Sábado, 17 de agosto de 2019

AGOSTO de 2019
Volumen XXXVI 
N° 376
ISSN 1852-317X

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abril 2009

ANTHRAX in Humans and Animals

WHO, OIE y FAO, 4th edition, WHO 2008, 208 pp. en inglés.

En esta 4a. edición de la renombrada publicación del epígrafe se presenta información científica relevante publicada hasta fines de 2007 así como las conclusiones del Comité de Expertos reunido en Ginebra en 2003.

Esta publicación está explícitamente dedicada a la memoria de Max Sterne, un hombre y nombre que han quedado grabados en la moderna lucha contra el carbunclo cuyos trabajos en Sudáfrica prácticamente determinaron en los años ’30 que el carbunclo de campo, vieja gloria de Pasteur, se convirtiera en una enfermedad controlable. Vale la pena decir aquí pues lo tenemos ciertamente a honra, que tuvimos el privilegio, aquí en Buenos Aires en los ’70, de seguir un auténtico curso de entrenamiento con evaluación final desarrollando a través del mismo, una muy agradable relación personal que persistió hasta su muerte en 1997.  Creo importante decir que Max Sterne estaba casado con Tikvah Alper una investigadora que fue quien probablemente entrevió la existencia del prion por primera vez, trabajando al ultramicroscopio.

La obra que comentamos agota sin duda el tema recordando el capítulo de los sabios Nocard y Leclainche de 1905 que es sin duda, magistral y vigente aún hoy en muchas de sus secciones y que sentaron bases fundamentales que son perfectamente vigentes hoy a más de 100 años.

Sus más de 400 fichas bibliográficas, casi todas modernas y creemos que ninguna clásica o fundadora, indican muy bien la amplitud de la búsqueda y el apoyo habido en las diferentes secciones de las dos partes de la obra: animal y humana. Contribuyeron a la misma 10 coautores principales y 22 contribuyentes, todos, estos y aquellos, de distintas partes del mundo y ninguno de la Argentina; el todo bajo la dirección de un Director Ejecutivo, Peter Turnbull y uno del Programa, Ottorino Cosivi.

Dado que en la Argentina existe el carbunclo y se vacuna quizás no más del 30% de los efectivos animales susceptibles, nos ha llamado la atención el Anexo 3 que trata de la  Desinfección, Descontaminación, Fumigación e Incineración y que en esta última sección sólo se cita el fuego como agente final de destrucción cadavérica de resultado terminante sea en trinchera o «parrilla» de 0,50 m de profundidad, en pira alrededor del cadáver o elevado unos 10 a 15 cm sobre el nivel del suelo. Todos ellos, por supuesto que son métodos de campo para utilizar «in situ» lo que constituye una recomendación muy especial. Ningún otro método merece la confianza de los autores en cuanto a eficiencia y rapidez. Algo para tener en cuenta.

Estimamos que esta obra que además está cuidadosamente impresa y encuadernada, en papel opaco y buen contraste de tipos de cómoda lectura, puede formar parte de la biblioteca especializada de todo interesado en el tema, sea laboratorista, asistencialista o administrador. Todo ello nos induce a recomendarla.

M. Segura y H.G. Aramburu