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junio 2009

Buenas Noticias en la Lucha contra el Mal de la Vaca Loca.

Las muchas investigaciones que se vienen realizando en años recientes sobre la encefalitis espongiforme bovina (EEB, mal de la vaca loca), han conducido a un gran incremento en la atención de investigadores de todo el mundo, atención que ha empezado a rendir progresos significativos destapando los misterios de esta fatal enfermedad.

Los nuevos descubrimientos, producto de estos esfuerzos, fueron anunciados por equipos de investigadores en Estados Unidos, Canadá y Alemania, y ellos podrían conducir pronto a la posibilidad de realizar pruebas diagnósticas para identificar ganado vivo infectado, carne contaminada infectada durante el proceso de sacrificio e incluso cuáles animales son portadores genéticos de la enfermedad.

Las pruebas de búsqueda en la carne ya han sido empleadas con gran exactitud por investigadores de la Universidad Estatal de Iowa y del Centro de Enfermedades Animales del Servicio de Investigaciones Agrícolas de Estados Unidos, que fueron quienes la desarrollaron.

Miembros del equipo anunciaron en agosto pasado que el pigmento lipofucsina, que es un compuesto presente normalmente y que se acumula en los tejidos durante la vida, tanto de humanos como de los animales, y que aparecen en niveles cada vez más elevados en animales que están afectados con EEB, en particular en los tejidos de su sistema nervioso central.

Debido al nexo fuertemente sospechado entre la EEB y el ganado y su contraparte humana – una variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob – en muchas partes del mundo está prohibido que los tejidos del sistema nervioso central entren en la cadena humana de alimentación.

La lipofucsina es fluorescente al estímulo con luz a ciertas longitudes de onda, de modo que los investigadores pudieron construir un aparato que da resultados en el mismo momento en que se hace la prueba – es decir, en tiempo real- y que se puede usar en la misma planta procesadora o rastro para identificar rápida y exactamente muestras de carne que se han contaminado con cantidades pequeñas de tejidos del sistema nervioso central.

Las implicaciones de una prueba comercial de esta naturaleza son inmensas, porque es un examen rápido, exacto y fácil de hacer que aumentará grandemente la capacidad de proteger a la cadena humana de alimentación de exposición a materiales que representan un riesgo específico de encefalitis espongiforme bovina.

Proteína encontrada en la orina

Por lo menos igualmente significativas son las implicaciones de un anuncio propalado en septiembre de 2008 por la Agencia de Salud Pública del Laboratorio Nacional de Microbiología de Canadá.

Sus investigadores identificaron, en un estudio en pequeña escala, una proteína en la orina que, cuando sus niveles fueron monitoreados y aumentaron con el tiempo, fueron 100% exactos para identificar la presencia de EEB en vacas.

Trabajando con investigadores del Instituto Federal de Investigación de Salud Animal de Alemania, los canadienses dijeron que el descubrimiento podría conducir al desarrollo de pruebas de tamizado para ganado bovino vivo, aunque es una prueba que requeriría pruebas periódicas en la orina de los animales sospechosos.

Actualmente la única prueba confirmatoria y exacta para detectar la encefalitis espongiforme bovina requiere sacrificar a los animales sospechosos, a fin de obtener una muestra de tejido de su cerebro. Si se puede desarrollar una prueba en animales vivos, dicen que también sería posible desarrollar una prueba similar para identificar la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob y otras condiciones de demencia humana.

La limitación del estudio canadiense es, sin embargo, que es muy pequeño, ya que sólo se utilizaron ocho animales.

Existiría un nexo genético…

Otro avance fue el anunciado en septiembre 2008 en la Universidad Estatal de Kansas, en donde los investigadores dijeron que la infección por EEB es causada, no sólo por animales consumiendo alimento contaminado, sino que ahora tienen la certeza que hay un factor genético que puede ser la causa.

Esta afirmación se hizo después de que el equipo de la universidad hizo pruebas genéticas en una vaca cruza de raza de carne, de 10 años de edad, que fue encontrada con EEB en marzo de 2006, en Alabama. Pronto se determinó que tenía una cepa atípica de EEB, pero los investigadores de Kansas descubrieron que tenía una mutación genética en su «gen de proteína priónica», que fue el mismo encontrado en humanos que contrajeron la forma genética ultra-rara o espontánea de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob. Este mismo gen mutante también fue encontrado en la cría de la vaca que fue examinada, lo que sugiere que la condición puede ser heredada.

El equipo de la Universidad de Kansas tiene confianza en que la forma genética de la EEB puede ser  controlada, de modo que han solicitado la patente para una prueba de tamizado que puede identificar a los animales portadores (toros y vacas) antes de que sean usados para reproducción.

Publicado por Nuestro Holando, nº 578, mayo 2009. Fuente: Hoard’s West. USA.