Caballos Históricos. Bucéfalo.

Última actualización: 18 June 2024
Julio 2009

Del libro “Vida de Ilustres Caballos” I.

 

Espacio en homenaje al Dr. Osvaldo A. Pérez.

El libro “Vida de Ilustres Caballos“, del Dr. Osvaldo A. Pérez, está prologado por el Dr. Rubén Ángel Bagnaroli. Iª Ed. Santa Fe, Colegio de Médicos Veterinarios, 2005, 116 págs.

Federación Veterinaria Argentina con el apoyo del Laboratorio Over S.R.L.

A continuación reproduciremos capítulos del libro en homenaje al autor.

Caballos Históricos.

Bucéfalo.

El hermoso caballo negro que Filipo II (382-336 a.C.), rey de Macedonia, obsequió a su hijo Alejandro (356-323 a.C) cuando éste terminó su formación en casa de Aristóteles, a los 18 años. Tenía el gran guerrero un ídolo, Aquiles, de quién decía descender en forma directa por línea materna y, celoso tal vez de la gloria y fama de sus caballos, sostenía que su Bucéfalo no tenía nada que envidiar ni a Balio ni a Xanto.

Alejandro Magno y Bucéfalo.

Bucéfalo acompañó a su amo Alejandro a través de su extensa campaña en la conquista de Persia y en más de una ocasión fue herido, como también lo fue su famoso jinete. Alejandro tenía, además, otro caballo llamado Bayo, también de noble estirpe, nacido y entrenado en la región de Sarmacia.

Bucéfalo, que era de color negro azabache y poseía una estrella blanca en la frente con forma de “cabeza de buey”, despertaba el asombro de todos por su belleza, su poderío y su rebeldía. Cuenta Plutarco (c.46-125) que el encuentro entre Alejandro y Bucéfalo se produjo de la siguiente manera:

“Trajo un día un tesalio llamado Filónico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos, y habiendo bajado a un descampado para probarlo pareció áspero y enteramente indómito, sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos. Le desagradó a Filipo, y dio orden de que se lo llevaran por ser fiero e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente: “¡Qué caballo pierden – dijo -, sólo por no tener conocimiento ni resolución para manejarle!” Filipo al principio calló; mas habiéndolo repetido, lastimándose de ello muchas veces: “Increpas -le replicó- a los que tienen más años que tú, como si supieras o pudieras manejar mejor el caballo”; a lo que contestó: “Este ya se ve que lo manejaré mejor que nadie”. “Si no salieres con tu intento -continuó el padre-, ¿cuál ha de ser la pena de tu temeridad?”. “Por Zeus -dijo- pagaré el precio del caballo”. Se echaron a reír, y convenidos en la cantidad, marchó al punto adonde estaba el caballo, le tomó por las riendas y, volviéndole, le puso frente al sol, habiendo observado, según parece, que el caballo, por ver su sombra, que caía y se movía delante de sí, era por lo que se inquietaba. Le pasó después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco la clámide, arrojándola al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad. Tiró un poco al principio del freno, con las riendas en alto, y sin castigarle ni aún tocarle, le hizo estarse recogido. Cuando ya vio que no ofrecía riesgo, aunque hervía por correr, le dio rienda y le agitó usando de voz fuerte y aplicándole los talones. Filipo y los que con él estaban tuvieron al principio mucho cuidado y se quedaron en silencio; pero cuando después de doblar la meta, volvió directamente con facilidad y soltura, mostrándose ufano y alegre, todos los demás prorrumpieron en voces de aclamación; mas del padre se refiere que lloró de gozo, y que besándole en la cabeza luego que se apeó: “Busca, hijo mío -le dijo-, un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes”.11

Estando el general macedonio en Hircania, unos bandidos de esa localidad le robaron el famoso caballo. Semejante despojo y afrenta a la vez, provocaron su ira y fue así que amenazó con pasar a cuchillo a todos los habitantes con sus mujeres e hijos si el noble animal no aparecía. La feroz intimación dio resultado pues rápidamente le fue restituido.

Bucéfalo falleció en el año 326 a.C., a los 30 años de edad, a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla librada en Hidaspes contra el rey Poro. El dolor del gran conquistador fue tan profundo que junto a su sepulcro fundó la ciudad de Bucefalía. Tres años después murió Alejandro.

11 Plutarco: Alejandro y César (Vidas paralelas), Navarra, Salvat, 1970, p. 32.


Génitor.

El extraordinario caballo de Julio César (100-44 a.C.), “cuyos cascos parecían pies humanos, pues estaban hendidos a manera de dedos. Este caballo había nacido en su casa y los augures habían prometido a su dueño el imperio del mundo; por esta razón lo crió con cuidadoso esmero, encargándose él mismo de domarlo, erigiéndole más tarde una estatua delante del templo de Venus Madre”.12

Desde pequeño se ejercitó César en el dominio de la equitación. Esto le fue de gran utilidad en sus posteriores campañas guerreras. Plutarco refiere que “el correr a caballo le era desde niño muy fácil, porque se había acostumbrado a hacer correr a escape un caballo con las manos cruzadas en la espalda”.13 Más tarde se acostumbró a dictar cartas caminando a caballo dando trabajo a sus escribientes aún en este menester.

Parece ser que Génitor -o sea, creador, padre o reproductor- fue llamado así por César en recuerdo de su padre, muerto cuando tan sólo tenía él catorce o quince años. Con este caballo de “pies de hombre” fue con el que pasó el Rubicón cuando la noche del 12 de enero del año 50 a.C. (calendario juliano) se decidió por la guerra civil y la conquista del poder.

Aún tuvo César un suceso descrito por sus historiadores que lo relaciona con los caballos. Pocos días antes de su asesinato supo el emperador que los equinos por él consagrados a los dioses antes de pasar el Rubicón, y que había dejado vagar en libertad, se negaban a comer y lloraban.14

12 Suetonio: Los doce césares, Madrid, Globus, 1994, p. 29.

13 Plutarco: op. cit., p. 128.

14 Suetonio: op. cit., p. 36.


Incitatus.

El renombre de Incitatus no proviene de los servicios prestados a su jinete, que los desconocemos si los hubo, sino de la cruel fama de éste, el emperador Calígula (12-41 d.C.). Cayo César Augusto Germánico, que estos eran los verdaderos nombres de Calígula, sucedió en el Imperio a Tiberio y reinó desde el año 37 al año 41 de nuestra era cristiana.

El nombre de Incitatus significaba “impetuoso” y, al parecer, era de origen hispano, lo cual no sorprende pues Roma importaba cada año de Hispania alrededor de 10.000 caballos.



En el desorden de sentimientos con que la Naturaleza adornó a Calígula, al menos su caballo fue objeto de los pocos rasgos de humanidad y amor de su dueño. Suetonio (c. 69-140) cuenta que: “en las víspera de las carreras del circo mandaba soldados a imponer silencio en la vecindad, para que nadie turbase el descanso de aquel animal. Hizo construirle una caballeriza de mármol, un pesebre de marfil, mantas de púrpura y collares de perlas; le dio casa completa, con esclavos, muebles, y todo lo necesario, para que aquellos a quienes en su nombre invitaba a comer con él, recibiesen magnífico trato, y hasta se dice que le destinaba el consulado”.15

La leyenda asegura que el joven emperador comía y dormía en los establos, junto al caballo. También se cuenta que en una de las carreras en que intervino, a pesar de todas las providencias tomadas, Incitatus perdió y que Calígula no pudo contenerse mandando a matar al osado auriga que lo había vencido, pero diciéndole al verdugo aquello de: “Mátalo lentamente para que se sienta morir”.

15 Ídem, p. 148.


Borístenes.

El caballo del culto emperador romano Adriano (76-138 d.C.), promotor y mecenas de casi todas las artes. Acerca de su montado cuenta Antonio de Guevara que: “Tuvo un caballo muy atinado en la caza, el cual como una persona paraba y estaba quedo cuando sentía venir la caza, y allende de esto igualmente corría cuesta abajo que cuesta arriba. Llamábase este caballo Borístenes y, cuando se murió, no sólo le hizo Adriano enterrar con mucha honra, más aún, le mandó hacer de mármol una muy rica sepultura”.16

16 Guevara, Antonio de: “Una década de Césares”, en Blanco, Emilio: Obras Completas de Fray Antonio de Guevara,   Madrid, Biblioteca Castro, 1994, tomo I, páginas 428-9.


Orelia.

El caballo del último rey visigodo de España, Don Rodrigo (¿-711). Este fue derrotado por los árabes, que habían invadido la península ibérica, en la batalla de Guadalete el 9 de septiembre de 711. Después de la lucha Rodrigo desapareció y sólo se encontraron en el campo de batalla su caballo Orelia, su corona, su ropa y sus zapatos. Luego se sabría que, descalzo y vestido con un simple sayal, buscó el consuelo en el retiro eremítico y al fin tuvo que aceptar la terrible penitencia de vivir hasta el fin de sus días en la misma tumba que debía acoger su cuerpo tras la muerte, en compañía de una culebra prodigiosa que no dejaba de torturarlo.


 

Ban Raigh.

La arisca yegua del legendario rey irlandés Brian Boru o Boroimhe (c. 941-1014). En el 978 éste se convirtió en rey de Cashel, capital del antiguo reino de Munster y en 1001 fue reconocido como el principal rey de Irlanda. Desde su juventud Brian luchó contra los vikingos, que ocupaban parte del país.

Ban Raigh (soberana en galés) era de color blanco con una estrella negra en la frente. No se dejaba montar por nadie hasta que el rey Brian se le sentó encima. Cuando la preciosa bestia murió en una cruenta batalla, Brian Boru la enterró con honores militares.


 

Babieca.

En el Cantar del Mío Cid se menciona repetidamente a este bello animal de pelaje blanco y, al parecer, de raza andaluza. Fue ganado al rey moro de Sevilla por Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (1043-1099).

“ya le ensillan a Babieca, que enjaezan con gualdrapas;

montó mío Cid en él, y armas de fuste tomaba.

Sobre el nombrado Babieca el Campeador cabalga,

emprendiendo una corrida que a todos parece extraña,

cuando la hubo terminado, todos se maravillaban.

Desde aquel día, Babieca se hizo famoso en España”.17

 

En ocasión de encontrarse con el rey Alfonso quiso dárselo como presente pero este lo rechazó:

Mío Cid con su caballo ante el mismo rey llegó

para besarle la mano, como monarca y señor:

“Me mandaste hacer carrera con Babieca el corredor,

caballo así no lo tienen moros ni cristianos hoy;

yo os lo entrego, rey Alfonso servíos tomarlo vos.”

Entonces, dijo así el rey:”Eso yo no quiero, no,

que al tomarlo yo, el caballo perdiera tan buen señor.

Este caballo, como es, tan sólo es digno de vos,

para vencer a los moros y ser su perseguidor;

quien quitárselo quisiera no le valga el Creador,

por vos y por el caballo muy honrados somos nos.”
18

 

 

Era un caballo obediente, ágil, ideal para la guerra. Tras la muerte de Rodrigo Díaz, Babieca no volvió a ser montado y murió dos años más tarde, a la edad de 40 años.

17 El Cid Campeador, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1938, p. 86.

18 Ídem, p. 150.


Marengo.

El más célebre de los caballos que acompañó a Napoleón (1769-1821) en sus numerosas batallas. La leyenda sostiene que era una pura sangre árabe de pelaje tordillo, que había sido parte de un botín en Abukir, Egipto. Se dice incluso que lo empleó a lo largo de todas sus campañas posteriores, incluyendo la de Rusia, y finalmente en la batalla de Waterloo (1815). Después de la derrota cayó -como su dueño- en manos de los británicos y fue adquirido por el teniente coronel J.J. W. Angerstein. Murió en 1831 a la edad de 35 años, y su esqueleto es conservado en el Museo Nacional del Ejército en Londres.

Sin embargo lo dicho, quienes han estudiado los registros de los establos del emperador no han hallado el nombre Marengo. No quiere decir esto que no haya existido pues Napoleón solía poner sobrenombres a sus montados. Ejemplos de esta costumbre son “Mon Cousin” que era llamado “Wagram”; a “Intendente” le decía “Coco”; a “Ciro” lo apodó “Austerlitz”; a “Cordoue” lo llamó “Cuchillero” y “Marie” fue conocida por “Zina”. El nombre de Marengo posiblemente haya sido el apelativo de un caballo denominado “Ali” que fue uno de sus favoritos.

Además de este caballo legendario Napoleón poseía a “Visir” y “Blanco”, este ultimo inmortalizado en la pintura. El primero que tuvo en su carrera fue “Bijou” con el que entró triunfante en Milán el 15 de mayo de 1796. A lo largo de 20 años Napoleón tomó parte en 70 batallas, muriendo sólo entre 10 y 18 sementales.

La leyenda del caballo blanco de Napoleón quizás se origina en los tiempos que el Gran Corso era un teniente de artillería, pues poseía un corcel blanco llamado Sultán. El equino no duró mucho pues murió de un empacho después de que su dueño lo puso a comer enormes cantidades de ostras.

Napoleón siempre mostró preferencia por los equinos de raza árabe, de talla pequeña y pelaje tordillo. Se opuso tenazmente a que se cortara la cola a sus montados.


Copenhagen.

El alazán de Arthur Colley Wellesley, duque de Wellington (1769-1852) con el que cabalgó victoriosamente en Waterloo (1815) frente a las tropas de Napoleón. Era hijo de Lady Catherine, yegua del mariscal de campo inglés Lord Grosvenor. El nombre recordaba una victoria obtenida en suelo danés en 1807 durante una campaña del duque de Wellington a quien le fue regalado el animal en 1813.

Respecto de las cualidades del noble animal, reconoció su dueño que podía haber caballos más bellos y veloces, pero seguramente no más resistentes. Murió en 1836.


Marsala.

La yegua blanca con la que el revolucionario italiano Giuseppe Garibaldi (1807-1882) desembarcó en mayo de 1860 en la isla de Sicilia, al frente de sus “Camisas Rojas”, durante la Expedición de los Mil.

Fue el animal preferido del “héroe de dos mundos”, quien lo bautizó con el nombre de la ciudad donde se produjo el desembarco. Murió el 5 de septiembre de 1876, a la edad de 30 años. Clelia, la hija de Garibaldi, que en ese momento contaba sólo nueve años recuerda en sus escritos que cuando la yegua se mostró agonizante su padre se desesperó y, arrancando una sandía la partió en dos y la llenó del famoso vino dulce lugareño dándoselo de beber al animal. Por un momento revivió pero al rato falleció. El general lo enterró en el jardín de su casa, en Caprera. Seis años más tarde, los restos de Garibaldi serían colocados a pocos metros de los de su querido Marsala.


Old Whip.

El general mexicano Antonio López de Santa Anna (1794-1876) fue un gran aficionado a los buenos caballos. Tras obtener la victoria en las batallas de Goliad y El Álamo, marchó al frente de sus tropas por la región de Texas y al cruzar una plantación puso sus ojos en un hermoso caballo negro llamado Old Whip.

Santa Anna decidió adueñarse del animal que era propiedad de una viuda inglesa de apellido Brown y su hijo Jimmy, de apenas 13 años. Por más que ambos se opusieron, el general se apropió de Old Whip y continuó su marcha. Tres días después sus huestes sufrieron una completa derrota en la batalla de San Jacinto a manos del general Sam Houston. Santa Anna decidió escapar y para ello eligió a Old Whip, descubriendo en la carrera que era uno de los caballos más veloces que había montado en su vida.

Sin importarle el rumbo, pues lo que más ansiaba era huir para no caer prisionero, se dejó llevar por el equino que, lógicamente enfiló rumbo hacia su querencia. Fue después de haberse alejado un buen tramo del escenario de la lucha que el general desmontó y decidió seguir su marcha a pie.

Se dice que si Santa Anna hubiera forzado a Old Whip a seguir hacia el sur habría podido reunir nuevas fuerzas a tiempo como para barrer a los independentistas texanos. La pérdida de tiempo que le ocasionó el rumbo tomado por Old Whip salvó a estos de una probable derrota y quitó un gran territorio a la nación mexicana. El veloz caballo continuó hasta el fin de sus días sirviendo como reproductor, pues todos querían poseer un descendiente suyo.


Traveler.

El tordillo de armas del general Robert Edward Lee (1807-1870), comandante de las fuerzas del Sur en la Guerra de Secesión estadounidense. Había nacido en 1857, siendo adquirido por Lee cuatro años más tarde. Con él cabalgó al rendirse en Appomatox (1865). Falleció a los quince años de edad, dos años después de su jinete, a causa del tétanos desarrollado por un clavo halladizo.

Originalmente su cuerpo recibió sepultura, pero a causa de numerosos pedidos fue desenterrado su esqueleto y exhibido en la Universidad de Washington y Lee en Lexington, Virginia. Después de sesenta años, el 8 de mayo de 1971, fue vuelto a enterrar pero en las afueras de la capilla de Lee, en la Universidad, cerca de la cripta familiar.


Cincinatti.

El caballo favorito del general Ulises Simpson Grant (1822-1885). Este fue el comandante de las fuerzas del Norte en la Guerra de Secesión y con el tiempo se convirtió en el decimoctavo presidente estadounidense.

Cincinatti, que era un bello zaino, falleció en 1874 no habiendo sido montado por otro jinete que Grant, salvo cuando éste invitó al presidente Abraham Lincoln (1809-1865) a hacerlo en marzo de 1865.

Otros de los caballos del general fueron Jack, que cabalgó hasta 1863; Fox, al que montó al principio de la guerra; Kangaroo y Egypt.


Winchester.

El nombre original del caballo del general estadounidense Philip Henry Sheridan (1831-1888) era “Rienzi”. Fue cambiado después de que el militar de la Unión hiciera un rápido movimiento de tropas desde Winchester a Cedar Creek, ambos en el estado de Virginia, trocando una casi segura derrota en victoria. Acompañó al general en casi todo el transcurso de la Guerra de Secesión. Su cuerpo fue donado por el Ejército al Museo Smithsoniano en 1923.


Comanche.

Este colorado fue comprado por el ejército estadounidense en 1868 en la ciudad de Saint Louis y enviado al Fuerte Leavenworth, Kansas, donde a su vez lo adquirió el capitán Miles Keogh. Su nombre fue puesto después de una batalla librada contra la tribu comanche en Kansas, donde pese a recibir un flechazo siguió galopando sin que su jinete se diera cuenta de la herida.

Su recuerdo está ligado a una matanza de soldados estadounidenses hechas por las tribus sioux oglala de Caballo Loco (Crazy Horse) el 25 de junio de 1876 en el valle Little Bighorn, Montana. Allí fue atacado el 7° de Caballería del general George Armstrong Custer (1839-1876) a cuyas órdenes se hallaba el capitán Keogh. Ningún uniformado se salvó de la muerte, falleciendo unos 300 hombres incluyendo Keogh y el propio Custer. Vic, que era el caballo del general Custer, también murió allí pues los animales fueron usados como escudos de defensa. Dos días después fue encontrado en el lugar Comanche, cubierto de heridas y casi moribundo. Se lo trasladó en un vapor al Fuerte Lincoln donde se lo atendió con gran esmero. Una vez repuesto se ordenó que nadie jamás lo volviera a montar y sólo se lo exhibió en paradas oficiales pues era el único sobreviviente de aquella cruel matanza.

Lleno de todos los honores posibles para un animal falleció el 7 de noviembre de 1891, a los 29 años, a consecuencia de un cólico, siendo su cuerpo embalsamado y conservado en la Universidad de Kansas, donde es exhibido en su Museo de Historia Natural.


Little Sorrel.

También conocido como “Fancy”, fue el caballo del general confederado Thomas “Stonewall” Jackson (1824-1863). Capturado a los ejércitos del Sur, reemplazó al otro montado por el oficial, Big Sorrel, cuando este animal demostró que no estaba capacitado para entrar en combate.

En 1863 Jackson fue herido mortalmente por su propia tropa en Chancellorsville. El caballo fue enviado a su hogar en Carolina del Norte pero después se lo llevó al Instituto Militar de Virginia donde Stonewall formaba a los cadetes. A pedido de varios estados sureños fue exhibido en ferias. Falleció en 1886, a los 36 años de edad, a raíz de un accidente. Su cuerpo embalsamado es exhibido actualmente en el Museo del Instituto Militar de Lexington, Virginia.


As de Oros.

El caballo del caudillo mexicano Emiliano Zapata (1879-1919). Era un alazán que le fue obsequiado por el coronel Jesús Guajardo para ganarse su confianza. Este fingió que se afiliaba a sus tropas y así simuló algunos ataques en los que murieron varios soldados partidarios del presidente Venustiano Carranza (1859-1920), enfrentado con el líder popular.

Guajardo se entrevistó con Zapata y le obsequió el magnífico corcel para luego citarlo en la hacienda de Chinameca. El 10 de abril de 1919 Emiliano llegó a la cita cabalgando al alazán que fue palmeado por el propio Guajardo y en seguida cayó asesinado bajo una lluvia de balas, resultando ileso As de Oros.


Siete Leguas.

La yegua de Doroteo Arango (1878-1923), caudillo mexicano más conocido como Pancho Villa. La montó en 1918-9, hacia el fin de su etapa guerrillera. Hasta no hace mucho se creyó que era un padrillo pues siempre se ocultó la verdadera condición del animal, posiblemente por un prejuicio machista mexicano que difícilmente podía admitir que el líder montara una hembra en sus hazañas. Otro animal famoso del mismo jinete fue Grano de Oro.


Palomo y otros caballos de Bolívar.

Varios fueron los caballos de nombre que montó el prócer venezolano Simón Bolívar (1783-1830). Seguramente el más famoso fue el “Palomo”, de pelaje completamente blanco. En 1826 el mariscal Andrés Santa Cruz (1792-1865), presidente de Bolivia, se lo exigió como obsequio y el Libertador no tuvo alternativa. Al poco tiempo el animal falleció.

Otros caballos de Bolívar fueron: el “Muchacho”, que participó en la batalla de Boyacá (7-8-1819) y que estaba al cuidado de Pedro Pascasio Martínez, soldado de apenas 14 años; de los caballos del Perú cabe recordar al “Pastor” y al “Fraile”; de los de Venezuela, al “Mosqueado”, regalo del general Manuel Cedeño; el “Pájaro”, del general José de Canterac y el “Morcillo” que le llevó como presente el marqués del Toro.

Acotemos que uno de los jefes realistas contra los que luchó Bolívar fue José Tomás Boves (1782-1814), caudillo llanero que estaba al frente de la Legión Infernal. Sentía adoración por su caballo Antinoo y a la muerte de éste, ocurrida en uno de los tantos combates que se produjeron a principios de 1814, Boves lloró como un niño y dispuso una venganza fulminante contra las fuerzas de Bolívar que consistió en el fallido intento de arrebatarle su parque de artillería.


Pajarito.

Sobre este caballo comenzó a escribir el revolucionario cubano Pedro Felipe “Perucho” Figueredo Cisneros (1819-1870) las dos primeras estrofas de la Bayamesa. El hecho ocurrió en octubre de 1868 y con el tiempo esta canción se transformaría en el himno de Cuba.


Rocinante.

Si bien no tuvo existencia real, bien merece que sea mencionado en esta obra el caballo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La obra maestra de la literatura castellana fue escrita en 1605 por Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), quien diez años más tarde completó la novela con una segunda parte.

Así refiere el Manco de Lepanto la forma en que Don Quijote eligió el nombre de su caballo:

“Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría, porque (según decía él a sí mismo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y así procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido antes que fuese caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”.19

19 Cervantes, Miguel de: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Buenos Aires, La Facultad, 1943, tomo I, p. 10.