Viernes, 20 de julio de 2018

JULIO de 2018
Volumen XXXV 
N° 363
ISSN 1852-317X

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julio 2018

Cannabis medicinal en mascotas ¿Abriendo la caja de Pandora?

Vet. Arg. – Vol.  XXXV – Nº 363 – Julio 2018.
Guevara, Manuel1; Gargiulo, Augusto1; Calderón, Claudia2; Gargiulo, Pascual1.

Resumen
Históricamente el cannabis ha sido considerado una droga relativamente inocua por diversos motivos, como ser natural, orgánica, etc. En la actualidad se está investigando el uso de cannabinoides en Medicina humana para distintas patologías y muchos extrapolan sus indicaciones para Medicina veterinaria. Sin embargo, es escaso el conocimiento existente respecto del uso en animales domésticos y se han encontrado numerosas evidencias que indican que su uso inadecuado aumenta la aparición de efectos adversos. En el presente artículo se ha realizado una amplia búsqueda bibliográfica sobre el uso, indicaciones y efectos adversos del cannabis en animales de compañía.

Introducción
Cannabis sativa es utilizada por el hombre desde hace miles de años, en la Medicina china la usaban desde los 4.000 años antes de Cristo (Unschuld, 1986). Es importante destacar que las culturas antiguas no la utilizaban solo por sus efectos psicoactivos, sino que, entre las indicaciones que tenía se destacaban fiebre, dolor de cabeza, diarrea, dolores reumáticos, incluso la malaria o paludismo (Zuardi, 2006). La planta cuenta con más de 40 principios psicoactivos, el más importante es el tetrahidrocannabinol (THC).

En esta especie fue variando con el tiempo su contenido de THC, no siendo el mismo el que contenían las plantas que utilizaban los hippies de la década de los 60 con un 5-8 % de concentración de este principio activo, que las que se pueden encontrar en la actualidad con más 25 %, llevando a muchos científicos a replantear sus investigaciones. En la actualidad se aislaron cannabinoides con escasa o nula actividad psicotrópica como el cannabidiol, cannabigerol y cannabicromeno (Izzo et al., 2009)

El mecanismo de acción de los cannabinoides es altamente complejo, cuando se activan los receptores cannabinoides CB1 se produce la inhibición de la liberación de los siguientes neurotransmisores: acetilcolina, dopamina, serotonina, noradrenalina, ácido gamma-aminobutírico, glutamato, histamina, D-aspartato, glicina (Grotenhermen et al., 2012).

Por otro lado, los receptores cannabinoides CB2 se encuentran generalmente en células asociadas con el sistema inmune, disminuyendo la producción y liberación de citoquinas proinflamatorias (Zubrzycki et al., 2014) Además, se ha determinado que ciertos cannabinoides actúan sobre receptores de serotonina 5HT3 y vanilloide (Contassot et al., 2004).

Esta compleja y basta red de interacciones es la responsable de la gran cantidad de efectos que se le atribuyen a los preparados con cannabinoides. Existen numerosos trabajos científicos donde se demuestra su potencial terapéutico en Medicina humana, siendo mayor aún la cantidad de información sin el respaldo científico que la haga valedera. Después de muchas investigaciones se ha aprobado en algunos países, incluyendo a la Argentina, el uso de cannabinoides en ciertas patologías de seres humanos, despertando un gran interés por parte de los propietarios de mascotas.

Sin embargo, los estudios científicos validados sobre los efectos del cannabis en animales han sido preclínicos y llevados a cabo en los llamados “animales de laboratorio”, tales como rata, ratón y cobayo. Existen muy pocos estudios preclínicos en perro, gato, conejo y hurones, y un número aún menor de investigaciones fiables sobre el uso clínico de cannabinoides en cualquier tipo de animales, siendo en su mayoría relacionadas a su utilización para el tratamiento de glaucoma (Pate et al., 1998; Landa et al., 2016). De hecho, la mayoría de los artículos veterinarios tratan sobre intoxicaciones por cannabis y su tratamiento (Donaldson, 2002; Janczyk et al., 2004; Girling et al., 2011)

Lamentablemente, en el año 2012 se advirtió un aumento en la cantidad de intoxicaciones en perros en aquellos estados de Estados Unidos donde estaba legalizada la marihuana con fines medicinales (Meola et al., 2012). Se considera un acto de irresponsabilidad extrapolar los estudios en seres humanos a la medicina veterinaria porque se pueden causar efectos impredecibles. Esto quedó demostrado cuando, el mismo fármaco con cannabinoides, en seres humanos produjo aumento de la frecuencia cardiaca y un leve ascenso de presión arterial. En cambio, en animales produjo el efecto contrario, bradicardia e hipotensión (Jones, 2002)

La calidad del producto que contiene cannabinoides es fundamental en el momento de decidir su administración, existiendo muchas diferencias en su fabricación y concentración de principios activos, por lo que se considera necesaria la elaboración de un protocolo de preparación estrictamente estandarizado para asegurar la disponibilidad de un producto homogéneo y de estabilidad definida (Pacifici et al., 2017). Lo cual es realmente imposible de lograr con una elaboración de tipo artesanal.

En el mercado negro se producen adulteraciones que impiden conocer con certeza que sustancias tenemos en nuestras manos (Guevara et al., 2016). Es de destacar que desde hace algunos años en Estados Unidos se fabrica y comercializa para perros, gatos y caballos fármacos en cápsulas y aceites con el principio activo canabidiol, el cual tiene  bajos efectos psicoactivos, con una gran cantidad de indicaciones, tales como envejecimiento, bienestar, ansiedad, fobias, cáncer, problemas digestivo, náuseas epilepsia, convulsiones, articulaciones y movilidad, dolor, inflamación, piel y manto (Canna-Pethttps://canna-pet.com/canna-pet-quick-facts/)

Dentro de las interacciones que se producen en seres humanos con otros fármacos, se puede mencionar que la disminución del estado de alerta que produce Cannabis sativa puede ser potenciada por el efecto de benzodiacepinas, opiáceos y antidepresivos tricíclicos (Seamon et al., 2007).

Durante muchos años se han utilizado e incluso en la actualidad se continúan utilizando fármacos con efectos sobre el sistema nervioso central como los opioides, la ketamina, etc., siendo unas muy buenas herramientas terapéuticas cuando se conoce su relación riesgo/beneficio.

Las dosis tóxica en mascotas aún no han sido determinadas para todos los compuestos cannabinoides, pero sí la dosis letal mínima en el perro para el tetrahidrocannabinol por vía oral, que es de 3 g/kg, siendo generalmente consumida de manera accidental en preparados formulados con manteca (Fitgerald et al., 2013). Sin embargo, otro autor demostró que en perros y monos, las dosis de 3 y 9 gr/kg de Delta 9-THC y delta 8-THC no eran letales (Thompsom et al., 1973). Esto significa que todavía no existe información básica que permita conocer cuál es la dosis letal.

Para la detección de cannabinoides se pueden utilizar las pruebas de detección de fármacos en orina que existen para seres humanos, sin embargo, pueden ser poco fiables para la confirmación de intoxicación de marihuana en perros debido a la interferencia de un gran número de metabolitos en la orina canina. Asimismo, pueden aparecer falsos negativos si la prueba se realiza inmediatamente después de la ingestión de THC. Por lo tanto, el uso de estas pruebas de detección en perros sigue siendo controvertida (Fitgerald et al., 2013)

Conclusiones
A pesar de que se han realizado muchas investigaciones y estudios preclínicos en especies animales, que presentan la ventaja de ser los pacientes con los que trabajamos, consideramos fundamental que se continúe investigando para poder determinar la utilidad real y los perfiles de seguridad de los cannabinoides. Asimismo, es primordial que el estudiante de Veterinaria, o el veterinario ya formado tenga un conocimiento con bases sólidas en el tema, para poder educar y concientizar sobre el uso de estas sustancias por parte de los propietarios de las mascotas; si no se trabaja en este aspecto, en vez de obtener un fármaco con potencial terapéutico, deberemos atender las calamidades por el mal uso de estos prometedores compuestos.

Bibliografía
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1Laboratorio de Neurociencias y Psicología Experimental, CONICET. Área de Farmacología Departamento de Patología Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Cuyo.
2 Docente de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia. Universidad Nacional de San Luis.