Lunes, 17 de junio de 2019

JUNIO de 2019
Volumen XXXVI 
N° 374
ISSN 1852-317X

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enero 2018

Ruminal Virbac: Canileish la primera vacuna contra la Leishmaniosis.

Ya está disponible en Argentina.

La vacunación contra la leishmaniosis canina La vacunación es la única medida preventiva que actúa sobre la leishmania y no sobre el flebótomo, es decir, que limita el desarrollo de la enfermedad una vez el parásito se ha introducido en el organismo del perro.

Mientras los insecticidas y repelentes tópicos reducen las picaduras, la vacunación protege al animal aunque haya sufrido la picadura de un flebótomo infectado.

Siendo como es Argentina, una zona de alta prevalencia, la mayoría de los animales acaban entrando en contacto con la leishmania, incluso aquellos que se protegen regularme con repelentes de insectos.

Es por ello que combinar la vacunación con los insecticidas adecuados, se postula como el método más efectivo para proteger al perro contra la enfermedad.

Durante 20 años, los científicos han estado investigando y trabajando con tecnologías de vanguardia para proteger a los perros frente a este parásito mortal. La vacuna contra la leishmaniosis canina es el resultado de este esfuerzo de innovación.

Se lanzó al mercado en el 2011 en Europa y llegó a España apenas un año después. Desde enero de 2012 hasta hoy, se han administrado más dos millones y medio de dosis.
Fuente: Virbac, S.A.

La vacuna contra la leishmaniosis canina solo está indicada cuando el perro está sano, es decir, cuando hay la certeza de que no padece ya la enfermedad. Así pues, resulta imperativo realizar antes un test diagnóstico rápido para determinarlo.

Si la prueba arroja un resultado negativo, se podrá proceder a la vacunación. En caso contrario, el veterinario deberá confirmar o descartar el diagnóstico con otras pruebas más completas

¿Cómo funciona la vacuna? La vacuna enseña al sistema inmune del perro a defenderse correctamente del parásito de la leishmania (es decir, estimulando la producción de células inmunitarias y no de anticuerpos), reduciendo drásticamente el riesgo de que el perro desarrolle la enfermedad cuando sufra una infección “real”.

Como todas las vacunas, incluye componentes del propio parásito para que la respuesta inmune estimulada sea específica contra la leishmania.

En el caso de este tipo de vacunas, los componentes empleados son proteínas aisladas y no el parásito completo, de forma que en ningún caso la vacuna puede provocar la enfermedad. Son necesarias tres dosis el primer año de vacunación, así como una inyección anual de recuerdo los próximos años. Solo se podrán vacunar aquellos perros que presenten un buen estado de salud general.

El animal no solo deberá pasar el test de diagnóstico de la leishmaniosis, sino hallarse libre de otros parásitos, ya que una alta carga parasitaria alteraría la respuesta de su sistema inmune. La primovacunación podrá aplicarse al perro a partir de los seis meses de vida, quedando excluidas de vacunación las hembras que se encuentren en gestación.

Como otras vacunas, la vacuna contra la leishmaniosis puede producir reacciones adversas, tales como fiebre, malestar, inflamación en el punto de inyección, bajadas de tensión o problemas digestivos. En algunos casos, estas reacciones podrán aparecer de forma más intensa que con las vacunas convencionales, por lo que será recomendable acudir al veterinario para minimizar las molestias.

En general, la eficacia de las vacunas contra parásitos no es tan elevada como la de algunas vacunas contra virus. Si bien es cierto que la vacunación contra la leishmania proporciona unos niveles de protección muy elevados, es fundamental apoyar este método con las demás medidas de prevención orientadas a reducir el contacto con los flebótomos. Teniendo en cuenta que la leishmaniosis es, hoy por hoy, una enfermedad incurable y con alta afectación, es imperativo combatirla con todos los instrumentos de que disponemos.

Cuantas más medidas se adopten para reducir el riesgo de infección y frenar el desarrollo de la enfermedad, más se reducirá el contagio y la propagación, pudiendo llegar a controlar el alcance cuantitativo y cualitativo de la misma. Es necesario que toda la sociedad y en especial las personas al cuidado de perros, tomen conciencia de la gravedad del problema y actúen para solucionarlo. Las buenas prácticas diarias sumadas a los avances científicos son armas muy potentes con las que podemos proteger a nuestras mascotas de una enfermedad dolorosa, y muchas veces, mortal.