en Cundinamarca. “Queremos conservar los invertebrados del grupo de los artrópodos dándoles la misma importancia que a los animales grandes y resaltando el papel que cumplen dentro de la red trófica natural”, explicó Monsalve Redwan.

En este proyecto se les brinda mayor importancia a las tarántulas de la especie Pamphobeteus affaferox, dado que son animales considerados en peligro de extinción, así como a los escorpiones de la especie Chactas keyserlingi, que solamente se encuentran en San Antonio del Tequendama.

En el mundo, el 70 % de las especies son insectos. Hay de varios de tipos: voladores, terrestres, acuáticos y subterráneos. Pese a que muchas personas les tienen pavor, estas especies son importantes para el ecosistema y cumplen funciones como polinización, reciclaje y eliminación de materias orgánicas muertas. Además, mejoran las condiciones del suelo y sirven de alimento para otros animales.

Por las funciones que tienen los insectos en este centro de cuidado de animales crearon un programa de conservación de artrópodos. Según las investigaciones adelantadas en la fundación no hay reportes de que los escorpiones Chactas keyserlingi estén en otras zonas del país. Además, resaltan que su población es muy baja debido a la pérdida de su hábitat por lo que es una especie vulnerable, pero aún no está categorizada como tal.

Tanto en este zoológico como en otros del mundo se dedican a realizar investigaciones de diversas especies con el fin de ayudar a que los animales que se encuentran bajo peligro de extinción se puedan reproducir hasta tener una gran cantidad de especies y liberarlos en sus ecosistemas con el fin de repoblar.

“Es muy grave que se acabe una especie porque cada uno cumple una función importante dentro del ecosistema. Eso es lo que las personas no entienden”, aseguró Monsalve.

Luego de casi una hora o más, termina el recorrido, pero no antes sin pasar por un pequeño museo de animales disecados que en su gran mayoría vivieron en el zoológico. Así como muestras de los esqueletos de especies como serpientes y micos. Los visitantes salen contentos porque no sólo conocieron diferentes animales; también aprendieron un poco de cada uno de ellos y la relevancia que tienen para el ecosistema.
20 Ago 2017 – 11:33 PM
Karen Juliete Rojas Gaitán (karenjuliete.rojasg@gmail.com)
Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/santa-cruz-el-lema-de-conservar-articulo-709075