keyboard_arrow_up
junio 2014

Actinomicosis felina: descripción de un caso clínico y su evolución post tratamiento.

Vet. Arg. – Vol.  XXXI –  Nº  314 –  Junio 2014.
Tonelli, E.A.*; Loiza
*, M.; Scarpa, M.A.**; Reynes, L.**; Gayoso M.**

Resumen.
Se describe un caso de Actinomicosis en un felino y su posterior tratamiento y evolución. Es interesante destacar la infrecuencia con que esta enfermedad se presenta en los felinos, y de allí la importancia de esta comunicación.
Palabras clave: Actinomicosis, Actinomicosis feline, Absesossubcutaneous en felinos.

Feline Actinomicosis: Description of a clinical case and its post tratment evolution.
Summary.
A feline clinical case of Actinomicosis, its treatment and clinical evolution are described. The disease is uncommon in cats  and from there the importance of this communication.
Key Words: Actinomicosis, Feline actinomicosis, Subcutaneous abcess in feline.

*Médicos Veterinarios, Jefes de Trabajos Prácticos, integrantes del Servicio de Dermatología del Hospital Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Veterinarias, UBA.
**Médicos Veterinarios, concurrentes al Servicio de Dermatología del Hospital Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias Veterinarias, UBA.

Introducción.
La actinomicosis es una enfermedad de muy baja presentación en animales de compañía, siendo más frecuente diagnosticarla en bovinos y equinos. También afecta al ser humano.

Puede definirse como una enfermedad píogranulomatosa o supurativa, causada por un microorganismo del género Actinomiceto. Varias son las especies involucradas: A. odontolyticus, viscosus, israelii, meyeri, hordeovulneris, bowdenii, bovis, etc. Estos microorganismos son bacilos Gram positivos, no ácido resistentes, anaerobios, catalasa positivos y filamentosos.

En general son microorganismos oportunistas, habitantes normales del intestino y boca. La inoculación del gérmen se produce por heridas penetrantes y traumas, especialmente cuerpos extraños, astillas y plumas.- En los caninos, los más afectados son los de caza que viven en climas cálidos y húmedos.

Los signos clínicos desarrollan muy lentamente luego de la entrada del microorganismo, pudiendo los primeros manifestarse  entre dos meses y dos años post inoculación. Sin embargo, los Actinomicetos pueden llegar a verse en el exudado 2 semanas después de establecida la infección.-

En caninos, la presentación mas habitual es una tumefacción subcutánea absedada o ulcerada localizada en cabeza, cuello, región torácica, región paralumbar y abdominal, si hablamos de las manifestaciónes dermatológicas. Estas lesiones tienden a formar tractos drenantes con un exudado espeso, de color gris amarillento o serohemorrágico y presencia de gránulos caseosos (gránulos de “azufre”). En algunas ocasiónes produce osteomielitis localizada en el sitio de infección y a veces empiema.

El diagnóstico diferencial siempre debe hacerse con todas las lesiónes subcutáneas absedadas tales como celulitis anaeróbica, pseudomicetoma bacteriano (Botriomicosis), infecciónes micobacterianas (Tuberculosis o Lepra) y Actinobacilosis.

El diagnóstico definitivo se realiza a través de cultivos en medios anaerobios, frotis de material obtenido de los exudados o a través de aguja fina y biopsias usando tinciones especiales como Gram o Gomori-Methenamina de Plata. El examen histopatológico revela una dermatitis nodular o difusa, paniculítis o ambas. En ocasiones el histopatólogo observa gránulos tisulares basofílicos con una periferia eosinofílica. Esto se conoce como “fenómeno de Splendore-Hoeppli” que consiste en la imagen de interfase entre colonias de Actinomicetos y el exudado de polimorfonucleares con depósito de material eosinofílico.  Esta imágen es patognomónica de la enfermedad.

Caso clínico.
Se presentó a la consulta clínica un felino de tres años de edad, entero, común europeo. El propietario relató que desde hacía aproximadamente seis meses comenzó a notar una “hinchazón” a la altura de la mejilla derecha, la que desde  aproximadamente 30 días había comenzado a drenar al principio en forma discreta y luego en forma francamente copiosa. Simultáneamente observó como el tejido de la cara iba “desapareciendo”, quedando finalmente una inmensa cavidad en toda la región de la mejilla derecha. En el sitio de la lesión se habían realizados lavajes con solución de clorhexidina al 2,5%, se había colocado azúcar diariamente durante 45 días y suministrado corticoides por vía sistémica (no recordaba droga ni dosis).-

El felino vivía en un tambo en área rural, donde también había gallineros. Tenía buen apetito y sus funciones digestivas no presentaban alteraciones.

A la inspección se apreció un felino en buen estado general, buen estado nutricional, alerta, dinámico, con frecuencia cardíaca, respiratoria y datos auscultatorios normales; linfonódulos normales, excepto el submaxilar derecho levemente aumentado de tamaño, indurado y frio.

A la inspección, inmediatamente llamó la atención una gran lesión en la cara, región malar, donde pudo apreciarse la digestión del tejido epidérmico y subcutáneo, pudiendo visualizarse los músculos de la región. También puedo observarse que aparecía digerido el tejido palpebral inferior derecho, como así también parte del labio inferior. La lesión ulcerosa abarcaba prácticamente toda la región facial derecha (fotos 1,2 y 3), y se constató oportunamente un exudado denso, amarillento, fétido con la presencia de pequeños gránulos caseosos.- No se observaron otras lesiones cutáneas.

Fotos 1, 2 y 3: lesión facial ulcerada que involucra todos los planos profundos hasta los músculos subyacentes. Nótese la digestión del párpado inferior derecho y el labio superior del mismo lado.

Sin títuloSin título

Sin título
El propietario adjuntó en el momento de la consulta radiografías de tórax y ecografía abdominal, de las que no surgía ninguna anormalidad. También entregó una rutina sanguínea, en donde llamaba la atención una monocitosis marcada (15%) con un recuento de glóbulos blancos de 10.500 por mm3.

La primer sospecha se orientó hacia un proceso infeccioso subcutáneo, de origen bacteriano y/o micótico. Prácticamente se descartó la posibilidad de un proceso tumoral dada la juventud del paciente.-

Los diagnósticos diferenciales considerados en la oportunidad fueron Tuberculosis cutánea, Lepra Felina, Faeohifomicosis y Botriomicosis.

Se obtuvo frotis del material exudado y de los gránulos, y muestras para cultivos aeróbicos y anaeróbicos.- Los frotis se remitieron con la instrucción de que fuesen teñidos con tinción de Gram, Hematoxilina Eosina y tinción para Acido alcohol resistentes.- No se indico tratamiento sistémico, sino preventivamente aislar al animal y practicarle curaciones diarias con clorhexidina y sulfadiazina argéntica en crema.

A las 48 horas se recibieron los informes del laboratorio referidos a los frotis, los que revelaron la presencia de microorganismos filamentosos presumiblemente pertenecientes al género Actinomices. Las tinciones Acido Alcohol resistentes dieron negativas. Sin tener aún los resultados de los cultivos, se indica una terapia sistémica con Amoxicilina y Acido Clavulánico (25 mg/kg. c/12 horas) y las curaciones diarias, siempre con el uso de guantes de goma.

Resultados
A los 30 días de comenzada la terapia se recibieron los informes bacteriológicos con el diagnóstico de Actinomices bovis. El crecimiento fue notable en el medio Agar Sangre.

Simultáneamente, se recibieron las fotos enviadas por la propietaria desde el interior de la provincia, donde pudo verificarse el notable proceso de recuperación del paciente luego de 30 días de tratamiento (fotos 4 y 5).

Fotos 4 y 5: Notable recuperación luego de 30 dias de tratamiento con amoxicilina y acidoclavulanico

Sin títuloSin título

Discusión
Si bien estamos hablando de una patología muy bien estudiada y reconocida desde hace mucho tiempo, es de destacar en este caso la afectación de un felino, algo realmente excepcional, y la favorable respuesta a un derivado penicilínico, en concordancia con lo indicado por la bibliografía para este tipo de enfermedades.

Conclusiones
Debe tenerse en cuenta la inclusión rutinaria de la Actinomicosis en el diagnóstico diferencial de una lesión subcutánea, supurada, crónica, y potencialmente peligrosa para la salud humana. Los autores consideraron en un principio como diagnóstico muy probable el de una Micobacteriosis  (Tuberculosis o Lepra felina), cosa que no sucedió. El hecho de que el felino viviese en el ámbito rural también es llamativo, planteándonos la duda si las plumas o los excrementos de ave o bovinos presentes en el hábitat fueron la fuente de contagio en este caso.

Bibliografía

  1. Scott, D.W.: Feline dermatology 1900-1980: A monograph. J Am AnimHospAssoc 16:331, 1980.
  2. Greene, C.E.: Infectious diseases of the Dog and Cat, ed. 3, Philadelphia, 2006, WB Saunders Co.
  3. Kennis, R.A., Wolf, A.M.: Chronic bacterial skin infections in cats. Compend Con EducPract Vet 21:1108; 1999.
  4. Donohue, D.E.; Brightman, A.H.: Cervicofacial Actinomices Viscosus infection in a Brazilian fila: A case report and literature review. J Am AnimHospAssoc 31:501, 1995.
  5. Kirpensteijn, J.; Fingland, R.B.: Cutaneous actinomycosis and nocardiosis in dogs: 48 cases (1980-1990). J Am Vet Med Assoc 201:917, 1992.
  6. Yovich, J.C.; Read, R.A.: Nasal actinomyces infection in a cat. Aust Vet Pract 25:114, 1995.