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agosto 2009

Breves apuntes para una historia de las Ciencias Veterinarias.

Copia del discurso pronunciado por el autor en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, el 6 de agosto de 1986.-

Tratar, de manera extensa, la Historia de las Ciencias veterinarias en un corto espacio, como el de esta presentación, resulta inalcanzable; para ello sería menester una locución de varias horas o escribir un volumen de tamaño considerable. Por lo tanto, sólo arrimaremos algunos apuntes que permitan tener una idea somera de lo que fue nuestra profesión al cabo de los años, de lo que nos hemos ocupado parcialmente ya en otras ocasiones.

Si se quiere insertar la veterinaria en el tiempo, haremos volar nuestra imaginación hasta las épocas del hombre primitivo, cuando por datos no confirmados puede intuirse alguna preocupación por la salud de los animales, que el hombre, según el Génesis «debía utilizar para su bienestar y su alimento». Puede pensarse además, que, en el período Neolítico (o de la piedra pulida), con los primeros intentos de domesticación, se trataran algunas bestias enfermas.

Configurar una historia no resulta difícil, pues ésta que es la «narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y mencionables», ya está escrita y, sus datos, documentados. Sólo hace falta reunirlos, con tiempo, voluntad y paciencia; veremos pues que, como otras, las Ciencias Veterinarias tienen también su Historia.

En la Biblia hallamos mencionadas algunas enfermedades de animales; los documentos del pueblo egipcio citan algunas parasitosis. En momias egipcias de 3.000 años a.C. se hallaron huevos calcificados de trematodes, y en tiempos del faraón Amenenhet II (1.800 a.C.) existía un tratado de medicina veterinaria. Los asirios conocían la anquilostomiasis y otras noxas y parece que entre ellos había veterinarios para cada especie de animales. En el Código de Hammourabi, rey de Babilonia, (2.500 a.C.), el médico veterinario, llamado Mounai Sou, tenía instrucciones para su actividad «pero si el animal tratado moría (atención a nuestros clínicos), debía indemnizar al propietario». Libros religiosos de hebreos y mahometanos se ocupan de alimentos contaminados y en muchos de estos pueblos se conocían «remedios» como el ajo, la raíz del granado, etc., etc. Ya se explica que eran tratadas, por ejemplo, las cataratas y las fracturas.

Los griegos, entre ellos Aristófanes, Hipócrates y Aristóteles (éste en su Historia Animalium), indican cómo reconocer a los animales enfermos. Aparece el hipíatra griego, o «médico de caballos» dedicado a esta especie solamente, por su importancia como animal de caza y de guerra. Apsyrtus (ca. 330) jefe militar del Emperador Constantino I, escribe un tratado sobre enfermedades del caballo. En el siglo X en la literatura bizantina aparece una obra llamada Hippiatrika.

Los romanos transformarían al «médico de caballos» en «médico de animales». En Roma, las palabras «pecunia, pecuniario» que derivan de pecus y que significa «ganado» aluden a la cabeza del animal, que servía en casos, de moneda de intercambio.

Es conocido el hecho que tanto los soldados como los animales del ejército de Aníbal padecieron seriamente de sarna. Columella, Varrón, entre otros autores romanos se ocupan del tema. En Salerno, al sudeste de Nápoles, en la primera escuela de medicina organizada en Europa, se enseñaba anatomía por disección de cerdos según describe la Anatomia porci de Copho del año 1.150. J. Ruffus, veterinario del Emperador Federico, del Sacro Imperio Romano, escribe en 1250, Medicina equina y trata las manqueras  y el herraje.

Muchos de los conocimientos se pierden en la llamada «primera Edad Media» o «Edad Media baja», entre el año 400 a 800 de la Era Cristiana, pero son conservados especialmente entre los árabes. Así en el siglo XII, es Abou Zacaría (llamado Ibn Al Awan) quien da a conocer su célebre libro de Agricultura, donde se consideran las enfermedades animales, la higiene y la cría, dándose allí interesantes conceptos zootécnicos, todo en una extraordinaria recopilación.

Saltamos en el tiempo, con épocas de estancamiento y de progreso. Carlo Ruini (1530-1598) abogado y senador de Bologna presenta su obra sensacional: Anatomia del Caballo, y Francisco Rabelais (1495-1553) autor de Gargantúa y Pantagruel, se revela un insigne anatomista en Lyon. Son dos demostraciones de incursión en la veterinaria, de individuos ajenos a nuestra profesión. A mediados del siglo XVII aparecen los trabajos de Malpighi y sus continuadores, entre ellos Morgagni.

Hacia la mitad del siglo XVIII se presentan legislaciones especiales sobre las enfermedades de los animales, hasta que durante el reinado de Luis XV, el ministro Bertín, encomienda a un abogado, muy amante de los caballos, Claude Bourgelat, la fundación de una Escuela de Veterinaria. Corre el año 1762, y con la de Lyon, la primera escuela del mundo, nace la veterinaria oficial. En 1765-66 también Bourgelat abre la Escuela de Alfort. En 1769 se funda en Italia la de Turín, siguiendo otras, sucesivamente. En el año 1777 grandes mortandades de animales en Alemania llevan a fundar la escuela de Hannover, un año después. Actualmente suman 279 las Escuelas que hay en el mundo, 70 en Asia, 63 en América Latina, 59 en Europa, 38 en Unión Soviética, 30 en Estados Unidos y Canadá, 14 en África y 5 en Oceanía.2

Van apareciendo nombres gloriosos como los de Bouley, Chaveau, Arloing, Lesbre, Barón, Porcher, Guerin, Vallée, Carré, Leclainche  y muchos otros en Alemania y en Italia.

De manera anecdótica, otros veterinarios serán famosos por sus actividades extraprofesionales. Así Jones, en Inglaterra, luego será un pintor y escultor notable. Dunlop, veterinario escocés quien cansado de maltratar cierta parte de su anatomía al andar en bicicleta con ruedas macizas por caminos detestables, inventa los neumáticos que le darán nombre y fortuna. El jefe de la Secretaría privada de Stalin durante 15 años, era veterinario.

En América, la medicina del hombre y de los animales, estuvo en un principio en mano de los aborígenes. Los indios eran, como es sabido, grandes herboristas, de lo cual hay numerosos testimonios, tales los de Garcilazo de la Vega, Selva Andrade e Imbelloni. Nuestro curandero actual era el «ticitl» azteca, o el «amauta» de los incas. La veterinaria como tal, es más o menos centenaria. Se va desarrollando tanto en América del Norte como en el Sur. De esta veterinaria científica y oficial van naciendo escuelas: 26 en Estados Unidos, 26 en Brasil, 37 en México.2

Se desenvuelven en el mundo Sociedades Internacionales, como la Asociación Mundial de Veterinaria (1957) que es a la vez Comité Permanente de los Congresos. Son de proyección mundial la Oficina de Epizootías (OIE) en París, la Oficina Sanitaria Panamericana (rama de la Organización Mundial de la Salud), el Centro Panamericano de Zoonosis, el Instituto Interamericano de Ciencias Agrarias (IICA), además de sociedades especializadas en distintas disciplinas.

La Historia de la profesión ha motivado gran interés y está centralizada en algunos países, como la Asociación Mundial de la Historia de la Medicina Veterinaria con sede en Alemania que ha organizado numerosas reuniones especiales. En 1985 se llevó a cabo el 20° Simposio de Historia en Hannover, Alemania, estando programado para septiembre del corriente año el número 21 en Kaposvár, Hungría.2

Se han publicado algunos volúmenes que se ocuparon de la Historia como los de Leclainche, Senet, Bressou entre otros.

Los Congresos Mundiales se inician en 1863 con el de Hamburgo con 99 asistentes. El último fue el de Perth, Australia, en 1983, con 2120. El próximo, en 1987, se hará en Canadá y continuamente tienen lugar Congresos por especialidades.2

En la República Argentina los relatos históricos y libros de viajeros tienen algunas citas sobre escarceos veterinarios que caen indefectiblemente dentro del empirismo. Reconocemos a Belgrano, Vieytes y Sarmiento como precursores de la educación agraria y por ello merecen nuestro recuerdo. En un glorioso 6 de agosto de 1883, con la inauguración de clases en el Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina, en la Estanzuela de Zamora o del Rey, se inician oficialmente las actividades profesionales a nivel científico, con profesores extranjeros, saliendo los egresados con el título de «Competente en Ciencias Veterinarias»; luego se convierte en Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Provincia de Buenos Aires, incorporándose finalmente a la Universidad de La Plata. Son nombres claves en esta creación: Eduardo Olivera, Dardo Rocha, Mariano Demaría y Joaquín V. Gonzáles.

Es en 1904, cuando gracias a Pedro Arata, que parcela los terrenos, traza planos de edificios, etc., por decisión de los ministros Escalante y Torino, se crea la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, procediéndose a su separación en dos escuelas en 1972.

En 1919 nace en Corrientes la Facultad de Agricultura, Ganadería y Ciencias Afines, Universidad del Litoral, que después de algunos cambios, en 1974 pasa a llamarse Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad del Nordeste. El país cuenta hoy con otros centros de enseñanza en Río Cuarto, Gral. Pico, Esperanza, Casilda y Tandil.

Una fecha inolvidable para la profesión argentina es la de 1897, cuando ve la luz la Sociedad de Medicina Veterinaria. En 1909 se funda la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria.

Hay logros notables para la profesión como lo son: la sanción de la Ley de Policía Sanitaria, a principios del siglo, la creación del Consejo Profesional (ley 14072) en 1951, con los primeros 20 matriculados en 1963.

Se cumplen en el corriente año, los 30 de creación del INTA (1956), que funciona activamente desde 1958.3 Se nuclean profesionales en el Ministerio de Agricultura y Ganadería, que se distribuyen por todo el país; en la Dirección Municipal de Bromatología; en el Instituto Malbrán, centro de investigaciones que contó con más del 70% de veterinarios de su dotación total. Son núcleos importantes la Dirección de Remonta y Veterinaria, las direcciones provinciales de Ganadería, el Servicio Nacional de Sanidad.

Es importantísima la función que cumplen Colegios y Círculos del país. En 1983, se crea en Rosario la Federación Veterinaria Argentina. La Comisión Administradora de Fondos para la Tecnología Agropecuaria (CAFPTA) promueve la investigación mediante aportes pecuniarios.

Se llevan realizados infinidad de Congresos locales, simposios, jornadas; el XI Panamericano en 1985, todos con apreciable cantidad de profesionales asistentes.

Los especialistas han constituido numerosas sociedades o Asociaciones, alguna de las cuales mencionamos: Sociedad Argentina de Patología Clínica Veterinaria, Asociación Argentina de Microbiología e Inmunología Veterinaria, Asociación Argentina de Veterinarios de Laboratorios de Diagnóstico, Asociación Veterinaria de Pequeños Animales, Asociación Argentina de Parasitología Veterinaria (de reciente creación, 1984).

Hay otras de Veterinaria Equina, Anestesiología, Buiatría, etc., etc.

La literatura científica está representada por prestigiosas publicaciones, siendo la Revista de la Sociedad de Medicina Veterinaria la decana de ellas, aparecida en 1915 y con cuya dirección me vi honrado durante varios años. En 1939 aparece el primer número de Gaceta Veterinaria, que perdura por 45 años, hoy continuada por Veterinaria Argentina. Otras publicaciones son: Terios, Avepa, El Caballo, de la Facultad de La Plata que también me honró como Director, y algunas más. En las páginas de todas ellas se ha condensado la mayor parte de la producción de docentes e investigadores del país.

Los laboratorios veterinarios instalados entre nosotros, y que suman alrededor de un centenar, son proveedores de productos de óptima calidad, aglutinándose en la Cámara de Productos Veterinarios (CAPROVE).

La Veterinaria Argentina ha alcanzado logros notables. Las figuras que por ella pasaron conforman un conjunto de valor envidiable. Eminentes profesores e investigadores alcanzaron posiciones espectables. Se han destacado en la Medicina de Grandes y Pequeños Animales, en la Zootecnia, Economía y Laboratorio. La lucha contra la aftosa, la garrapata, la sarna y otras, son jalones de magnitud.

La Salud Pública se ha beneficiado grandemente con la contribución fundamental de Médicos Veterinarios y en esta esfera hoy no se puede prescindir de su contribución. Son numerosos los colegas que ocuparon Ministerios, Secretarías y otras posiciones de relieve.

Quizás nos hemos extendido en demasía, siendo prudente terminar. Hemos ofrecido una visión caleidoscópica, casi a manera de un catálogo, habiendo desfilado nombres, fechas, cifras y datos, que no obstante sabemos incompleta. Pedimos indulgencia por las omisiones y cuando se escriba la historia completa, ello habrá de subsanarse.

Los más antiguos, que respetuosamente llamo «Veteranos» de la profesión han sido partícipes de muchos de los acontecimientos señalados o, por lo menos, los recuerdan bien.

Nuestra historia no puede graficarse con una línea horizontal, uniforme, es más bien como una línea irregular con picos altos y bajos. Como en todas las historias hay sucesos e insucesos; siempre luego de un hecho glorioso, brillante, pudo aparecer una derrota; así es toda la historia, que sin embargo nunca se detiene, sino que avanza inexorablemente. Así lo fue también la «Historia grande», la de la Patria.

Con glorias y sinsabores amamos nuestra Historia, porque es bella y porque es nuestra. Al repasar la Historia de las Ciencias Veterinarias, los más jóvenes y aún aquellos que están fuera de la profesión sabrán quiénes fuimos, qué hicimos y cuándo lo hicimos, para nuestra veterinaria, para el país y para la sociedad que hoy puede disfrutar sus beneficios.

Que los que lleguen a conocernos puedan decir, remedando al dicho popular: ¡Ustedes también tienen su historia!, y nosotros habremos de asentir alborozados. Hemos cumplido con la educación, con la ciencia y con la comunidad.

2 Los datos corresponden a la fecha en que se presentó este tema.

E. G. Morini.