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julio 2022

Enfermedades emergentes y reemergentes ante el cambio climático.

Vet. Arg. – Vol.  XXXIX – Nº 411 – Julio 2022.
Alejandro Córdova-Izquierdo1, Gustavo Ruiz-Lang1, Jorge Saltijeral Oaxaca1, Juan Eulogio Guerra-Liera2, Abel E. Villa Mancer3, Armando Gómez-Vázquez4, Carlos J. Bedolla-Cedeño5 y Raúl Sánchez-Sánchez6.

Resumen
El panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC) por sus siglas en inglés, realizó un estudio sobre la relación entre suelos, agricultura y cambio climático, en el cual se hace un llamado de atención sobre las amenazas que pueden desfigurar la biósfera y destruir la especie humana. El análisis subraya el uso del suelo, la producción de alimentos y las emisiones de gases de efecto invernadero. La advertencia que formula el IPCC asegura que la agricultura, la ganadería y la silvicultura generan 23% del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) cada año. Por otra parte, este panel recuerda que los suelos del planeta son responsables de absorber aproximadamente un 30% del CO2 emitido cada año por la industria y el sector energético. En agosto de 2019, se publicó el último informe del IPCC, donde se afirma que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores es el único modo de mantener el calentamiento global por debajo de 1.5°C. Los recientes informes sobre el estado de la biodiversidad del Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) señalan que alrededor de un millón de especies entre animales y plantas se encuentran al borde de la extinción a consecuencia de las actividades humanas. Esta plataforma indica que es inadmisible que tantos gobiernos, parlamentos, partidos políticos e instituciones públicas sigan entregados a las presiones de las grandes empresas, los bancos y los mercados financieros en lugar de velar por el bien común por las personas y el planeta que habitamos.
Palabras clave: Panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC), cambio climático,

Emerging and re-emerging diseases in the face of climate change.
Summary
The Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) conducted a study on the relationship between soils, agriculture and climate change, which calls for attention to the threats that can disfigure the biosphere and destroy the human species. The analysis highlights land use, food production, and greenhouse gas emissions. The IPCC warning ensures that agriculture, livestock and forestry generate 23% of total greenhouse gas (GHG) emissions each year. Furthermore, this panel recalls that the planet’s soils are responsible for absorbing approximately 30% of the CO2 emitted each year by the industry and the energy sector. In August 2019, the latest IPCC report was released, claiming that reducing greenhouse gas emissions from all sectors is the only way to keep global warming below 1.5 ° C. Recent reports on the state of biodiversity of the IPBES (Intergovernmental Platform for Biodiversity and Ecosystem Services) indicate that around one million species between animals and plants are on the verge of extinction as a result of human activities. This platform indicates that it is inadmissible that so many governments, parliaments, political parties and public institutions continue to be subjected to pressure from large companies, banks and financial markets instead of looking after the common good for the people and the planet we inhabit.
Keywords: Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), climate change.
1Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México. 2Faculatd de Agronomía. Universidad Autónoma de Sinaloa, México. 3Facultad de veterinaria. Benemérita Universidad autónoma de Puebla, México. 4División de Ciencias Agropecuarias. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. 5Universidad de San Nicolás de Hidalgo, Michoacán, México  6Departamento de Reproducción. INIA. Madrid, España.
Autor de correspondencia: Dr. Alejandro Córdova Izquierdo. Departamento de Producción Agrícola y Animal. Calz. Del Hueso 110 Col. Villa Quietud. C.P. 04960, Coyoacán, Ciudad de México. acordova@correo.xoc.uam.mx

Introducción
El IPCC indica que cerca de 30% de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia. El reducir estos desechos contribuiría para reducir las emisiones de GEI. El IPCC también afirma que es necesario combatir la desigualdad que impera en el sector rural a nivel mundial para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los patrones de consumo y el tipo de dieta predominante afectan la cantidad de tierra y agua que se necesitan para la producción de alimentos. El panel calcula que por cada kilogramo de proteína animal producida se necesitan 10,000 litros de agua, 9kg de granos y el equivalente a 18kg de capa orgánica de tierra.

El panel señala que no hay que olvidar que, bajo el capitalismo, el objetivo de la producción mercantil agrícola no es generar alimentos para la población, sino producir ganancias para las corporaciones. En la producción capitalista, el desperdicio es parte del valor agregado que se vende como mercancía.  Un rasgo fundamental del capitalismo es la tendencia a la concentración del poder de mercado en pocas empresas. Los abusos de la concentración del poder van desde la manipulación de precios de los productos hasta las violaciones de los derechos humanos de poblaciones campesinas.  El IPCC No es capaz de examinar el verdadero motor de la destrucción ambiental provocada, por ejemplo, por las grandes plantaciones de aceite de palma en el sudeste asiático, o por la ganadería y la soya transgénica en América Latina (Nadal, 2018a)

En la actualidad la concentración de GEI en la atmósfera alcanza unas 445 partes por millón (PPM). Cada año se añaden otras 2.5 partes por millón, si no se logran las metas de reducciones de emisiones a finales del siglo XXI se habrán añadido unas 300PPM y habremos alcanzado el nivel de 750PPM hacia finales de este siglo. Los modelos sobre cambio climático más rigurosos indican que ese nivel de acumulación de GEI nos da una probabilidad de 50% de que la temperatura promedio aumente unos 5°C con respecto a la que prevalecía a mediados del siglo XIX.  La última vez que el planeta tuvo temperaturas tan elevadas fue hace cerca de 30 millones de años. En la actualidad, los científicos advierten que nos estamos dirigiendo hacia un cambio de temperatura de 3°C. Las consecuencias del cambio climático serán: mayor desertificación, sequias, incendios forestales, eventos meteorológicos más violentos y más frecuentes, así como migraciones masivas. Desde que terminó la edad de hielo, hace unos 12,000 años, el clima se ha mantenido relativamente estable, eso provocó la consolidación de la agricultura y la incorporación de lo que hoy llamamos “civilización”, hoy esa pequeña franja en la que la temperatura se mantiene benigna se encuentra muy amenazada.

Los acuerdos internacionales para reducir las GEI son definitivamente insuficientes para limitar el cambio climático a niveles que no sean peligrosos. COP 25: La Conferencia de las Partes o COP es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En ella, los jefes de Estado y de Gobierno, o en su nombre los ministros, toman decisiones para intentar mitigar los efectos de la crisis climática derivados de la acción humana. Convocados por más de 850 organizaciones civiles y ecologistas en Madrid exigieron a los líderes mundiales acciones para frenar la crisis ambiental.

Aún si se cumplieran las promesas de reducciones de GEI en el marco del Acuerdo de París, el cambio climático alcanzará entre 3 y 4.5°C para finales de este siglo. Ese aumento de temperatura es una amenaza sobre la humanidad.  Actualmente las emisiones de GEI no están disminuyendo. Después de unos 3 años de estabilizarse, las emisiones han vuelto a aumentar. Los países con más emisiones son China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón y Alemania. México ocupa el duodécimo lugar. Lo que haga nuestro país en este terreno no solamente será una contribución a escala mundial, también tiene que ver con el bienestar y la seguridad de nuestra población, pues más de la mitad de los municipios de nuestro país, (2,457 municipios) se encuentran marcados por una fuerte vulnerabilidad frente al cambio climático. Con la panorámica descrita, la política energética de México debe abandonar el uso de combustibles fósiles y dar prioridad a la transición energética hacia las energías renovables (Nadal, 2019b).

La ONU ha afirmado que cambiar la forma de comer frenará el calentamiento global. El planeta necesita cambiar urgentemente la manera de usar y cultivar sus tierras para garantizar a la vez la seguridad alimentaria de sus habitantes y luchar contra el cambio climático, así lo señala el IPCC, quien subrayó la importancia de implementar acciones “a corto plazo” contra la degradación de las tierras, el desperdicio de alimentos y las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agrícola.

Cambio climático
Las delegaciones de los 195 países miembros del IPCC analizaron durante 5 días el informe denominado El cambio climático, la desertificación, la degradación de los suelos, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero. Cynthia Rosenzweig, científica de la NASA especializada en clima y coautora del estudio señala “La amenaza de que el cambio climático afecte a la comida que la gente lleva a la mesa está creciendo”. Si la gente cambia la forma en que se alimenta, cultiva la comida y gestiona los bosques, podrían ayudar a salvar el planeta de un futuro cálido.  La superficie cultivable de la tierra, que equivale apenas a alrededor de 30%, se calienta al doble de velocidad que la tierra en conjunto. El reporte especial, escrito por más de 100 científicos en la reunión en Ginebra, estudia cómo el cambio climático afecta a las tierras que se usan para el cultivo, para la ganadería o para los bosques, así como las cuestiones de la seguridad alimentaria, las prácticas agrícolas y la forma en la que la deforestación modifica el clima. Concluye que el uso actual de las tierras no es sostenible y contribuye al cambio climático.

Según el informe señalado, ya no queda mucho tiempo porque el calentamiento de las tierras emergidas alcanzó 1.53°C, el doble del aumento global de la temperatura (incluyendo los océanos). El margen de maniobra es muy estrecho si se quiere limitar el cambio climático y también al mismo tiempo alimentar de forma correcta a una población mundial que este siglo superaría 11 mil millones de personas.

Hoesung Lee, presidente del IPCC, expresó que la humanidad tiene que pensar de manera mucho más exhaustiva cómo utilizar cada hectárea. Las tierras tienen que permitir cultivar nuestros alimentos, proporcionar biodiversidad y agua dulce, dar trabajo a miles de personas y capturar miles de millones de toneladas de carbono.

El IPCC elaboró distintas hipótesis para lograr el objetivo de liberar el aumento de temperatura a 1.5°C o a menos de dos, respecto a la época preindustrial. Estas hipótesis incluyen el cambio del uso de las tierras, la reforestación y el uso de las bioenergías, entre otras medidas. Para el IPCC, además de reducir los gases de efecto invernadero, hay que cambiar también los hábitos de consumo. Actualmente, entre el 25 y 30% de la producción total de comida se desperdicia, y paralelamente unos 820 millones de personas en el mundo siguen pasando hambre. La mejora de las prácticas agrícolas (siembra directa y fertilización dirigida) pueden ayudar a disminuir el calentamiento al reducir las emisiones de carbono actuales hasta el 18% para el año 2050, según el reporte.

La pesca ilegal y la contaminación que arrastran los ríos a las costas han deteriorado los océanos. La pesca ilegal es un gran problema, ya que representa 20 por ciento de la actividad pesquera mundial y pone en peligro la vida marina, además de que se asocia a crímenes como contrabando de drogas y de personas. Se calcula que se pierden por año 23 mil millones de dólares por la pesca ilegal. De ese monto, 60 por ciento corresponde al océano pacífico (AFP, 2019). La Antártida, el casquete polar del hemisferio sur, se está derritiendo cada vez más rápido, por causa del caos climático provocado por el capitalismo industrial. El principal motor del cambio climático es el capitalismo industrial basado en combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) y los únicos que se benefician son una pequeña minoría de países, empresas e individuos ricos (Ribeiro, 2019).

La mayoría de las migraciones debidas al clima responden a la ecuación de que se producen en el llamado sur global. Mientras que el hemisferio norte es el causante del 80% de las emisiones de efecto invernadero. Por lo tanto, las naciones en vías de desarrollo son las que pagarán el progreso de las ricas, pues asumirán entre el 75 y el 80% del costo del cambio climático, según el Banco Mundial. Rosa Otero, portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en España comenta que es importante que los países se preparen ante estos fenómenos, pero en especial faltan más recursos para los países pobres que no tienen fondos.

Enfermedades emergentes y reemergentes
Las enfermedades animales emergentes y reemergentes en los últimos años se han asociado con brotes que tienen graves consecuencias tanto para la salud animal como la humana. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) a través de la FAO (2018) define una enfermedad emergente como «una nueva infección o infestación resultante de la evolución o cambio de un agente patógeno existente, una infección o infestación conocida que se extiende a una nueva área o población geográfica, o un agente patógeno previamente no reconocido o enfermedad diagnosticada por primera vez y que tiene un impacto significativo en salud animal o pública».

Por otro lado, también se puede considerar a una enfermedad endémica como reemergente si cambia su localización geográfica, expande su rango de anfitriones, o aumenta significativamente su prevalencia (Mehand et al., 2018) De acuerdo a reportes de la FAO (2018) las enfermedades emergentes son infecciones que han aumentado recientemente o amenazan con aumentar en el futuro cercano.

Estas infecciones podrían ser algunas descubiertas recientemente se refieren algunos ejemplos: apenas en diciembre de 2019 la influenza en China originada por el coronavirus Wuhan, que llevo al aislamiento por completo de la ciudad de Wuhan, el virus Bourbon, a veces mortal identificado en 2014 en Bourbon County, Kansas. O algunas completamente nuevas en un área (como el virus Zika en el hemisferio occidental).  También, es una enfermedad que reaparece en un área (como el dengue en el sur de Florida, Texas y Hawái). Pueden ser causadas por virus o bacterias que tienden a hacerse resistentes a los antibióticos, como la llamada «bacteria pesadilla” CRE (resistente a carbapenem). O las Superbugs. Si bien los brotes de enfermedades animales no son un fenómeno nuevo, las tendencias actuales han aumentado dramáticamente los riesgos asociados con ellas. En las últimas décadas, el rápido aumento de la población humana ha resultado en una demanda sin precedentes de productos ganaderos en todo el mundo. Esto a su vez ha llevado a la aparición de sistemas ganaderos cada vez más complejos y cadenas de valor en los que la selección de animales es principalmente basada en rasgos de producción en lugar de aquellos referentes a la resistencia a enfermedades (Newells et al., 2017).  El aumento en las medidas de bioseguridad mejorada en las granjas, según mencionan Ortigao y Gubler (2019) también contribuyó a la mayor vulnerabilidad del ganado a las enfermedades a las que pudiera llegar a exponerse, la erradicación regional o nacional de enfermedades infecciosas significa que los animales en estas áreas son inmunológicamente débiles ante posibles brotes y por lo tanto están en mayor riesgo de incursiones de patógenos. Con crecientes demandas en uso de tierras, prácticas agrícolas intensificadas, mayor transporte de ganado con fines comerciales, y la evolución y mutación de los patógenos mismos, la probabilidad de nuevas epidemias graves crecerá

Las enfermedades emergentes y reemergentes han cobrado mayor difusión por el calentamiento global, lo que permite que el mayor número de zonas geográficas alojen al mosquito (Aedes aegypti) transmisor de diversas enfermedades y también del Aedes albopictus o mosquito tigre, mucho más agresivo y difícil de combatir. La creación de mosquitos transgénicos en Brasil está fuera de control (Merianos, 2017). En el estado de Bahía se liberaron 450,000 mosquitos transgénicos por semana durante 27 meses entre 2013 y 2015, la evaluación de resultados y la comprobación de que los mosquitos se habían reproducido, esto se confirmó con la toma de muestras de mosquitos seis, doce y veintisiete meses después de comenzar las liberaciones, después del primer año de liberación de mosquitos hubo un aumento notable y reportado de casos de Dengue. La cepa de mosquitos usada por la empresa trasnacional Oxitec provenía de una cruza entre mosquitos originarios de Cuba y México, por lo que los mosquitos que existen en Brasil son un híbrido de 3 países. Las consecuencias de ese nuevo tipo de mosquito transgénico, asilvestrado y en libre movimiento, son impredecibles, tanto en sus efectos sobre la salud, como en otros mosquitos y en el ambiente. Se estima que podrán también cruzarse con otras especies de mosquitos más allá del Aedes aegypti (la especie primaria que transmite dengue, chikunguña y zika) y transmitir su material transgénico a Aedes albopictus (Cruz, 2019).  La fundación Bill y Melinda Gates financian a Oxitec para sus experimentos con mosquitos transgénicos. Esta fundación promueve también el uso de mosquitos con impulsores genéticos, una técnica altamente riesgosa para extinguir especies en la naturaleza. En África, esta fundación hizo una consulta muy deficiente sobre el uso de mosquitos transgénicos, evitando que la población tuviera información completa y crítica del experimento (Ribeiro, S. 2019 a). En ambos casos, tanto en Brasil como en Burkina Faso, queda claro que las poblaciones locales son usadas por las empresas y fundaciones como animales de laboratorio, no es sólo un experimento transgénico con insectos, es además un experimento con humanos – y con todo el ecosistema – que debe ser a la brevedad detenido (Ribeiro, 2019 y 2020).

Además de la problemática de la expansión de los mosquitos en Brasil, este país junto con Bolivia y grandes áreas de Paraguay han presentado desde agosto de 2019, más de 79,000 incendios en la Amazonia. Se calcula que se han quemado más de un millón de hectáreas de bosque tropical que ha arrasado territorios indígenas, muchos de los cuales habían sido invadidos legal e ilegalmente por la ganadería, la agricultura industrial y la minería. Se calcula que un millón quinientos mil habitantes de comunidades indígenas que están amenazados o ya sufren los impactos de esta crisis ecológica que está devastando la fauna, la flora y la diversidad biológica única. El fuego en estas zonas se expande siguiendo la ruta de las trasnacionales de ganadería y agronegocios. (Lefrancois y Thierry Pineau. 2016).  Se talan y queman bosques para abrir espacio a la soya transgénica de Bayer-Monsanto y a la cría de ganado JBS, la mayor trasnacional de producción industrial de carnes a escala global, la cual tiene una negra trayectoria de diversas violaciones legales entre otras, por comerciar ganado criado con la deforestación del amazonas. Si el fuego sigue propagándose – advirtió la coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica –  no solamente están en peligro los habitantes de 150 pueblos indígenas que habitan el Amazonas, también serían afectados 3.7 millones de kilómetros cuadradas de bosques, 44mil especies de plantas, 2,200 especies de animales, 2500 especies de peces de agua dulce y de 17 a 20% del total del agua dulce del planeta, además de que la pérdida de follaje de este ecosistema representa hasta un 10% de las emisiones de carbono global.

Hasta el momento, los incendios que arrasan Australia desde septiembre han consumido 10,3 millones de hectáreas, una superficie superior al territorio de Portugal, y se han cobrado la vida de más de 1.000 millones de animales. El secretario de medio ambiente de Nueva Gales del Sur, Matt Kean, ha señalado en un comunicado que la provisión de comida suplementaria es una de las estrategias clave que están empleando las autoridades para promover la supervivencia y recuperación de especies en peligro de extinción.

La trasnacional Bayer-Monsanto enfrenta más de 18 mil juicios en Estados Unidos por causar cáncer a ese número de víctimas a sabiendas de los efectos cancerígenos del glifosato, agrotóxico usado para la siembra de transgénicos. Todo lo anterior demuestra que el calentamiento global, junto con la creación de un mosquito transgénico contribuye en gran medida a la aparición de enfermedades emergentes y reemergentes, casi todas ellas metazoonosis. La metazoonosis son enfermedades en cuya transmisión participa un artrópodo. Para 2020, se espera que el sector ganadero represente el 50% de la producción agropecuaria a nivel mundial, de acuerdo a lo estimado por el NIPHE (2019). En los países en desarrollo, el resurgimiento incontrolado de enfermedades infecciosas amenaza el principal activo de las familias, previniendo así el escapar de la pobreza. Además, respecto a la morbilidad y mortalidad animal las infecciones representan una emisión injustificada de gases, lo que plantea una cuestión medioambiental. En un número creciente de países, las infecciones también se perciben como una preocupación principal para el bienestar animal. Dado que pueden ser contagiosas para los seres humanos o comprometer la seguridad alimentaria, las enfermedades infecciosas de los animales representan un problema directo de salud pública. También conllevan una amenaza indirecta, ya que la mayoría de las pérdidas del 20% que afectan al sector ganadero a nivel de producción ya que podrían obstaculizar los movimientos de animales vivos o de sus productos. Estas pérdidas plantean una cuestión de seguridad alimentaria para mantener una creciente demanda de proteínas de origen animal.

Por mencionar algunas que se describirán más adelante: Síndrome respiratorio del oriente medio (MERS), ébola, chikunguña, malaria, zika, fiebre amarilla y dengue, influenza aviar entre otras y la fiebre porcina africana como enfermedad epizoótica (Toledo, 2019). A continuación, se presentan algunos casos concretos de afectación climática:

  • El lago Chad en África todavía en 1963 se extendía en 26mil kilómetros cuadrados y hoy no llega a 1500 dividido en dos porciones. Esto significa una reducción de un poco más del 90%. En la década de los 60 existían 135 especies de peces en el lago y se capturaban unas 200mil toneladas de pescado al año.
  • También en África, en Mozambique, que es uno de los países más atrasados del planeta, ya que ocupa la posición número 180 de 189 en el índice de desarrollo humano (IDH). Este país en marzo de este año sufrió el paso de dos ciclones: Idai y Kenneth, que produjeron lluvias torrenciales. Un lustro antes, en ese país el cambio climático se manifestó de forma opuesta: Una gran sequía.
  • En Guatemala, un 46.5% de los menores de 5 años padecen desnutrición. Este país se encuentra en el llamado Corredor Seco Centroamericano y es víctima de una crisis alimentaria que se ha exacerbado por el cambio climático. La prolongación de la temporada seca en 2018 arruinó el 70% de las cosechas, mientras que las lluvias torrenciales dañaron el 50% de los pastos de los potreros.
  • En el altiplano peruano, en la región de Puno, a 4200 metros de altitud, los habitantes de Ajoyanin detectaron el cambio climático de forma diferente. El frío cada año más extremo mata a sus alpacas y congela el pasto, este camélido muy apreciado por su lana no ha sido capaz de soportar temperaturas de hasta -20°C. En esta localidad el 48% de las familias viven en situación de pobreza, por lo cual perder cabezas de este ganado significa menos ingresos y peor alimentación. En este poblado, el 25.6% de los menores de 5 años padecen desnutrición crónica, por encima de la tasa del país, que es del 14.4%. La anemia entre bebés de 6 a 36 meses se registra en el 76%, 20 puntos más que la media nacional.
  • Desde 1989, un informe de la ONU advertía que Kiribati se convertiría en el primer país en desaparecer anegado por las aguas. En 2007 el IPCC publicó su cuarto informe que concluía que el cambio climático era real y estaba provocado por el ser humano. Las islas de Kiribati apenas emergen dos metros sobre el nivel del mar en sus partes más altas, y unos pocos centímetros en las bajas. Por esta situación muchas comunidades se han tenido que desplazar e incluso emigrar.
  • La capital de Indonesia, Yakarta, será trasladada a la isla de Borneo. La construcción de la nueva ciudad alojará a 1,5 millones de habitantes, poco se sabe hasta ahora qué pasará con el restante 8.5 millones de pobladores de Yakarta.
  • En el Océano Antártico, un Iceberg de 5,800km2 es el mayor hasta la fecha que se ha desprendido en la Antártida, esto sucedió en el 2017.
  • En Borneo (Indonesia) en el periodo de 1999 a 2015 la población de orangutanes se redujo en más de 100mil ejemplares (cerca de la mitad del total) por el cultivo de la palma aceitera.
  • En la localidad de Ilulissat en Groenlandia, la presencia de crioconita (cenizas y hollín) depositada en la superficie de la capa de hielo, incrementa la absorción de calor y acelera el proceso de derretimiento de los glaciares.

Discusión
La reducción del riesgo de enfermedades animales emergentes y reemergentes es importante para controlar sus efectos directos e indirectos: desde sus obvios impactos perjudiciales en la salud animal y humana hasta sus implicaciones económicas más amplias en términos de pérdida de ingresos y costos sociales resultantes de brotes de enfermedades.  En la última década, brotes de enfermedades han llevado a la eliminación de cientos de millones de animales y han incurrido en costos que se encuentran en los cientos de miles de millones de dólares (FAO, 2018). Se estiman que los virus de influenza aviar pudieron haber llevado al sacrificio de 200 millones de aves solo en Asia, con pérdidas de más de 10 mil millones de dólares para el sector avícola de la región. Hasta la fecha en China se han sacrificado más de 250 millones de cerdos por el brote de peste porcina africana. Con las tendencias actuales del desarrollo humano, la globalización y el clima aumenta la probabilidad de enfermedades emergentes y reemergentes, una vigilancia más robusta, medidas de prevención y control serán necesarios para prevenir futuras crisis (Wiethoelter, 2016).

El impacto primario de la enfermedad es la reducción del tamaño y la salud de las poblaciones de animales. Pero los brotes también pueden tener consecuencias más amplias y duraderas sobre la salud general de los sistemas de producción animal que pueden ser difíciles de medir, tales como niveles reducidos de fertilidad, que pueden resultar en tasas de productividad más bajas. Las enfermedades animales emergentes y reemergentes también tienen consecuencias directas para la salud humana (WHO, 2016). Aproximadamente el 75% de las enfermedades animales emergentes son zoonóticas, lo que significa que se pueden pasar entre humanos y animales y viceversa, y muchos tienen el potencial de ser discapacitantes o incluso fatales si no se tratan.  Se estima que las enfermedades zoonóticas, endémicas y emergentes representan el 10% de todas las pérdidas entre las poblaciones humanas en todo el mundo.

Las enfermedades animales también pueden incurrir en costos asociados con las respuestas humanas a brotes, como los considerables costos asociados con la vigilancia, la prevención y control en poblaciones humanas y animales susceptibles; pérdidas en ingresos debido al cierre de mercados, restricciones comerciales y reestructuración industrial procesos y sistemas de gestión; e impactos más amplios sobre el turismo y la economía rural más amplia. En muchos casos, los costos de diagnosticar y tratar las enfermedades transmitidas a los humanos por los animales recaen en los gobiernos o en los pacientes mismos (Biyashev et al., 2016).

El éxito en el control de la propagación de enfermedades animales a los humanos, por lo tanto, ayudan a reducir la carga para las finanzas del sector público y privado. Además de ser una fuente de alimento, los animales también sirven como una reserva de riqueza y una fuente de ingresos, empleo, divisas, placer y compañía para personas de todo el mundo. El sector ganadero solo representa casi la mitad de la economía agrícola mundial. El impacto potencial de las enfermedades animales en la producción y el comercio de productos animales es significativo, especialmente dada la expectativa de que la demanda de productos ganaderos en los países en desarrollo se duplicará en los próximos 15 a 20 años (Benavides y Soler, 2016). El comercio de productos agrícolas también puede proporcionar una ruta importante para salir de la pobreza en los países en desarrollo, donde una gran proporción de la población depende de los animales para sus ingresos.

La investigación confirma que los efectos de las enfermedades emergentes en la salud humana y la estabilidad de la comunidad es más grave y duradera en los países en desarrollo, donde las condiciones de vida más pobres se asocian con tasas de infección más altas y una menor disponibilidad de tratamiento adecuado. Las interacciones más cercanas entre las personas, ganado y vida silvestre en estas regiones, y la creciente incursión de los humanos en áreas previamente inestables: puede facilitar el salto de patógenos entre especies y hacerlos puntos críticos para la aparición de nuevas infecciones zoonóticas.

Como la mayoría de los países en desarrollo tienen industrias nacientes de exportación, también requieren esfuerzos más largos y ambiciosos para establecer la confianza en la seguridad de sus productos después del brote de una enfermedad animal (FAO, 2018). Los impactos financieros del comercio y las restricciones impuestas por los países importadores después de un brote de enfermedad pueden a menudo ser mayores que las pérdidas directas debido a la enfermedad. Los brotes de enfermedades pueden ser muy costosos en términos de sus repercusiones en tanto la salud animal y humana como la carga económica que impone su tratamiento. El Banco Mundial ha estimado que las pérdidas combinadas en comercio, turismo y los ingresos fiscales debido a brotes de enfermedades animales han ascendido a aproximadamente 200 mil millones de dólares sólo en la última década

Las enfermedades infecciosas emergentes representan una amenaza significativa para los humanos y los animales, pero son inherentemente impredecibles. Aunque las tendencias históricas y los patrones de enfermedades pueden proporcionar información, determinar, cuál es la probabilidad de que surjan enfermedades y el impacto que tendrán en las poblaciones humanas y animales en sólo una suposición en el mejor de los casos.

Otro motivo de preocupación es la estimación de que entre el 60% y el 80% de las enfermedades emergentes son zoonóticas, lo que enfatiza la importancia de los veterinarios en la identificación, prevención y control de enfermedades infecciosas emergentes (Biyashev, 2016). Un enfoque ecosistémico de la salud considera que la aparición de enfermedades se encuentra en la intersección del agente microbiano, el hospedero (humano o animal) y el medio ambiente. Cualquier alteración en el agente, hospedero o ambiente puede alterar el riesgo de enfermedad. Por lo tanto, nuevas amenazas de enfermedades infecciosas pueden surgir de una variedad de fuentes.

La aparición de nuevos patógenos continúa ocurriendo. Si son altamente transmisibles, los nuevos patógenos pueden tener profundos efectos, ya que la población mundial estaría inmunológicamente desprotegida ante el patógeno emergente (Cunningham et al., 2017). Por ejemplo, la aparición del parvovirus canino en la década de 1970 se convirtió en una epidemia mundial, con una rápida transmisión internacional y altas tasas de morbilidad y mortalidad.

Las alteraciones en los patógenos existentes pueden afectar la virulencia de un patógeno (p. Ej., La adquisición de nuevos factores de virulencia) y la capacidad de tratarlos (p. Ej., La adquisición de genes resistentes a los antimicrobianos o la resistencia antiviral) o prevenir enfermedades (p. Ej., Alteraciones en la eficacia de la vacuna, resistencia a la Dirofilaria spp, que parasita al corazón).

La epidemia mundial de resistencia a los antimicrobianos, particularmente los estafilococos resistentes a la meticilina y la producción de β-lactamasa de espectro extendido en bacterias Gram negativas, ha tenido enormes impactos en las poblaciones humanas y animales. Los patógenos resistentes a múltiples fármacos causan grandes cantidades de infecciones cada año y pueden asociarse con tasas más altas de morbilidad y mortalidad; la necesidad de tratamientos más caros, tóxicos; y el riesgo de transmisión a otros humanos o animales (NIPHD, 2019). Se siguen identificando nuevos mecanismos de resistencia, incluida la resistencia a los medicamentos de «último recurso» como la colistina, y seguirán planteando un problema a la profesión veterinaria a medida que la evolución bacteriana supera el desarrollo antimicrobiano.

Muchos patógenos tienen rangos bien definidos que pueden estar limitados por la geografía y las medidas de control (por ejemplo, la rabia), rangos de vectores (por ejemplo, Borrelia burgdorferi), rangos de hospederos reservorios (por ejemplo, Cytauxzoon felis) y el clima (p. ej., varios parásitos) (Ortigao y Gubler, 2019). Los cambios en cualquiera de estos factores limitantes pueden resultar en el potencial de expansión. La expansión también puede ocurrir a través de actividades humanas (p. Ej., Movimiento internacional de humanos y animales) y transporte internacional accidental de plagas y, por lo tanto, los patógenos que transportan. Los rangos de expansión de varias enfermedades transmitidas por vectores son particularmente notables. En América del Norte, los rangos de garrapatas se han expandido debido en parte al cambio climático. Cuando los hospederos reservorios se mueven en paralelo con los vectores o cuando los hospederos competentes ya están presentes en las regiones de expansión, los patógenos transmitidos por vectores pueden propagarse con los vectores, como lo demuestra el movimiento constante de la enfermedad de Lyme hacia el norte y el oeste de los Estados Unidos y hacia Canadá (NCEEZID, 2018).

Se han identificado varios factores de las enfermedades infecciosas, muchos de los cuales son de origen antropogénico (Machalaba et al., 2015):

  1. i) Se ha señalado el papel de la expansión y la intensificación de la agricultura animal. Cambios en las prácticas de nutrición y agricultura, asociadas a la segunda revolución ganadera (1980-1990), han dado lugar a sistemas intensivos de producción, el uso frecuente de agentes antimicrobianos, altas densidades de animales en condiciones poco óptimas, y una disminución de la diversidad genética.
  2. ii) El cambio mundial en curso y el consiguiente cambio climático, así como los desastres naturales, han introducido perturbaciones y cambios de flujo en ecosistemas finamente ajustados que consisten, por ejemplo, en interacciones modificadas entre vectores de patógenos y hospederos.

iii) El crecimiento de la población, asociado con un acceso facilitado a los viajes tiene un fuerte impacto. Deben destacarse los determinantes socioeconómicos, como la inestabilidad política y las migraciones resultantes.

  1. iv) El comercio rápido y de gran alcance de productos animales y alimenticios tiene gran influencia. Varios tipos de cambios en las prácticas de procesamiento de alimentos también son un factor muy influyente.
  2. v) Cambios en el uso de la tierra, tales como: la urbanización, la deforestación y la invasión de la vida silvestre con contactos extensos y más cercanos entre los seres humanos, los animales en producción y la vida silvestre. Las barreras de las especies que cruzan a menudo ocurren en interfaces ecológicas.
  3. vi) Por último, cabe destacar que los países en los que se produce una descomposición de la capacidad en los ámbitos de la salud pública y la gestión de la salud animal se convierten en un eslabón débil en el esfuerzo mundial para prevenir, detectar y responder a los brotes de enfermedades. Además, las malas condiciones socioeconómicas generalmente se asocian con contactos más estrechos entre humanos y animales, así como una mayor exposición a los vectores, aumentando así el riesgo de la aparición de enfermedades en estos países (Royal Society, 2015).

La aparición aparente de una enfermedad a veces puede simplemente reflejar los avances en las pruebas de diagnóstico. Los avances en los métodos de laboratorio que permiten la detección rápida y rentable de todos los microorganismos en una muestra, incluidas bacterias y virus previamente desconocidos, han permitido identificar microorganismos desconocidos rápidamente y a bajo costo. Esto ha llevado a la identificación de innumerables virus «nuevos». Un ejemplo es la identificación del circovirus canino. Cambio en la susceptibilidad del host (Cunningham, 2017).

Se pueden desarrollar estimaciones lógicas y modelos de emergencia, pero la emergencia de enfermedades es en última instancia impredecible. Los nuevos problemas de enfermedades infecciosas plantearán amenazas para las poblaciones animales y, potencialmente, humanas. Las enfermedades infecciosas de importancia actual (FAO, 2018) pueden no haber sido reconocidas o consideradas importantes hace 5 a 10 años, y las enfermedades infecciosas que serán significativas dentro de 10 años pueden no ser reconocidas o consideradas importantes actualmente, lo que ilustra la naturaleza dinámica de la enfermedad.

Los desafíos a futuro para el control de las enfermedades emergentes y reemergentes se pueden vencer con una política ambiental adecuada. Los gobiernos, los reguladores y los representantes de la industria pueden seguir acciones para reducir los obstáculos al control de enfermedades: garantizar el desarrollo y la disponibilidad de medicamentos veterinarios, mitigar los riesgos de enfermedades animales emergentes y reemergentes. Empoderar a los servicios veterinarios. Fortalecer las instituciones y mejorar el conocimiento y la infraestructura local, particularmente en países en desarrollo (FAO, 2018).

En muchos países en desarrollo, la caza y el consumo de carne de los animales salvajes es una práctica cultural común, que contribuye a una gran parte de dietas diarias y aumento del riesgo de transmisión zoonótica.

Solamente entre los años 2004 y 2008 las pérdidas económicas a nivel mundial provocadas por el virus H1N1, la influenza aviar y el SARS (patógenos de origen zoonótico) se estiman en más de 130 mil millones de dólares, entre las afectaciones al humano y a la producción animal.

Según los patrones actuales de movimiento humano y animal, la perturbación del equilibrio del ecosistema vulnerable entre los patógenos, huéspedes y vectores. Por lo tanto, los patógenos alcanzan a nuevos nichos ecológicos, territorios y anfitriones. Enfrentado estas inestabilidades dinámicas, los patógenos responden a la incertidumbre o las amenazas movilizando su sistema: su plasticidad del genoma y su rápida adaptación a entornos cambiantes (Wiethoelter et al., 2016).

Más de la mitad de todas las infecciones de las que la gente se contagia son originadas desde los animales. Enfermedades como la rabia, Salmonella y el virus del Nilo Occidental son ejemplos de enfermedades zoonóticas enfermedades que se pueden compartir entre animales y personas. Los animales pueden a veces funcionar como advertencia temprana de signos de enfermedad potencial en personas (NCEZID, 2018). Por ejemplo, las aves mueren a menudo del Nilo Occidental virus antes de que las personas se enfermen con dicho patógeno.

En el frente global, el concepto “One Health” es adoptar un enfoque estratégico y específico para controlar las enfermedades infecciosas. The One Health Office está trabajando con múltiples socios para educar a la juventud rural en organizaciones agrícolas sobre la prevención de la propagación de enfermedades compartidas entre personas y animales como el virus de la gripe zoonótica. Expertos de One Health Office alrededor del mundo dirigen talleres de priorización de enfermedades zoonóticas para que países con recursos limitados puedan centrarse en la parte zoonótica de las enfermedades (por ejemplo, rabia y Ébola) de mayor preocupación nacional. Los participantes del taller incluyen un amplio grupo de personas que protegen la salud de personas, animales, o el medio ambiente, y ellos identificar las 5 principales enfermedades de ese país

El vínculo entre humanos, animales y el entorno circundante es particularmente cercano en las regiones en desarrollo, donde las comunidades agrícolas pobres acostumbran a criar animales que proporcionan transporte, energía de tiro, combustible y ropa, además de servirles como comida (FAO, 2018). Debido a la gran dependencia de los animales, las enfermedades zoonóticas pueden tener impactos devastadores aún más amplios en estas comunidades. Cuando se suma con pobreza, estándares sanitarios inadecuados y falta de resiliencia, pueden eliminar rápidamente gran parte del desarrollo que ha logrado un país.

En los últimos años, se desarrollaron controles modernos como animales mejorados genéticamente y los medicamentos que se han utilizado cada vez más junto con la vigilancia y métodos de control convencionales, que incluyen el sacrificio y restricciones de movimiento (incluyendo zonificación, compartimentación, aislamiento y cuarentena). Estas medidas se ven reforzadas por medidas adicionales, afectaciones económicas.

Conclusiones
Toledo en su artículo del 19 de noviembre de 2019 afirma que las afectaciones al medio ambiente se pueden frenar con una política de conservación biocultural basada en la biología de la conservación.

La biología de la conservación sostiene que la salud debe estar presente en el ser humano, en los animales y en los ecosistemas. Lo anterior implica además  que en la sociedad se tomen en cuenta no sólo los conocimientos científicos sino también los tradicionales sobre la naturaleza. Este autor señala que los pueblos originarios del mundo son quinientos millones de personas y que ellos hablan aproximadamente siete mil lenguas. Lo que plantea Toledo es fortalecer los estudios etnobiológicos y etnoecológicos realizados desde la interdisciplinariedad.

Estudios científicos muy recientes han demostrado a nivel global que las porciones de territorio con mayor biodiversidad coinciden con las áreas pobladas por indígenas. De esta manera se han localizado 35 regiones del mundo con las más altas concentraciones de especies (hotspot). A ellos agregaron otras cinco zonas donde la baja población humana mantiene una mínima o nula perturbación de los hábitats. En estas 40 regiones que representan apenas el 8.5% de la superficie terrestre existe 67% de todas las plantas vasculares y más del 50% de mamíferos, reptiles, anfibios y aves del orbe. La presencia de pueblos indígenas en estas 40 zonas revela que ahí se localiza el 68% de las lenguas habladas por esos pueblos, lo que sugiere que existe un estrecho vínculo entre la diversidad biológica y la cultural (Toledo, 2019).

Se deberán de mejorar las capacidades de gestión de la salud. Sigue siendo crucial abordar la aparición de enfermedades emergentes epidémicas en la producción animal. Por lo tanto, la medicina veterinaria y sus servicios deben mantenerse y desarrollarse a escala mundial. Tal objetivo es plenamente coherente con la estrategia de “Una Salud” de la OMS,

El flujo de datos de investigación y de campo deben proporcionar la información necesaria para una evaluación de riesgos, como añaden Lefranois y Phineau en 2016. Esto, a su vez, se espera que promueva la toma de decisiones basadas en la evidencia para una gestión eficiente del riesgo. Con el fin de prevenir y detectar brotes de enfermedades, una visión amplia es esencial para la formulación de políticas, la priorización de la vigilancia, la validación/difusión de prácticas y la anticipación estratégica (FAO, 2018).

Una cooperación más estrecha entre gobiernos, reguladores e industria es necesaria para garantizar el desarrollo y la disponibilidad de nuevos e innovadores medicamentos veterinarios (WHO, 2016). Es necesario aumentar la integración y comunicación entre los sectores responsables de la salud animal y humana para fortalecer los esquemas de vigilancia y utilizar mejor los recursos, para así lograr dos objetivos específicos: asegurar su propia salud y a sus suministros de ganado.

La detección rápida y la respuesta a las enfermedades emergentes pueden prevenir o limitar los impactos negativos a la salud animal, la economía, la seguridad alimentaria y la salud pública.

Con un enfoque colaborativo se podrá aumentar la capacidad de detectar, caracterizar, investigar y responder a las amenazas de las enfermedades emergentes, así como proporcionar información precisa a todas las partes interesadas.

. Priorizar enfermedades significa que los países pueden avanzar de manera más eficiente (WHO, 2016). Una serie de medidas están disponibles para productores y gobiernos para evitar que ocurran eventos de enfermedades, para combatir brotes cuando ocurren, y para reducir la probabilidad de futuros brotes.

En relación a la producción animal ésta se debe dirigir a los pequeños rumiantes,  a los porcinos y a las aves que impactan en menor escala que los bovinos  la producción de GEI.

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