Jueves, 13 de agosto de 2015

AGOSTO de 2015
Volumen XXXII
N° 328
ISSN 1852-317X

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enero 2015

La salamanquesa - reptil africano - en Rosario. Argentina.

FORO UNOLa salamanquesa pobló primero el barrio Martin y los alrededores del club Plaza Jewell’s.

En Portugal recibe el nombre de osga, en Galicia salmantesa, en Canarias pracan, perenquén o perinquén, en Cataluña, Valencia y Baleares dragó o dragonet y en Extremadura santorrostro o saltarrostro.

La salamanquesa o Tarentola mauritanica, llegó hace unas décadas desde Africa. Los rosarinos llaman “lagartija”. Se trata de una “fauna exótica urbana”, explica el veterinario dedicado a reptiles, Alejandro Tracchia, que se “reproduce de manera exponencial” porque en Rosario carece de “enemigos naturales”. Las primeras zonas que habitó tras desembarcar en el puerto fueron barrio Martin y los alrededores del club Plaza Jewell’s, pero hoy se ha extendido a casi toda la ciudad. Y lo más importante: no hace daño, sino que es más bien una especie benéfica porque ejerce un “control biológico natural”, sostiene el Director de Vectores del municipio, Guillermo Palombo.

Los primeros reportes de salamanquesas domiciliarias en la ciudad datan de los años 70 y 80, y se cree que su expansión fue explosiva (pueden poner entre dos y quince huevos), ya que hoy quedan pocos barrios donde ellas no estén presentes.

Todo indica que llegaron al país, “en forma intencional o accidental”, a bordo de barcos que traían leña, maderas y otros productos desde Africa, sostiene Tracchia, aunque en Buenos Aires, por ejemplo, adonde también arribaron, se cree que se “colaron” en cargamentos de corcho.

“Y como toda especie exótica que encuentra cobijo, alimento y agua gratis, y carece de enemigos naturales, se reprodujo de manera exponencial”, afirma Tracchia.

Inofensivo. Ante todo hay que saber que se trata de un animalito inofensivo, que se alimenta de insectos sobre todo nocturnos, por lo que se lo suele encontrar cerca de las luces que atraen a los bichos, y de ese modo “cumple una función regulatoria” de la presencia de grillos, mosquitos, arañas y cucarachas, entre otras.

De un tamaño que oscila entre 5 y 10 centímetros, con un color pálido que ha ido mutando hacia tonos más claros que el original, la “falsa lagartija” vive más bien escondida en grietas, taparrollos, recovecos y rincones oscuros de la casa, y como tiene hábitos nocturnos se la ve con mayor frecuencia desde el atardecer hasta el amanecer.

Las papilas que tiene en sus dedos, una suerte de ventosas, le permiten adherirse a las paredes, por las que se desplaza con suma rapidez, y sus ojos son grandes.

Una singularidad que la salamanquesa, comparte con algunas otras especies de lagartos, es su “autotomía”, explica el veterinario, una estrategia de defensa que le permite desprenderse voluntariamente de la cola para que, en caso de ser atacada (por ejemplo, por un gato), el miembro mantenga un movimiento reflejo “disuasorio” y su agresor se distraiga con esa ilusión de vida.

“No es que después le crezca otra cola, sino que genera un tejido cicatrizal oscuro y más duro”, dice Tracchia, pero eso le permite sobrevivir.

No es plaga. Palombo, por su parte, remarca que no se trata de una plaga y ni siquiera de un “vector” (es decir, un ser vivo capaz de transmitir enfermedades). “No representa ningún riesgo sanitario ni genera ningún problema a la población”, asegura, antes de definirlo como un animal “beneficioso, que ejerce un control biológico natural”.

Fuente: Silvina Dezorzi / La Capital