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agosto 2020

Estímulo de la equitación civil en los años treinta.

CR (R) Vet Gregorio Daniel Brejov

El Ejército Argentino, en su mayoría hipomóvil, observando las experiencias de la Ira Guerra Mundial, comenzó un proceso creciente de mecanización y motorización con la finalidad de imprimir a las operaciones militares velocidad y protección del personal. Asimismo la progresiva mecanización de las tareas rurales, motivó una sensible reducción de la existencia de equinos en todos los ámbitos del país.

Advertido de esto, las autoridades nacionales en atención a razones de seguridad, defensa y mercado, resuelven adoptar medidas para proteger la existencia del ganado équido y estimular su cría. Surgiendo la idea del fomento del caballo de guerra. Razón por la cual, siendo presidente de la nación Marcelo Torcuato de Alvear, el 19 de Octubre de 1923 se sancionó la Ley Nro. 11.242, que fijaba proporcionalmente la distribución del producido de las apuestas efectuadas en los hipódromos, para que fueran destinados a sostener esta política de fomento.

Consecuentemente con ello, es que el 12 de Marzo de 1924 se crea tras larga gestión, la Dirección de Remonta dependiendo directamente del Ministerio de Guerra, según Boletín Militar Nro. 1839 – 2da Parte, considerando que era conveniente que dicho servicio tenga la independencia necesaria para que su actividad se extienda al estudio y fomento de las fuentes productoras, asegurando el procreo del ganado équido poseedor de las características exigibles para el servicio del ejército y lograr un aumento de la producción y mejoramiento de la especie caballar que constituía una fuente de riqueza para el país.

En la década del 30 se comenzó a ver la conveniencia de estimular el desenvolvimiento de los medios y prácticas hípicas que contribuían al acrecentamiento de la preparación para la Defensa Nacional, se pensaba que la intensificación de las actividades hípicas entre la población civil contribuía poderosamente a los fines expresados, puesto que traía como consecuencia un aumento de la demanda de caballos y, por consiguiente, una mayor preocupación de los criadores por producirlos en cantidad y calidad apropiadas, por cuyo motivo, uno de los puntos del “plan de fomento del caballo de guerra”, se refería al “fomento de la equitación y demás deportes hípicos entre la población civil”.

Además de la finalidad expresada, la referida práctica de la equitación civil debía ser considerada también como un elemento de preparación pre y post-militar de los ciudadanos.

A pesar que el manejo del caballo había sido antiguamente una aptitud generalizada y tradicional en nuestra población, las estadísticas oficiales de entonces llevadas al efecto sobre los soldados conscriptos, que anualmente se incorporaban al ejército, acusaban una notable disminución de los hombres hábiles en dicho manejo, lo que obligaba a retardar considerablemente la instrucción militar de las armas montadas, con evidente perjuicio para la preparación que debía ser alcanzada en tiempo y forma.

Por consiguiente, resultaba de interés para la economía nacional y la defensa del país, el despertar y mantener en el ambiente ciudadano, por medio de un estímulo conveniente, el necesario entusiasmo por las actividades hípicas.

Los resultados obtenidos hasta entonces con la práctica de la equitación (formación del jinete y adiestramiento del caballo), por las entidades civiles que recibían subsidios del Estado, por imperio de la citada Ley, si bien eran dignos de elogio, resultaban insuficientes para el logro de los fines expresados.

Se pensó que para subsanar ese inconveniente era indispensable crear un régimen que, bajo la superintendencia de un organismo del Estado, estableciera la coordinación de los esfuerzos que realizaban los clubs y entidades que practicaban el deporte hípico o lo auspiciaban en diversas formas, de igual modo que la Dirección General de Tiro y Gimnasia, de entonces, orientaba y estimulaba el desarrollo de la educación física y el tiro con armas de guerra en el medio ciudadano.

Por tal motivo, se concluía que la Dirección General de Remonta, denominada así a partir del 07 de Diciembre de 1934, constituía el organismo del Estado que tenía por misión específica el cumplimiento de un vasto plan de fomento y selección de las razas que más convienen a la formación de nuestro caballo de guerra, plan del cual formaba parte el estímulo de la equitación y demás deportes hípicos entre la población civil.

Así fue que por Decreto del entonces Presidente de La Nación Argentina Agustín Pedro Justo, publicado en el Boletín Militar Nro. 3499 – 2da Parte, del 22 de junio de 1939, se le encomendó al Ministerio de Guerra (Dirección General de Remonta) la misión de fomentar, coordinar y fiscalizar en el país, con carácter de órgano director, la preparación hípica pre y post-militar de los ciudadanos, y las actividades ecuestres que desarrollan las entidades civiles que para tales fines recibían subsidios del Estado.

El Ministerio de Guerra debía preparar el “Reglamento para el Fomento de la Equitación y Deportes Hípicos Civiles”, para que toda asociación o entidad que deseaba ser reconocida y oficializada a fin de acogerse a los beneficios que importaba dicha situación, debía ajustarse a los requisitos que imponía el citado reglamento.

Además autorizaba al citado Ministerio de Guerra (Dirección General de Remonta) a aceptar la oficialización de las asociaciones que lo solicitaran y cumplieran con las condiciones determinadas en el mencionado reglamento, así como también para gestionar directamente la fundación de otras y aceptar la cooperación que ofrezcan entidades oficiales o particulares.

Por último, la Dirección General de Remonta distribuía entre las sociedades oficializadas, en forma proporcional, los fondos que anualmente se le asignen de la Ley Nro. 11.242 y de los subsidios que para tales fines se le otorgaban. Bibliografía Extractado de la Revista Digital de la Comisión del Servicio de Veterinaria “San Francisco de Asís”.
Fuente: Ciberboletín de ASARHIVE ,Julio de 2020 ,Año XVI, N º 116