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julio 2022

El bienestar animal en la apicultura.

Pablo Montesinos Arraiz.
Artículo publicado en Vida apícola: revista de apicultura, Año 2021, Número 225 págs. 6-14

El bienestar animal es un tema que suscita un gran interés por ser un asunto complejo con matices de índole social, científica, ética, económica, política, cultural y también religioso.

Independientemente de que se hable de derecho animal, derecho de los animales o bienestar animal de manera separada, conjunta o entremezclada, se reconoce implícitamente que los animales merecen un trato considerado per se por su capacidad de ser y sentir. El derecho de los animales y el derecho animal constituyen focos de actualidad, tanto en el ámbito jurídico como en el de la sociedad civil, cada vez más concienciadas al respecto.

El bienestar animal tiene una connotación antropogénica de naturaleza variada y al mismo tiempo individualizada, debido a la gran diversidad animal y las respectivas particularidades sui generis de cada especie. Cada persona le da un valor muy especial y particular al tipo de animal que tiene especialmente a los de compañía, en donde destacan los perros y gatos, estableciéndose relaciones de afecto e interdependencia a veces muy estrechas. Estos grados de estima entre el hombre y los animales de explotación ganadera no se perciben igual o están ausentes ya que los cometidos y finalidades de tales animales al igual que sus comportamientos y actitudes no lo posibilitan. En el caso de las abejas melíferas es una relación de respeto y admiración por parte del hombre, pero siempre guardando las distancias por razones obvias.

Para plantear lo concerniente al bienestar animal en la apicultura se debe citar a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE. 2021), ya que es la entidad intergubernamental encargada de velar por la sanidad animal en el mundo, y a la que la Organización Mundial de Comercio (OMC) toma como base en materia de normas de sanidad animal y zoonosis. La OIE publica dos Códigos (Terrestre y Acuático) que constituyen las principales referencias para los miembros de la OMC. La OIE tiene como objetivos:

Garantizar la transparencia de la situación zoosanitaria en el mundo.

Recopilar analizar y difundir la información científica veterinaria.

Asesorar y estimular la solidaridad internacional para el control de las enfermedades de los animales.

Garantizar la seguridad sanitaria del comercio mundial mediante la elaboración de reglas sanitarias aplicables a los intercambios internacionales de animales y productos de origen animal.

Mejorar el marco jurídico y de los recursos de los servicios veterinarios.

Garantizar la seguridad de los alimentos de origen animal y mejorar el bienestar animal usando bases científicas.

La OIE desempeña su cometido bajo la autoridad y el control de una Asamblea mundial de delegados que designan los gobiernos de sus 182 países miembros.

El Director General, nombrado por el Asamblea mundial de delegados, dirige las actividades de la OIE en su sede mundial, París, y aplica las resoluciones elaboradas por un Comité con el apoyo de cinco comisiones elegidas por los Delegados de la organización. Estas comisiones son: el Consejo, las Comisiones Regionales y las Comisiones Especializadas.

De las resoluciones emanadas por la OIE dirigimos la atención a las del Código sanitario para los animales terrestres (Código terrestre) ya que contiene las normas relacionadas con el bienestar animal. El Código sanitario prevé los textos normativos para garantizar un comercio internacional seguro de animales terrestres (mamíferos, reptiles, aves y abejas) y de sus productos derivados.

Las normativas (resoluciones) del Código terrestre se encuentran en los siguientes documentos: Diagnóstico, vigilancia y notificación de las enfermedades animales; Análisis de riesgo; Calidad de los servicios veterinarios; Prevención y control de las enfermedades; Medidas comerciales, procedimientos de importación y exportación y certificación veterinaria; Salud pública veterinaria; Enfermedades comunes a varias especies y Bienestar de los animales

De esos textos normativos se toma en cuenta en este capítulo del libro lo relativo a las normativas para el bienestar de los animales. Lo relacionado específicamente con las enfermedades de las abejas y su prevención y control, lo dejamos de lado para especialistas de esas disciplinas de estudio.

Las normativas de la OIT definen lo que es el bienestar animal y lo que conlleva tal término. Luego describen los principios básicos y científicos en que se fundamentan y los criterios para evaluar las normativas del bienestar animal en los sistemas de producción:

Al bienestar animal la OIT le designa como el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las vive y muere, lo que se ajusta a las llamadas «Cinco libertades» mundialmente reconocidas (vivir libre de hambre, de sed y de desnutrición, libre de temor y de angustia, libre de molestias físicas y térmicas, libre de dolor, de lesión y de enfermedad, y libre de manifestar un comportamiento natural) sean las pautas que deban regir el bienestar de los animales. De manera general la Organización Mundial de Sanidad Animal postula que los animales deben (y se cita de manera conjunta los que tienen que ver con las explotaciones apícolas):

  • Estar bien alimentados y en condiciones óptimas de seguridad, no padecer sensaciones desagradables como dolor, miedo o desasosiego y ser capaces de expresar comportamientos importantes para su estado de bienestar físico y mental.
  • Disponer de condiciones de habitabilidad y manejo sanitario, nutricional y técnico apropiado, manipulación adecuada y un entorno seguro.
  • Definir criterios e indicadores que ayuden a evaluar en qué medida los métodos de manejo de los animales influyen en su bienestar. Tales evaluaciones serán individuales o en grupos empleando los registros de datos.
  • Que la comparación de las normas y las recomendaciones relativas al bienestar de los animales se basen más en la equivalencia de los criterios a seguir para alcanzar los objetivos de los sistemas de producción, más que en las similitudes que puedan existir.
  • Que, al mejorar las condiciones de vida de los animales en las explotaciones, se aumente la producción y con ello los beneficios económicos.
  • El manejo de animales deberá promover una relación positiva entre los hombres y los animales y no causar heridas, pánico, miedo durable o angustia evitable.
  • Los propietarios de las explotaciones y los operarios deberán contar con conocimientos y preparación técnica apropiada para garantizar que los animales reciban el trato adecuado.

Específicamente en cuanto a bienestar animal y sistemas de producción, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIT) ha señalado normas sobre el ganado vacuno de carne, el ganado vacuno de leche, los équidos de trabajo, los cerdos, los pollos de engorde y la matanza de reptiles por sus pieles, su carne y otros productos. Para lo cual señala los elementos comunes en esas ganaderías que se toman como fundamentos para dictar las normativas respectivas. Así define cada sistema de explotación con sus diversos tipos comerciales y los criterios o variables medibles de bienestar animal. Destaca para todos los sistemas de ganadera la importancia de la utilización de parámetros basados en criterios y valores con umbrales apropiados a sus comportamientos específicos ya que ellos servirán de indicadores de la buena gestión que debe realizarse para garantizar el bienestar animal en las explotaciones ganaderas.

Desafortunadamente la Organización Mundial de Sanidad Animal no ha incluido a las abejas melíferas en su condición de animales de ganadería, en sus normas y directrices de bienestar animal. A continuación, se describen consideraciones y recomendaciones a seguir en las revisiones de las colmenas, que ayudan a favorecer el bienestar animal de las abejas melíferas como animales de explotación ganadera. En el capítulo siguiente del libro se desarrolla lo concerniente a principios, criterios, patrones, valores y variables, parámetros e indicadores que constituyen una plataforma para trabajar las abejas melíferas dentro de un marco de bienestar animal.

Consideraciones a tener en cuenta en el método de revisión de colmenas

  1. Partiendo de las premisas referentes a: El nido de cría, la orfandad de la colonia y las obreras ponedoras, las colmenas deben revisarse cada 24 días. De esta manera, el apicultor se percatará si la colmena tiene suficiente cría, abejas jóvenes, abejas adultas y reservas de miel y polen para iniciar la cría de reinas, si es que la colonia por cualquier circunstancia ha quedado huérfana. Por otro lado, el apicultor comprobará si existe una población de abejas capaz de mantener, proteger y conservar la colonia hasta que la refuerce con panales con postura (H) o con cría abierta (CA), que tenga larvas con menos de 3 días de edad, para ayudar a la colonia a que crie su propia reina; o mejor aún, el apicultor puede proceder a introducir una reina nueva (RN) ya fecundada, para de esa manera recuperar la colonia más rápidamente y llevarla de nuevo a su estabilidad y normalidad funcional.
  2. Las revisiones de las colmenas pueden ser de dos tipos: Revisión completa, (RC) y revisión incompleta, (RI); dependiendo si la información de los parámetros del nido de cría se recaba en términos cuantitativos o sólo cualitativos. En la revisión completa se señalan todos los parámetros con sus valores, excepto la descripción física de la reina que puede no haberse hecho. Si por el contrario, se toman los parámetros sólo destacando su presencia o ausencia, se trata de una revisión incompleta. Ahora bien, si al menos uno de los parámetros es apuntado sólo cualitativamente, a pesar de que el resto de los parámetros si lo fueron cuantitativamente, la revisión es incompleta. Se recomienda realizar al menos una revisión completa RC por cada dos revisiones incompletas RI, para que de esa manera se tengan suficientes datos para hacer la evaluación rutinaria y anual de las colmenas.
  3. La frecuencia de las revisiones se acortará en los casos en que las colmenas presenten situaciones tales como las que se mencionan a continuación:
  • Orfandad de la colonia.
  • Colonia huérfana con celda(s) real(es).
  • Colonia huérfana sin celda(s) real(es) y que ha sido reforzada con cría abierta (CA).
  • Nacimiento de una reina.
  • Falta de espacio para la postura de la reina; por estar siendo copada por las obreras.
  • Mal o regular estado y poca postura.
  • Que la colmena haya sido dividida.
  • Pillaje o ataque de depredadores a la colmena.
  • Reina introducida en la colmena por el apicultor.
  • Colmena cosechada o movilizada, ya que la reina pudo haber muerto durante esas labores.

Recomendaciones
El concepto de bienestar animal1 debe estar implicado como una pauta ineludible al trabajar con las abejas melíferas. Una colonia de abejas, al igual que cualquier animal, merece ser tratada con el mayor respeto y consideración, en el sentido de evitar causarle molestia, perturbación o daños innecesarios; librarle de hambre y sed; prevenir y curar sus enfermedades y proveerle de la colmena apropiada para su desarrollo y supervivencia.

  1. El tipo de colmena más conveniente para garantizar el adecuado bienestar animal es la clásica colmena vertical tipo Langstroth. Ella permite que la colonia vaya creciendo en conformidad a su tendencia natural de disponer la postura y la cría en la parte inferior del nido, acompañado de algunos panales con polen y miel ubicados lateralmente, siendo la parte superior del nido donde almacenan el grueso de la miel y el polen.
  2. Se recomienda que las colmenas se enumeren comenzando con el número 1, y así sucesivamente, tratando de mantener la secuencia. La enumeración de las colmenas es imprescindible para poder llevar los registros y para facilitar el manejo zootécnico. El apicultor, podrá tener un diagrama con la ubicación de las colmenas de cada apiario de la explotación apícola, lo cual le permitirá ubicar cada colmena antes de iniciar las labores de campo. De este modo no perderá tiempo buscando en el apiario la(s) colmena(s) que quiere trabajar si no que también evitará propiciar una perturbación en el apiario por realizar desplazamientos innecesarios entre las colmenas.

Se aconseja que los números se coloquen en la cámara de cría porque es el cuerpo de colmena más visible y duradero, se daña menos que el piso y se moviliza menos que las alzas o cambia, a menos que se dañe. Es recomendable escribir los números en la cara anterior y en la cara posterior de la cámara de cría o bien en la parte inferior derecha o izquierda, pero siempre siguiendo ese orden, o derecha o izquierda; así el apicultor sabe dónde debe mirar siempre.

  1. Las colmenas deben estar colocadas sobre bases individuales o colectivas de unos 50 cm de altura. Con ello se busca mantener la colonia alejada de los excesos de frío o de calor que pudiera trasmitirle el suelo, afectándose así el desarrollo de las crías y la incubación de los huevos. Por otra parte, las altas o bajas temperaturas del suelo llevarán a las obreras a un mayor gasto energético para conservar la temperatura de la colonia. Una separación de aproximadamente 90 cm entre colmenas y de 2 metros entre filas de colmenas, provee de un espacio suficiente para que dos operarios trabajen cómodamente alrededor de una colmena, sin alterar ni obstaculizar la entrada y salida de las pecoreadoras de las colmenas vecinas.

Las bases individuales tienen la particularidad de que personalizan el trabajo con la colmena de turno, al evitar en cierto grado, que la alteración causada por la manipulación de la colonia se propague a las colmenas vecinas, estresándolas y disponiéndolas en actitud defensiva a la posible intervención posterior por el apicultor. Por otro lado, aminoran las posibilidades de pillaje que pudiesen presentarse.

Del mismo modo, debe destacarse que el uso de bases individuales de la colmena a la altura recomendada, facilita la manipulación de los panales y de la(s) alza(s) y físicamente favorece al apicultor al tener que inclinarse menos cuando labora con las colmenas.

  1. El tiempo empleado en la revisión de cada colmena, debe ser lo más rápido y preciso posible. Ello se consigue al trabajar las abejas de forma ordenada, sistemática y técnica con planes y estrategias definidas con antelación a cada visita al apiario (Sobre este aspecto se harán algunas otras observaciones pertinentes al final de las recomendaciones). Un correcto uso del ahumador también influye en el mayor o menor grado de daño y estrés causado a las abejas adultas y a la cría.
  2. Otros detalles que se incluyen dentro del bienestar animal, son la adecuada orientación y ubicación de las colmenas en el apiario, y la sombra parcial de la que deben disponer las colmenas.
  3. Debemos tener siempre en cuenta que cada vez que revisamos una colmena, estamos ocasionando una perturbación en la colonia, que repercute negativamente no sólo en los individuos adultos, sino también en las crías. Muchas obreras asumen actitudes de defensa del nido, con lo cual dejan de realizar sus actividades normales, afectándose el funcionamiento de la colonia. Además, hay un consumo adicional de energía como consecuencia del estrés desencadenado en la población. La cría abierta y la cría operculada pueden verse afectadas por las condiciones ambientales imperantes y les puede ocasionar deshidratación y enfriamiento, según el caso, con la consiguiente muerte.

De allí la importancia de que la revisión de las colmenas se realice lo más rápido posible para ocasionar el menor trastorno a la colonia. El tiempo de revisión se reduce cuando el apicultor ha evaluado y analizado el registro individual de las colmenas, de modo que sabe de antemano cuales requieren prioritariamente de su atención y qué métodos o técnicas ha de aplicar de manera individual o en grupo.

  1. Ya que la reina es el integrante más importante de la colonia requiere el mayor cuidado y atención cuando se están revisando las colmenas. Toda manipulación debe hacerse con la certeza de no hacerle daño, para lo cual se procede con mucha cautela y delicadeza al sacar los panales y luego al reponerlos en su sitio.
  2. Es conveniente que las revisiones de las colmenas sean efectuadas por dos operarios, que se ubicarán en media luna alrededor de la colmena, sin obstaculizar la piquera. El primer operario se encarga básicamente de manipular el ahumador y también para estar pendiente de dónde su compañero, segundo operario, va introduciendo la espátula y ayudarlo con la suya a sacar los panales. El segundo operario lleva, por otra parte, una tabla de apoyo con el registro de hoja de campo, donde van los datos de la última revisión realizada a cada colmena que se va a trabajar ese día, y el manejo o técnica ya decidido previamente si así lo amerita. En ese mismo registro de hoja de campo se apunta la información obtenida de la(s) colmena(s) revisada(s) ese día y el manejo o técnica que se le(s) pudo haber realizado. Toda la información apuntada en el registro de hoja de campo será copiada en el respectivo registro individual de colmena.

Observaciones que fundamentan el realizar las revisiones de las colmenas lo más rápido posible
Entre los animales de explotación ganadera las abejas melíferas por su condición de insectos, son animales muy particulares. A pesar del trato que durante miles de años ha recibido no se han hecho sumisas ni dóciles, como el resto de los animales trabajados por el hombre. No reconocen a las personas que suelen tratar con ellas, como si lo hacen los demás animales de ganadería. No se han acostumbrado al hecho de que no serán dañadas por quien las manipula. Siempre están en actitud de alerta, recelosas y dispuestas a rechazar el manejo del apicultor. Por otro lado, son animales con una gran capacidad para captar a través de sus especializados sentidos cualquier perturbación en o alrededor de su colmena, lo cual interpretan como una amenaza a la cual responderán con actitudes defensivas, más que de agresividad, de picar a todo lo que esté cerca de su colmena, sin hacer concesiones ni distinciones de los seres que por allí se encuentren.

Este comportamiento defensivo, más acentuado en algunas razas que en otras, como en las abejas africanizadas, es el que el apicultor encuentra cada vez que abre una colmena para revisarla y realizar cualquier técnica o manejo apícola. Todo lo cual no deja de incomodar y molestar al apicultor en la realización de su trabajo. Pero los efectos de esa manipulación en la colmena son más relevantes en las abejas ya que conllevan una progresión de eventos que afectan a todos los integrantes de la colonia, lo cual repercutirá también en la producción apícola. Estos sucesos que se dan en forma seriada son descritos a continuación:

  1. Apenas acercarse el apicultor al apiario comienzan a alterarse las actividades de las abejas, sobre todo las de las colmenas más cercanas a la entrada del apiario. Se percibe intranquilidad en el ir y venir de las pecoreadoras que entran y salen de las colmenas. Las guardianas en sus piqueras comienzan a liberar feromonas de alarma que se extienden no solo al interior de cada colmena sino también a las colmenas vecinas. Se va generando entonces un clima de intranquilidad que comienza a trastornar la cotidianidad del trabajo de las abejas.
  2. Por lo general abejas guardianas e incluso también algunas pecoreadoras que están entrando o saliendo por las piqueras de las colmenas inician la “defensa del nido” es decir a revolotear y/ o picar al apicultor. Estas abejas que pican mueren porque se desgarran al clavar el aguijón. Suelen ocurrir también muerte de abejas durante la manipulación de la colmena por aplastamiento con la tapa, entretapa, barras superiores de los marcos y con la espátula.
  3. Las feromonas de alarma interrumpen y desorganizan las actividades de todas las abejas incluyendo la postura de la reina, la cual incluso puede morir por aprisionamiento con la espátula o algún marco. Puede acontecer la perdida de la reina porque vuele y se vaya de la colmena o caiga al suelo. La manipulación de la colmena conlleva un estrés generalizado que perjudica a la colonia en su esencia como unidad orgánica que actúa y se desenvuelve como un todo lo cual conduce a que se detengan o ralenticen todas las labores dentro de la colmena afectándose por lo tanto el proceso productivo de la colonia.

Al trabajar con animales de ganadería mayor o menor el grado de estrés que se pueda ocasionar por lo general es pasajero y no se ocasionan desgastes físicos significativos en los animales ni se afecta el proceso productivo inherente a cada especie en particular.

Otra diferencia al trabajar con abejas y hacerlo con los demás animales de producción es que una vez que se comienzan las labores en el apiario no es posible tomar un descanso como si se puede con los otros animales de ganadería ya que las abejas una vez que se comienzan a manipular no dan tregua y siguen picando a todo lo que se mueva en los alrededores hasta incluso una hora o más después que el apicultor haya terminado y alejado del apiario.

De allí que es muy importante que cualquier trabajo con las abejas deba ser realizado lo más rápido y preciso que se pueda para desencadenar la menor perturbación posible en el apiario.

Bibliografía
Organización Mundial de Sanidad Animal. OIE. 2021

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