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diciembre 2022

Manejo apícola tradicional vs manejo apícola zootécnico.

Vet. Arg. – Vol. XXXIX – Nº 416 – Diciembre 2022.
Pablo Montesinos Arraiz

Artículo publicado en Vida apícola: revista de apicultura, Año 2018, Número 210, págs. 6-14. Contacto: [email protected]

Manejo apícola tradicional
A diferencia de lo que ocurre con los demás animales de ganadería, las abejas melíferas han sido explotadas tradicionalmente con el criterio de que son animales que no necesitan mucha atención y que su aprovechamiento desde el punto de vista productivo se consigue con poco esfuerzo y asistencia técnica a las colmenas (Whitehead 1948; Bartolini Crespi, 1992; Sepulveda Gil, 1980; Mace, 1974; Harrison et al, 1976).

Esa pauta de trabajo que predomina en la manera de llevar la mayoría de las explotaciones apícolas, se ve reforzada porque las abejas melíferas obtienen sus alimentos de las flores y pueden reproducirse y perpetuarse sin intervención alguna del hombre. Las revisiones de las colmenas que se realizan en la apicultura tradicional son notoriamente estacionales. Los apicultores revisan las colmenas tres a cuatro veces en cada estación del año, siempre en función de la respuesta de las colonias a las condiciones ambientales y al manejo realizado en la última revisión al aumentando el número de revisiones en primavera y verano debido a la intensidad de manejo requerido por las colmenas en esos meses (Cale et al, 1976).

Sin embargo, el fenómeno generalizado del colapso de las colmenas y el problema de la presencia de la avispa asiática (Vespa velutina), ha obligado a los apicultores a aumentar la frecuencia de las visitas a los apiarios para tratar de controlar y prevenir esta problemática. Por otro lado, en aquellos países donde se establecieron las abejas africanizadas, los apicultores tuvieron que implementar otras técnicas y maneras de trabajar las abejas para poder llevar adelante sus explotaciones apícolas. Si bien, estas características de manejo que son complementarias a las tradicionales utilizadas en Europa y en Estados Unidos de América (Michener, 1975; Wiese, 1977; Taylor y Leving, 1978; Rinderer, 1985) no se alejan de la esencia del manejo apícola tradicional que se utiliza con las abejas de razas europeas, en lo que respecta a la manera de valorar y analizar las colmenas a partir de las revisiones rutinarias.

El trabajo del apicultor tradicionalmente ha consistido en proporcionar a sus abejas, colmenas adecuadas y seguras para ayudar al crecimiento de la población de abejas y puedan ellas acumular suficientes reservas de miel, principal producto de las colmenas, para ser cosechada. Así, gran parte del trabajo con las colmenas es dedicado a colocar o retirar marcos con panales o con cera estampada en la cámara de cría y/o en las alzas, según las condiciones de las colmenas y la estación del año (Root, 1976). Hay apicultores que además obtienen los subproductos de las colmenas: polen, propóleo, veneno, núcleos de abejas, e incluso veneno; y muy pocos crían reinas para su propio uso o para la venta.

Durante los meses de floración, los apicultores, de ordinario, sólo revisan la(s) alza(s), para precisar la disposición en que las abejas están distribuyendo y almacenando la miel. Por lo general sólo se dirigen a la cámara de cría, si las alzas tienen poco o nada de miel, o si observan pocas abejas sobre los panales, o entrando y saliendo por la piquera. Ello lo hacen para ver si hay reina, postura, y cría. Por el contrario, el resto de los meses, en los que no hay entrada de néctar y polen o esta no es significativa, la revisión de las alzas es discrecional. Los apicultores revisan la cámara de cría para observar la postura y en lo posible ver la reina; valorar la cantidad de panales con cría abierta y/ u operculada. También para constatar el estado físico de los panales (para retirar los dañados) y limpiar las barras de los marcos, sobre todo las superiores.

Se destaca la importancia de que las colmenas tengan suficientes alzas cuando el flujo de néctar es abundante; señalándose que las primeras alzas pueden tener cuadros con panales vacíos o con cera estampada, que serán llevados por las abejas a panales que llenarán con néctar rápidamente (Root, 1976; Cale et al, 1976).

Furgala (Furgala, 1976), indica cuatro principios fundamentales del manejo apícola: cada colonia debe tener una reina joven de calidad genética probada; debe tener una adecuada reserva de miel y polen; debe estar libre de enfermedades; y debe estar protegida de condiciones climáticas extremas y habitando una colmena bien construida.

Y así, en función del manejo apícola realizado con las colmenas y de las observaciones de los apicultores durante las revisiones rutinarias, de cómo se encuentran las colmenas y/o según la estación del año, los apicultores implementarán las técnicas y/o métodos de manejo apícola necesarios para gestionar adecuadamente sus explotaciones.

Hay que señalar, sin embargo, que, en el manejo apícola tradicional realizado por los apicultores, se perciben carencias de estrategias en la manera de recabar la información que procede de las colmenas durante las revisiones rutinarias, y con la cual llegan a las conclusiones de las condiciones en que se encuentran, para aplicar las técnicas y/ o manejo general adecuados, según sus requerimientos. Al revisar las colmenas no suelen seguir un protocolo de actuación; tienden a hacerlo de manera desordenada y aleatoria. Adolecen de maneras apropiadas para recopilar lo que ven en las colmenas durante las revisiones, y también de un marco de referencia que les ayude a analizar y evaluar la información recabada.

¿Qué miran primero cuando comienzan a revisar una colmena y cómo lo interpretan? ¿Qué sucesión de acciones realizan para que la información recogida en la revisión de las colmenas, se estructure de manera lógica y ordenada, de forma que se pueda analizar con la certidumbre de que ha sido bien procesada en su obtención, y pueda conducir a actuaciones de manejo acertadas por parte de los apicultores?

Al igual que es necesario que los apicultores sigan un protocolo y tengan un procedimiento de referencia cuando revisan las colmenas, han de tener criterios homogéneos que les permitan valorar de la misma manera todo lo que sucede en la colmena.

De ordinario, durante las revisiones rutinarias de las colmenas, los apicultores comprueban la presencia de la reina bien por observación directa de ella y/o de su postura. Inspeccionan los panales de la cámara de cría, especialmente los centrales, para ver cuántos están ocupados por postura, cría abierta y/u operculada. Para estimar la calidad de la postura de la reina, utilizan términos como “muy buena”, “buena”, “regular” o “mala”. Sin embargo, una misma postura de una reina puede recibir una valoración muy diferente según de qué apicultor se trate; así la postura puede ser muy buena para uno, regular para otro, o incluso excelente para un tercer apicultor.

Ahora bien, qué significa “muy buena postura”, qué es una “regular postura”, qué es “mala postura” o “excelente postura”. En qué criterios se basan los apicultores para emitir tales aseveraciones. ¿Al observar la postura la cuantifican? Si es así, ¿cómo lo hacen?, ¿bajo qué principios? ¿Se basan en la cantidad de huevos que hay en un panal? ¿Qué cantidad de panales con huevos se corresponden con una buena o regular postura, por ejemplo? ¿Cómo determinan todas esas mediciones? ¿Qué metodología utilizan?

En cuanto a la descripción de las reinas, los apicultores suelen caracterizarlas utilizando términos tales como bonita o fea, buena o mala, joven o vieja, negra, muy negra o amarilla, grande, mediana o pequeña. Igualmente, estas definiciones de aspectos o cualidades, edades, colores y tamaños de las reinas, que se pueden encontrar como resultado de una revisión rutinaria de colmenas, muestran una gran variedad en su conceptualización, de acuerdo a los criterios propios de cada apicultor.

En consecuencia, los apicultores al no disponer de unos marcos de referencia definidos, sustentables y de uso común en la apicultura para tipificar la postura, la raza, la edad y el tamaño de las reinas, di­fícilmente pueden lograr valoraciones certeras, rigurosas y coherentes de sus características reproductivas y fenotípicas. Éste es el motivo por el que las evaluaciones que llevan a cabo diferentes apicultores, cuando consideran las mismas reinas, no suelen coincidir.

Otras valoraciones que realizan los apicultores cuando revisan sus colmenas tienen que ver con la población de abejas adultas, la cantidad de cría abierta y/u operculada, y la presencia de reservas de miel y polen. Aspectos que los llevan a determinar cómo se encuentra una colmena en general en un momento dado.

Conocer las condiciones o estados generales de las colmenas es de suma importancia, ya que evidencia cómo van respondiendo las colonias a las condiciones ambientales imperantes en determinado momento del ciclo anual; especialmente de los cambios de floración, si hay escasez o, por el contrario, suficiente néctar y polen en el campo. También son un indicador del manejo que se les haya aplicado, como resultado de decisiones tomadas a raíz de revisiones anteriores, lo cual, por otro lado, puede inducir al apicultor a implementar en las colmenas, particularidades técnicas a ejecutar en el apiario de manera inmediata, a corto o a mediano plazo.

Para evaluar las colmenas en cuanto a su estado general, los apicultores acostumbran a clasificar las colmenas utilizando diversos términos como óptimas, superiores, muy buenas, buenas, regulares, malas y muy malas. Esta clasificación la realizan de acuerdo a la cantidad de abejas que observan sobre los panales en el momento de la revisión, el número de panales con postura, con cría operculada y/o sin opercular y los panales con reservas de polen y miel en la cámara de cría y en las alzas. En cuanto a la cría abierta y/u operculada, ¿cómo valora el apicultor esa biomasa?, ¿en base a qué criterios la calcula?, ¿qué método emplea?, ¿cuantifica la cría abierta y la operculada, o la estima subjetivamente? Y ¿cómo determina el apicultor si existe un equilibrio entre cría abierta y operculada, y si está en proporción con la postura? ¿Con qué comparan las colmenas o qué valores de referencia tiene para afirmar que mejoraron o empeoraron o que se mantienen relativamente iguales a la última revisión realizada a las colmenas? Un apicultor, incluso, puede estimar que una colmena se encuentra en óptimas condiciones y para otros puede estar en buenas o regulares condiciones. De aquí se desprende que los apicultores emiten valoraciones dispares del estado general de una misma colmena debido a las evidentes diferencias en los criterios de valoración.

¿Cómo sabe el apicultor si la población de abejas de una colmena ha aumentado o disminuido?, ¿Cómo cuantifica la cantidad de abejas para saber si han aumentado o disminuido?, ¿a partir de cuántos panales ocupados por abejas y en qué cantidad de ellas sobre los panales pueden los apicultores estimar aumentos o disminuciones en la población de abejas adultas en un momento dado? De modo que entre los apicultores se evidencian notorias diferencias de apreciación y valoración de todos los parámetros que son fundamentales para evaluar desde el punto de vista zootécnico el comportamiento de las colonias.

Se ha de mencionar también que los apicultores no acostumbran identificar las colmenas con números, tal como se hace en cualquier explotación ganadera. La identificación tiene como finalidad conocer con certeza de que colmena se trata en cualquier momento en que los apicultores se encuentren en el apiario, o incluso fuera de él, cuando lean los registros saber de qué colmena se trata en cada circunstancia. No se puede hacer referencia a una colmena por “la que tiene la cámara de cría de tal o cual color, o la que tiene la piedra en el centro de la tapa es la que está huérfana o las que tienen dos piedras pequeñas son las que se van a cosechar”. Esa manera de identificar las colmenas, además de contravenir el manejo zootécnico profesional, dificulta el trabajo rutinario con las abejas. Igualmente, trae consigo confusiones al querer implementar registros apícolas y desdice de la rigurosidad y seriedad que deben tener las explotaciones apícolas.

A partir de lo expuesto en los párrafos anteriores, se puede concluir que las valoraciones y análisis de las colmenas que llevan a cabo los apicultores, realizadas a partir de las revisiones rutinarias, obedecen a criterios personales y subjetivos tan diferentes y al mismo tiempo tan individuales y propios de cada apicultor; que es muy difícil encontrar puntos de coincidencia que sustenten esos criterios de valoración. En consecuencia, se hace evidente que los apicultores no tienen unos marcos de referencia que permitan comparar sus observaciones y estimar la veracidad y el grado de normalidad de los comportamientos biológicos de la colonia.

Todo el manejo tradicional descrito en cuanto a la manera en que los apicultores realizan las revisiones rutinarias de las colmenas presenta en resumen las siguientes características:

  1. Imprecisión y vaguedad en la definición de los términos, situaciones, características y desarrollo de las colmenas de abejas melíferas con fines de producción.
  2. Las revisiones rutinarias de las colmenas y el análisis y evaluación de la información recabada se caracterizan por: no sustentarse en criterios zootécnicos y principios biológicos rigurosos que permitan contrastarlos con el funcionamiento normal de las colonias, adolecer de organización, jerarquización y razonamiento científico y carecer de uniformidad de criterios en la manera de recabar y valorar la información.
  3. Hay ausencia de un lenguaje apícola común, escrito y oral, claro y sencillo, que facilite la comunicación técnica entre los apicultores, y se utilice en los registros apícolas. El lenguaje apícola debe ser entendible por cualquiera que trabaje la apicultura y facilitar una visión más precisa y real de las condiciones generales y particulares de las colmenas.
  4. Los registros de producción que llevan los apicultores difieren en la información que contienen y la nomenclatura utilizada; ya que cada apicultor la expresa a su manera, sin seguir normas de redacción codificada y permanente. De modo que la información que queda plasmada en esos registros, solo puede ser leída e interpretada por el apicultor en cuestión.

Manejo apícola zootécnico
El manejo apícola zootécnico se refiere al análisis y evaluación de los Parámetros apícolas que proceden de los Principios relacionados con el Nido de cría, el desarrollo y crecimiento del nido de cría y la organización y distribución de las abejas adultas sobre los panales, para aplicar las técnicas y/o métodos del Manejo apícola general (figuras 1, 2, 3, 4, 5, 6).

Estos parámetros expresados a través del Modelo de evaluación y control de las abejas melíferas (figura 7) y utilizando el Sistema de codificación apícola son obtenidos mediante el Método de revisión de colmenas. Todo ello, enmarcado dentro de la conceptualización del bienestar animal.

El manejo apícola zootécnico debe preceder y tener primacía sobre el manejo apícola general, para que en las explotaciones apícolas se logren los máximos rendimientos de producción y productividad de las colmenas y se alcancen óptimos niveles de rentabilidad.

Las explotaciones apícolas deben desarrollarse como un sistema formado por Factores de producción (figura 8), bien integrados y acoplados, para así lograr los objetivos económicos que justifiquen las inversiones en la unidad productiva.

Las abejas, principal integrante de las explotaciones apícolas, tienen la particularidad de que a pesar de su condición de insectos son consideradas animales domésticos y de ganadería, aunque no se hayan logrado en ellas grandes cambios genéticos, fisiológicos y morfológicos como consecuencia de su interacción prolongada con el hombre. Sin embargo, algunos caracteres obtenidos mediante selección artificial y control reproductivo en las abejas melíferas, son heredables y constituyen materia prima para los programas de mejoramiento genético.

El manejo general de las colmenas en las pequeñas, medianas y grandes explotaciones apícolas, se articula en torno a la época del año, desarrollo de la población, fecundidad de la reina, y al estado nutricional de las colonias. Hay variaciones de manejo en los países tropicales, derivadas de sus condiciones climáticas más benignas y floración casi permanente durante el verano e inclusive con ciertos recursos florales en las épocas de lluvia.

Los Elementos determinantes de la producción apícola (Figura 9) se refieren a la expresión de las características genéticas zootécnicas, de producción y reproducción de las colonias de abejas melíferas, las cuales dependen del ambiente que las rodea. Éste puede ser natural y artificial. El primero comprende: clima, relieve, deforestación, incendios forestales y factores bióticos (organismos vivos). A ellos se agregan factores abióticos: el agua, la temperatura, la luz, el aire, el ph y el suelo con sus nutrientes y también la contaminación y el uso irracional de los biocidas. El ambiente artificial es el proporcionado por el apicultor a las colonias y comprende el manejo apícola zootécnico y el manejo apícola general.

El éxito del manejo apícola zootécnico, descansa en la solidez y veracidad de la información obtenida, analizada y evaluada por los apicultores, durante y después de las revisiones rutinarias de las colmenas. Esa información, que se debe apuntar en los Registros apícolas, ha de contemplar todos los acontecimientos biológicos de alcance zootécnico, productivo y reproductivo que se suceden en las colmenas, así como también todas las circunstancias de índole apícola que se suceden al trabajar con las colmenas. De allí la importancia de revisar las colmenas periódicamente para hacerles una valoración individual y colectiva e implementar las técnicas y/o métodos del manejo apícola general que mejor se adecuen a cada caso. También es necesario hacer un seguimiento de la efectividad del manejo apícola zootécnico y del manejo apícola general, y de los rendimientos logrados en la explotación, para lo cual se utilizan los indicadores e índices apícolas zootécnicos, de producción y de reproducción.

FIGURA 1

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 2

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 3


Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 4

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 5

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 6
MANEJO APÍCOLA GENERAL
Manejo en épocas de floración
Abundancia de néctar y polen.
1. Criar reinas.
2. Introducir reinas.
3. Ampliar el espacio para la postura de la reina mediante cualquiera de los procedimientos siguientes para evitar que sea eliminada

:a. Aumentando el número de cuadros en la cámara de cría (si están incompletos).

b. Permutando los cuadros vacíos de ubicación lateral a central.c. Aumentando el número de alzas

4. Prevenir la enjambrazón.

5. Equilibrar colmenas.

6. Unir colmenas.

7. Ampliar las piqueras.

8. Aplicar tratamientos contra enfermedades.

9. Movilizar colmenas.

10. Cosechar.

11. Dividir colmenas.

12. Preparar núcleos.  Manejo en épocas de escasezInsuficiencia de néctar y polen.

1. Alimentar con jarabe de azúcar y/o tortas de soja.

2. Retirar panales viejos o en mal estado.

3. Limpiar pisos, cuadros, tapas internas y externas de la colmena.

4. Preparar y reparar material.

5. Retirar alzas vacías y también cuadros vacíos de la cámara de cría.

6. En las alzas, permutar los cuadros laterales con reserva de néctar o miel hacia el centro.

7. Equilibrar colmenas.

8. Unir colmenas.

9. Observar la posible presencia de enfermedades y/o aplicar tratamientos.

10. Movilizar colmenas.

11. Introducir reinas si es necesario.

12. Reducir las piqueras de las colmenas.
Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 7

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 8

Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

FIGURA 9
Fuente: Pablo Montesinos Arraiz

Bibliografía
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