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septiembre 2021

Carbunco: una zoonosis grave.

CR Vet (R) Roberto Rufino Caro

ASARHIVE, Ciberboletín Nº 126, Julio 2021, Año XVII-

Introducción
El carbunco es una zoonosis ampliamente distribuida por todo el planeta y afecta a la mayoría de los animales homeotermos, especialmente herbívoros. Los casos en humanos se producen generalmente en personas que trabajan con el ganado, cuero, lana, etc. Se puede adquirir por vía respiratoria, digestiva o cutánea. El microorganismo causante es el Bacillus anthracis, una bacteria con forma de bastón, Gram positivo, aerobio estricto y con capacidad de formar esporos; su hábitat es el suelo.

Sigue siendo una enfermedad enzoótica en la mayoría de los países en vías de desarrollo, y ocurre en forma esporádica en muchos otros países.

También se lo denomina carbunclo bacteridiano, carbón, ánthrax, fiebre esplénica, grano malo o pústula maligna. Todos estos nombres hacen referencia al ennegrecimiento de la sangre de los animales afectados. Anthracis, deriva del griego antrhakis que significa carbón, y carbunclo, del latino derivado de carbunculus, que significa rubí, poéticamente el carbón que arde en la oscuridad.

Historia
Su historia se remonta a la antigüedad y la enfermedad fue mencionada por Hipócrates, (460-370 a. C.) al describir ciertas lesiones cutáneas y la designó con el nombre de Ánthrax debido a su aspecto.

Además, era bien conocida en Europa, encontrándose citas en la literatura que ubican la descripción entre los años 1491 y 1190 a. C.

Existen algunas referencias, no tan precisas, sobre la aparición de casos en China, coincidentes con la sintomatología del Carbunco, mucho más antiguas, de alrededor de 3.000 años antes de Cristo.

Uno de los incidentes bien documentados data del año 1500 a.C. cuando los egipcios describían la plaga del forúnculo que afectaba al ganado del faraón. El poeta romano Virgilio (Publio Virgilio Marón, 70-19 a.C.), autor de La Eneida, Las Bucólicas y Las Geórgicas (entre el año 36 y 29 a. C.), precisamente en esta última obra, en el Canto III cita una epidemia que afectó a los Alpes orientales y describe los síntomas en los animales: “se le inflaman los ojos y sacan la respiración de lo más hondo del pecho, agravada a veces por un gemido y dilatan lo más hondo de los ijares con prolongado hipo; una sangre negruzca escapa por las narices y la lengua áspera oprime sus obstruidas fauces y en humanos si alguien había osado probar estos vestidos malditos, las secuelas inmediatas eran unas pústulas ardientes y un inmundo sudor en sus infectos miembros, y a poco tardar, el fuego sagrado devoraba todo el cuerpo contagiado”.

Ovidio, (43 a.C.-17 d.C.), Plinio (20-79 d.C.), y Galeno (129-201 d.C.) también hablaron de pestes tipo carbunco. Una descripción más científica del carbunco la encontramos en la obra “De Medicina” del médico romano Aurelio Cornelio Celso, (25 a.C.-50 d.C.) quien, hablando de las enfermedades con lesiones externas, dice “De estas, no hay otra más grave que el carbunco, cuyas notas características son las siguientes: el punto afectado presenta rubicundez y pústulas poco prominentes y negras…” La enfermedad está citada en La Biblia, en el libro del Éxodo, cuando DIOS envió sobre los egipcios las 10 plagas.

Probablemente la V quinta plaga haya sido de carbunco [Éxodo capítulo 9 versículos 1 al 7]. (La plaga en el ganado). A partir del siglo XIV, el carbunco comenzó a diseminarse por Europa y Rusia. John Bell cita la enfermedad en hombres cardadores de lana (la llamaron enfermedad de los laneros o enfermedad de los cardadores de lana).

Las primeras descripciones clínicas del carbunco cutáneo, fueron hechas por Maret en 1752 y Fournier en 1769.

Antes de esto, la enfermedad solo se conocía a través de los relatos.

El agente etiológico
Las investigaciones sobre el agente causal fueron realizadas por los doctores Robert Koch, Louis Pasteur entre otros.

En 1823, Barthélemy, demostró la infectividad del carbunco, transfiriéndolo a animales sanos por la sangre de los animales enfermos, experimento repetido por Leuret en 1824 y por Eilert en 1836.

En el año 1860 una misteriosa epizootia diezmaba a los caballos de la Compagnie des Petites Voitures de París, llevándola al borde de la quiebra. Llamaron al veterinario Roger Delafond, quien de inmediato hizo el diagnóstico de carbunco y además inoculó a un cordero con la sangre de un caballo infectado para demostrar el mecanismo de diseminación de la peste. De este modo logró transmitir la enfermedad y de paso cultivar las baguettes (bacilos), concluyendo que pertenecían al reino vegetal. Estos descubrimientos fueron acogidos en forma más que sarcástica, por sus colegas del mundo científico de la época, quienes lo abrumaron con sus burlas, impidiéndole acreditar su descubrimiento.

El médico francés Casimir Joseph Davaine (1812-1882) fue la excepción, y lejos de sumarse a las burlas, cotejó los hallazgos de Delafond con los trabajos de Louis Pasteur sobre la fermentación, planteando que estos bastoncitos o bacteridias “fermentando” en la sangre causaban la enfermedad. Este investigador en 1850 ya había visto a pequeños bacteroides en la sangre de ovejas muertas de carbunco.

También ese mismo año el médico Rayer (1793- 1867) observó los bastoncitos en la sangre de los animales que padecían la enfermedad. En 1864 Davaine demostró la presencia del bacilo en los animales enfermos y concluyó que estaban siempre en la sangre de los mismos, y no en los sanos. También debió luchar por más de diez años contra encendidos adversarios que no aceptaban estas afirmaciones. 4 Serían dos grandes figuras del siglo XIX, los doctores Robert Koch (médico alemán, 1843-1910) y Louis Pasteur, (químico y bacteriólogo francés 1822- 1895) quienes iban a confirmar que el agente causal del Carbunco es el “Bacillus anthracis”, poniendo fin a las controversias citadas. El mencionado microorganismo aparece en los textos de microbiología también como “bacteridia de Davaine” y el Carbunco se conoce además como “Carbunclo bacteridiano” (en reconocimiento al Dr. Davaine).

Trabajando en Alemania y con la adquisición de uno de los primeros microscopios fabricados industrialmente por Carl Zeiss, el Dr. Robert Koch dirigió su interés al mundo de los microorganismos. Entre las preparaciones que hizo para examinar en su microscopio estaba la de una gota de sangre de un animal afectado por ántrax. En la preparación se observaban junto a los glóbulos rojos y blancos, una especie de bastoncillos alargados o bacilos, como lo había comunicado algunos años antes el Dr. Davaine. La conexión entre la presencia de estos bacteroides y la enfermedad, era un interrogante y Koch se propuso averiguarlo, ya que la idea de que un organismo tan infinitamente pequeño pudiera producir una enfermedad en los vertebrados superiores, no estaba generalizada en aquellos tiempos y era rechazada por gran parte del mundo científico.

La solución obtenida por Koch iba a revolucionar la biología. Primero probó a cultivar los bacilos en suero sanguíneo. Luego añadió sangre de animales enfermos a caldos con gelatina. Los bacilos crecieron en el medio de cultivo y Koch repitió el proceso de aislamiento y cultivo varias veces, hasta obtener un cultivo que consideró “puro” del microorganismo estudiado. Luego inoculó una gota del cultivo a un ratón, quien murió por la enfermedad. Koch recuperó de la sangre de este animal los bacilos.

Koch probablemente no era totalmente consciente de hasta qué punto arriesgaba su integridad física, realizando estos experimentos en su propio hogar, pero sí se dio cuenta del alcance de los resultados que lo llevaron a plantear los “postulados” que llevan su nombre y que fundaron la Microbiología Clínica. Koch denominó al microorganismo como Bacillus anthracis y fue el primer microbio patógeno cuya relación causal con una enfermedad de los animales y del hombre, quedaba demostrada. Este descubrimiento de Koch sugería la posibilidad de que muchas otras enfermedades humanas y de los animales, fueran causadas por microorganismos, lo cual abrían perspectivas para su tratamiento.

El Dr. Koch publicó sus resultados en 1876, dando lugar a todo un nuevo programa de investigación. También publicó en ese año las primeras fotografías de bacterias.

Poco después descubrió el fenómeno de formación de esporas por parte del Bacillus anthracis y su resistencia al calor y a los agentes químicos.

En Francia el Dr. Louis Pasteur también sospechaba que los microbios eran responsables de muchas enfermedades humanas y de animales. El Dr. Koch se 5 le había adelantado en la prueba de esta hipótesis, pero Pasteur se propuso avanzar más y se dedicó a investigar cómo se podrían combatir los microbios y curar así estas enfermedades.

En su investigación Pasteur eligió como modelo el ántrax, debido a que el Bacillus anthracis era fácil de obtener, observar al microscopio, cultivarlo e inocularlo a animales y luego ensayar los tratamientos. Además, en el año 1877 y a petición del Ministerio de Agricultura, Pasteur es requerido para que estudie el carbunco, debido a que este arrasaba con poblaciones enteras de ganado vacuno y ovino, y era fatal también para el hombre.

Quien pudiera prevenir la enfermedad, no solo salvaría vidas, sino que además ganaría mucho dinero. Pasteur pidió colaboración a Jules Joubert a fin de solventar el encargo del Ministerio.

En su laboratorio Pasteur dispuso de diferenntes medios en los cuales pudiera cultivar el microorganismo. Cuando obtuvo los cultivos inoculó a un conejo que murió en pocas horas y recuperó de este, al bacilo. Continuando con su investigación, Pasteur descubrió las fuentes de contagio del carbunco, que es por vía oral cuando el animal ingiere los pastos contaminados con los esporos del microorganismo. Además, advirtió que las lombrices de tierra, transportan estos esporos desde la tierra a los pastos, que luego ingieren los animales sanos. Observó que las aves eran refractarias a la enfermedad, entonces Pasteur procedió a enfriar las patas de los pollos, demostrando cómo estas, naturalmente refractarias al carbunco, contraían la mortal enfermedad al bajarles la temperatura corporal de 42 a 38 grados. Al intentar preparar la vacuna contra el ántrax, Pasteur encontró dificultades, pues el método empleado para el cólera de las gallinas (que había descubierto hacía poco tiempo) no le sirvió, debido a que el Bacillus anthracis es capaz de desarrollar esporos, y estos sobreviven a la oxigenación y conservan su virulencia, por lo tanto, no podían ser atenuados. Entonces Pasteur pensó en las consecuencias de la temperatura sobre los cultivos en el laboratorio, y encontró una franja de calor donde podía cultivar al microorganismo y evitar la formación de esporos. Luego de muchos ensayos, Pasteur consiguió la vacuna, cultivando la bacteria durante ocho días a 42-43°C y oxigenando los cultivos, consiguiendo que estos fueran inofensivos para los animales que más fácilmente enferman, como el conejo, el cobayo y las ovejas. Las bacterias de virulencia atenuada eran la vacuna contra las de virulencia mayor. Para proteger a los animales del ataque mortal del carbunco, se inyectaba precisamente el microorganismo sometido a una serie de cultivos sucesivos, para provocar un carbunco benigno. Un veterinario de la época, llamado Hippolyte Rossignol, no confiaba en la eficacia de la vacuna y desafió a Pasteur a demostrarla en público. La Sociedad de Agricultura de Melun (presidida por el filántropo barón “De la Rochete”) puso a disposición de ambos sesenta animales y auspició y financió el proyecto. La prueba se hizo en una finca en Pouilly– le Fort, a poca distancia de París. En el año 1881, Pasteur inoculó su vacuna atenuada a 24 carneros, 6 vacas y 1 6 cabra. Los animales de Rossignol eran 21 carneros y 1 cabra sin vacunar. Todos los animales permanecieron durante días en los llamados “campos malditos” que eran terrenos plagados de esporas procedentes de animales muertos de carbunco.

El ganado de Pasteur sobrevivió y todos los de Rossignol murieron, encumbrando públicamente a Pasteur como descubridor de la nueva vacuna. El programa de vacunación que redactó Pasteur, junto con sus colaboradores Chamberland y Roux, consistía en aplicar 3 dosis de vacuna. La primera dosis se aplicó el día 5 de mayo, la segunda el día 17 del mismo mes, pero menos atenuada y el día 31 de mayo se desafiaron a los animales con la cepa sin atenuar, es decir virulenta.

La comprobación del estado de los animales se realizó el día 2 de junio. Como el resultado fue altamente satisfactorio, el gobierno de la República, concedió a Pasteur, Roux y Chamberland el gran “Cordón de la Legión de Honor”, en reconocimiento por la importancia del descubrimiento.

Los investigadores de la época trataban de averiguar cuáles eran los factores de virulencia o agresividad del microorganismo y que causaban la muerte de los animales afectados en tan poco tiempo. Algunos proponían que, al multiplicarse rápidamente en la sangre, las bacterias consumían mucho oxígeno, restándoselo al hospedador. Otros decían que podían provocar obstrucciones (son bacterias grandes) en los pequeños vasos sanguíneos y comprometer el funcionamiento de las células de órganos vitales. Con el correr del tiempo se fue descubriendo la patogenia de la enfermedad y los verdaderos factores de virulencia del Bacillus anthracis.

El esporo es el responsable de la persistencia en el ambiente y de la forma de ingreso al organismo. La cápsula, presente en las formas vegetativas, impide en gran manera la eliminación de las mismas por parte de las células específicas de la inmunidad innata, permitiendo la multiplicación del bacilo. (propiedad antifagocitaria). Finalmente, las toxinas producidas por las bacterias, son las responsables de la muerte del animal. Luego se liberan las esporas al medio ambiente, para reiniciar el ciclo.

El Bacillus anthracis produce una única toxina (ya citada por Marmier en 1895) de estructura proteica, hoy sabemos que es codificada por un plásmido termosensible denominado pXO1.

Está constituida por tres factores antigénicamente diferentes, codificados por genes plasmídicos distintos, y denominados, el “factor I o edematógeno” o FE, el II o “antígeno o factor protector” FP y el III “factor letal”, FL.

En la década del 1959 Harry Smith y en 1963 Keppie descubrieron la estructura completa de la toxina. La cápsula del bacilo (descrita por Pianese y Kern y luego Johne quien ideó un método de tinción), hoy se sabe es codificada por otro plásmido, llamado pXO2. El FP, contrariamentea lo que podríamos suponer, no es un factor protector para el hospedador, sino que precisamente actúa de manera inversa, ya que es la llave que permite el ingreso a las células de los otros dos factores cuando se 7 unen con él, constituyéndose en el principal mecanismo de activación y en consecuencia de la muerte de los macrófagos y las otras células del organismo afectado.

Cuando el Dr. Louis Pasteur elaboró su primera vacuna sometiendo los cultivos a temperaturas de 42-43 °C, eliminó (sin saberlo) los plásmidos, que son los que intervienen en la producción de FP y FL (plásmidos termosensibles). Como consecuencia de ello, logró una disminución de la patogenicidad, creyendo erróneamente en ese entonces, que se había producido una atenuación del bacilo. El tiempo de permanencia a esas temperaturas, denominadas disgenésicas, permitía obtener cepas con una mayor o menor patogenicidad, según la cantidad de formas vegetativas que perdían la capacidad de producir toxinas. Es decir que no se trató de una verdadera atenuación de la cepa, sino que coexistían formas virulentas con otras que habían perdido su capacidad tóxica y según la proporción o relación entre ellas, se obtenían cepas más o menos atenuadas.

La vacuna contra el Carbunco elaborada por Pasteur comenzó a ser utilizada en Europa y Sudamérica, para prevenir la enfermedad en el ganado. Además, se fueron ensayando algunos tratamientos, tanto en el hombre como en los animales.

En 1910, Becker empleó el “salvarsán”, un arsenical utilizado en la sífilis.

A partir de 1930 se probaron las sulfamidas, con relativo éxito.

En 1939, el mismo Alexander Fleming, comunicó que la “penicilina” era activa in vitro y F. D Murphy la empleó en 1944 como tratamiento con muy buenos resultados.

Luego se fueron utilizando otros muchos antibióticos. Paralelamente se utilizó la sueoterapia. García Izcarra Izcara (1859-1927) y Cayetano López (1886-1970) en España, realizaron interesantes ensayos en la producción de “suero anticarbuncloso”. El primero de ellos en el Instituto Alfonso XIII. Con el correr de los años y debido a la masificación del uso de la vacuna de Pasteur, fueron apareciendo algunos inconvenientes y en consecuencia se sucedieron diversas propuestas de modificación a la vacuna original. Una de las primeras modificaciones fue propuesta por Zenkowski en el año 1887, quien recomendó el uso de la glicerina para suspender las vacunas esporuladas con un triple objetivo: inhibir el desarrollo de contaminantes, aumentar la longevidad de los esporos y actuar como adyuvante de la inmunidad.

La estandarización y la prueba de eficacia de estas vacunas eran complejas. También durante mucho tiempo se utilizó la aplicación simultánea de suero hiperinmune y vacuna.

Este método fue propuesto por Sorberhein en 1913 quien adicionaba el suero a la segunda aplicación, es decir a la cepa menos atenuada. Durante las décadas de 1920 y 1930 la vacuna original de Pasteur, sufrió importantes modificaciones. Algunas de estas, fueron el agregado de glicerina al 50 o al 60 %, o aplicación de una sola dosis de vacuna suspendida en glicerina de una cepa poco atenuada.

En 1931 Mazuchi adicionó a la vacuna original, entre un 2 y 5 % de saponina, para atenuar la virulencia de la cepa, con la 8 finalidad de limitar la diseminación de los esporos y favorecer la inducción de la inmunidad. Una de las vacunas más conocidas fue la “Carbazoo” producida por el Instituto Seroterápico Milanés y luego en Estados Unidos por el laboratorio “Lederle”.

Posteriormente, y debido a la cantidad de reacciones indeseables causadas por la saponina, se fue reduciendo la concentración de la misma hasta el 0,1 y 0,5 %. El veterinario e inmunólogo  nacido en Trieste (Austria-Hungría, ahora Italia) Max Sterne (1905-1997) trabajando en Sudáfrica (donde vivió desde niño), logró desarrollar una vacuna a partir de una cepa patógena de Bacillus anthracis, en el año 1937. La cepa patógena aislada fue cultivada durante 24 horas en un medio que contenía 50 % de suero equino y una atmósfera de 30 % de anhídrido carbónico. Obtuvo una cepa rugosa acapsulada y acapsulógena, como consecuencia de haber perdido el plásmido pXO2, responsable de la formación de la misma, pero mantiene el plásmido pXO1, responsable de la elaboración de toxina.

Esto determina que la cepa Sterne pueda ser fácilmente endocitada por los neutrófilos, aunque mantiene la capacidad de producir toxina en forma similar a la cepa patógena. Esta nueva cepa fue denominada “34F2”.

En 1944, Sterne comunicó el empleo de su vacuna en gran escala en Sudáfrica. A partir de entonces, el uso de la esporo-vacuna avirulenta de Sterne se ha extendido por todo el mundo, y en muchos países como en Argentina, es la única vacuna aprobada por el SENASA para su uso en medicina veterinaria.

En algunos países de Europa central y del este, el ingrediente activo de las vacunas actuales para el ganado es un derivado equivalente, la “cepa 55”, que también carece del plásmido pXO2.

En el apéndice V de la OMS (2008) se suministra una lista de fabricantes de vacunas contra el carbunco para uso en animales, y su Comité de Expertos en Estandarización Biológica, describe los procedimientos generales, pero en cada país son las Autoridades Reguladoras Nacionales las que fijan estándares de calidad y requerimientos que deben cumplir las vacunas a ser utilizadas en medicina veterinaria. (En Argentina SENASA).

En cuanto al diagnóstico de la enfermedad, se sospechará la presencia de la misma cuando se produzcan sin causa aparente, casos de muerte súbita de animales susceptibles en zonas carbuncosas o cuando salga sangre oscura y sin coagular por los orificios naturales de los animales muertos, aunque el diagnóstico decisivo es el análisis microbiológico. Este consta de la observación del bacilo a partir del material sospechoso, (hueso largo, como el metacarpo o metatarso, ya que se recomienda no hacer la necropsia del animal), el cultivo en medios apropiados, la inoculación de animales de laboratorio (ratón) y otros métodos complementarios, como la “Prueba de Precipitación de Ascoli – Valente”, da positivo luego de 2 o 3 días de la muerte del animal. (se envía un trozo de oreja).

Ascoli en 1911 publicó un procedimiento para detectar el antígeno termoestable del bacilo del carbunco, en tejidos de animales clasificados como 9 despojos.

Se emplea antisuero obtenido en conejos para producir una reacción de precipitación. La prueba carece de mucha especificidad, porque los antígenos termoestables del Bacillus anthracis, los comparten otras especies de Bacillus, que pueden encontrarse en el ambiente.

Existen otros métodos de laboratorio que no se usan rutinariamente, sino para trabajos de investigación, tales como el uso de anticuerpos marcados con inmunofluorescencia, utilización de fagos específicos de carbunco, (fago gamma, Brown y Cherry, 1955) prueba de sensibilidad a la penicilina, método de reacción de cadena de la polimerasa (PCR), enzimoinmunoanálisis (Elisa) para detección de anticuerpos en animales enfermos, etc.

En Argentina la Resolución 422/2003 del SENASA, establece que ante la detección de casos o sospecha de la enfermedad, debe notificarse a la Oficina de SENASA más cercana, para adoptar las medidas de prevención y control apropiadas, la vacunación de todo el ganado considerado en riesgo, disposición segura de los animales muertos o sus restos e indicación de las medidas de protección para las personas que trabajan en contacto con los animales.

Además, por tratarse de una zoonosis, el carbunco es de denuncia obligatoria ante la OIE.

Plaga en el ganado, zoonosis y arma biológica
El carbunco se presenta en todos los vertebrados, siendo más frecuente en los herbívoros, especialmente rumiantes como los bovinos y ovinos y en menor medida en los caprinos. En equinos se presenta menos, aunque en estos animales se observa carbunco cutáneo cuando los trabajadores rurales llevan en ellos, cueros de animales muertos por la enfermedad y los bacilos ingresan por pequeñas heridas en la piel.

Son moderadamente receptivos los carnívoros y menos sensibles los porcinos (más común carbunco en la garganta). Se consideran resistentes las aves, a excepción del avestruz.

Los poiquilotermos son refractarios. El hombre se contagia cuando se manipulan animales enfermos o sus restos y existen tres formas en que puede infectarse: al consumir carne de animales enfermos (carbunco digestivo o intestinal), al inhalar esporos dispersos en el medio ambiente (carbunco respiratorio o pulmonar) o por penetración de éstos a través de heridas (carbunco cutáneo o grano malo).

No ingresa por la piel sana. Con respecto al carbunco cutáneo en el hombre, un hecho histórico interesante se produjo durante la Primera Guerra Mundial. Antes de la misma, las brochas de afeitar se fabricaban de pelo de tejón, caballo o jabalí, pero las primeras eran las más apreciadas debido a su capacidad de retener mejor el agua para el afeitado. Con la guerra, el suministro desde Rusia se dificultó y se empezaron a hacer con pelo de caballo, tanto en este país como en China o Japón. Además, la ruta hacia los Estados Unidos, empezó a realizarse por el Océano Pacífico, sin las garantías de limpieza y esterilización europeas. La consecuencia fue la aparición de algunos casos de carbunco en Inglaterra e 10 Irlanda y al año siguiente en Nueva York, que fue el centro de los brotes en los Estados Unidos. Estos brotes afectaron a civiles y también a soldados, en este último caso parecen ligados en el ejército al uso de las máscaras para protegerse del gas clorina y gas mostaza entre 1915 y 1917, y la necesidad de afeitarse, en la creencia que era una medida más efectiva para el mejor ajuste y buen uso de la máscara de gas. En el ejército norteamericano durante la guerra, se informaron 149 casos con 22 muertes por carbunco y en las tropas británicas en Francia entre enero de 1915 y febrero de 1917, 28 casos y en los marines, 6 casos más, lo que provocó que se prohibiesen las brochas fabricadas en Japón. Debido a que los esporos son la forma de resistencia del microorganismo en el ambiente por más de 50 años, se recomienda la vacunación anual del ganado en los establecimientos agropecuarios con antecedentes de carbunco. Al respecto, en el año 2016 se produjo un brote de ántrax (úlcera de Siberia o peste siberiana) en Yamalo Nenets, un distrito autónomo de Siberia, a unos 2.000 km al noreste de Moscú. Hubo 90 personas hospitalizadas, más de 20 casos confirmados y falleció un niño de 12 años. La enfermedad comenzó en los renos, de los cuales murieron unos 2.300, que pastorearon en lugares donde en el pasado se enterraban animales enfermos. Estos sitios que usualmente se encuentran bajo nieve, quedaron expuestos debido a una intensa ola de calor (de hasta 35 °C). El niño que falleció tenía la forma intestinal de la infección. Esa fue la primera vez que la enfermedad apareció en Rusia en 75 años, lo que demuestra la permanencia en forma viable de los esporos del carbunco (algunos dicen hasta 100 años, por eso se llaman campos malditos). Como consecuencia de los muy buenos resultados en la prevención de la enfermedad en medicina veterinaria utilizando la esporo-vacuna de Sterne, se pensó en utilizarla en medicina humana. Dada la capacidad de producción de toxinas que posee la cepa, la vacuna fue calificada como muy agresiva y peligrosa para ser empleada en el hombre, en la mayoría de los países. En la ex Unión Soviética se sabe que fue autorizada y utilizada en numerosas ocasiones. Además, allí en 1940 se introdujo una vacuna similar a la Sterne, denominada “ST1”. Esta cepa, al igual que la Sterne, se consideraba peligrosa para la especie humana por su capacidad de producir toxinas y por la gran cantidad de reacciones adversas observadas. Además, la protección contra el ántrax cutáneo no era satisfactoria. La necesidad de desarrollar vacunas efectivas y seguras para el hombre, se transformó en una prioridad durante los tiempos de la “guerra fría”, ante el peligro cierto del uso del Bacillus anthracis, como arma biológica. Durante la década de 1950, se desarrolló una vacuna sin purificar, acelular, a partir de sobrenadante de cultivos, conteniendo el FP, con el objetivo de que el organismo inoculado, elabore anticuerpos contra este factor, y así impedir, la penetración en las células de los otros dos factores, el FE y el FL.

Esta vacuna fue desarrollada en Estados Unidos y el Reino Unido y era de relativa eficacia, 11 utilizándola en granjeros, investigadores y personal con alto riesgo de contraer la enfermedad, así como en integrantes de las fuerzas armadas.

Los Estados Unidos disponen desde 1970 de la vacuna denominada AVA, producida por la Bioport Corporation, compuesta fundamentalmente por FP adsorbido en hidróxido de aluminio. Estimula la inmunidad humoral pero no el celular y se deben aplicar 6 (seis) dosis.

En el Reino Unido se utiliza una vacuna similar proveniente del sobrenadante de cultivos de la cepa Sterne 34F2, que contiene trazas de FE y FL, y es para muchos autores, entre ellos Jones y colaboradores, superior a la norteamericana.

Los primeros informes sobre la utilización de Bacillus anthracis como arma biológica, datan de la Primera Guerra Mundial, cuando fue utilizado para matar caballos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército japonés desarrolló la primera arma biológica a base de esporos.

En la llamada Guerra Fría, muchos países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Irak y posiblemente otros, se esforzaron en desarrollar y perfeccionar este tipo de armamentos.

La investigación sobre producción de nuevos inmunógenos contra el carbunco en el hombre, que había entrado prácticamente en un período de estancamiento, resurgió rápidamente, como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas el 11 de setiembre de 2001, y de la amenaza del uso de los esporos de ántrax diseminados a través de cañerías de aire acondicionado en edificios y aviones, y la contaminación de encomiendas o cartas, que afectó a 22 personas de las cuales 5 murieron. Los esporos de Bacillus anthracis inhalados producen una elevada mortalidad, ya que cuando aparecen los signos clínicos, que se confunden primariamente con una “gripe”, prácticamente es demasiado tarde para instaurar un tratamiento eficaz.

Existen muchas vacunas experimentales o en vías de desarrollo para ser utilizadas en la especie humana. Se pueden mencionar vacunas recombinantes, vacunas de esporos inactivados, vacunas de cápsulas o de plásmidos.

También se están estudiando vías alternativas de inoculación con el objetivo de aumentar la rapidez y eficacia de la respuesta inmune. Aparte de la vía subcutánea, se ensayó la intramuscular, por vía de las mucosas (instilación nasal) y por vía oral.

Carbunco en Argentina
En las actas del Cabildo de Buenos Aires entre le los años 1590 y 1609, se encuentran citas referentes a la enfermedad en la República Argentina. El médico Francisco Javier Muñiz (1795-1871) describió en el año 1847 un caso en una persona.

En 1880 el Juzgado de Paz de Las Flores, provincia de Buenos Aires, comunica al gobierno nacional una enfermedad que ataca a los bovinos con “la pajarilla” (bazo) agrandada y muerte súbita de los mismos.

La Revista “Anales de la Sociedad Rural Argentina” en 1883 divulga aspectos teóricos y prácticos de la enfermedad, escritos por un veterinario belga, el Dr. Labert. 12

El mismo año, el escritor José Hernández en su manual “Instrucciones al Estanciero”, como guía de organización de las estancias mencionó al carbunco como “el grano malo” como una de las enfermedades más comunes y peligrosas para los bovinos y el hombre e indica no cuerear a los animales muertos en forma repentina.

El médico veterinario Bidali fue uno de los pioneros e impulsores de la elaboración de la vacuna en el país, pues habiendo trabajado con Pasteur comprendió la necesidad imperiosa de prevenir la enfermedad, que para ese entonces provocaba grandes mortandades de bovinos, como asimismo el contagio a trabajadores rurales.

El Dr. Bidali fue quien trajo la cepa vacunal a Argentina en el año 1886, y al año siguiente en la estancia “Las Cabezas” de Gualeguay, provincia de Entre Ríos, se realizó la primera vacunación anticarbuncosa en nuestro país.

En la República Argentina fueron utilizadas en forma rutinaria durante muchos años las vacunas Pasteur, denominadas Pasteur I y Pasteur II. También se utilizó una cepa denominada “Chaco” llamada Delphi 5 y con posterioridad la cepa Terne, que es la empleada actualmente. Mediante la Resolución 705/81, SENASA estableció las normas de elaboración, control y uso de la cepa Terne.

La Ley Nro. 6703/1961 y la Resolución 115/2014, establecen la obligatoriedad de la vacunación en la provincia de Buenos Aires. La provincia de Santa Fe, mediante la Resolución 1007/14 vigente, estableció el plan de vacunación obligatoria contra carbunclo bacteridiano.

Por otra parte, las autoridades de Salud Pública Nacional, acordaron recomendar a la Comisión Provincial de Sanidad Animal (COPROSA), la implementación de un plan superador de lucha contra el carbunco, que incluya la vacunación obligatoria en conjunto con la fiebre aftosa.

También se establece la figura de “Veterinario Corresponsable Sanitario”. Desde el año 2002 a la fecha, el Dr. Ramón P. Noseda y el “Laboratorio Azul”, emiten informes y alertas de casos de carbunco rural en la provincia de Buenos Aires, habiéndose creado el “Área de evaluación de carbunco rural en la provincia de Buenos Aires” constituida por 30 partidos.

Consideraciones finales
El Bacillus anthracis es una bacteria patógena con características muy particulares, responsable de provocar una grave enfermedad septicémica en diversas especies de animales y en el hombre. Fue la primera enfermedad infecciosa en la que se demostró que una bacteria era el agente causal (Dr. Robert Koch en 1876).

Por otra parte, constituye un arma biológica utilizada desde la Primera Guerra Mundial, cobrando inusitada importancia en los ataques bioterroristas, con posterioridad a las caídas de las Torres Gemelas en el año 2001. Desde los trabajos del Dr. Louis Pasteur en el siglo XIX a la fecha se han desarrollado vacunas, que han resuelto la prevención de la enfermedad en los 13 animales. No ocurre lo mismo para el hombre y este es el desafío que debe afrontar el mundo científico actual. En tanto y en cuanto los productores y los organismos de control nacional y/o provinciales, no fiscalicen de manera eficiente el cumplimiento de las leyes vigentes adecuadamente, esta zoonosis se mantendrá en forma endémica.

Para el control de la enfermedad es necesario dar cumplimiento a las siguientes pautas:

    1. Vacunación obligatoria de las especies susceptibles.
    2. Prohibición de cuerear y hacer necropsia de animales muertos súbitamente.
    3. Eliminación de los cadáveres en forma idónea, factible y eficiente.
    4. Introducción de la figura del veterinario corresponsable sanitario.
    5. Capacitación adecuada del personal involucrado en tareas de riesgo sanitario de los establecimientos ganaderos.