Lunes, 18 de marzo de 2019

MARZO de 2019
Volumen XXXVI 
N° 371
ISSN 1852-317X

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marzo 2014

Lluis María Pomar. El veterinario de Marivent.

Por Laura Jurado.

Nació en Palma en 1917 y falleció en 2009.

Su carrera puso patas arriba la veterinaria en Baleares. Primero fue un revolucionario en la ganadería, introduciendo la inseminación artificial en las vaquerías de las Islas. Pero el talento de Lluís Pomar pasó también por su faceta pública, desde la que impulsó los primeros reglamentos sobre la convivencia de los animales en Palma, para acabar como un auténtico pionero en elevar el tratamiento de las mascotas a la primera línea científica. Entre sus pacientes estuvo, incluso, el perro de la Reina.

Nació en Palma en 1917 aunque serían sus años en Madrid como estudiante de Veterinaria los que cambiarían su vida. A su regreso a la Isla, su figura no tardó en despuntar. En 1940 era nombrado veterinario titular de Ciutat, un puesto que ostentaría durante casi medio siglo y desde el que dio un impulso a la disciplina en la escena pública.

A finales de aquella misma década, el gobernador civil de Baleares le instaba a crear un centro de inseminación artificial para el ganado bovino, pionero en Baleares. Una institución, inaugurada en 1949 en unos terrenos en Son Ferriol.

Además de fundador, Pomar fue el primer director de aquel espacio que aunaba un pequeño laboratorio y una zona de vaquerías y desde el que se inseminaron muchísimas vacas del Pla de Sant Jordi. Pero aquel Instituto Provincial de Biología Animal también contribuyó a la mejora ganadera a través de la investigación y la experimentación, la lucha contra las enfermedades y al control de la producción y la reproducción.

Aquellos primeros años de la carrera del mallorquín serían un retrato de la evolución de la veterinaria. Ya en el siglo XIX, la profesión había pasado de una dedicación casi exclusiva al caballo a todo un abanico de cuestiones más ligadas a los animales productivos: genética, alimentación, etc. Una de sus contribuciones fue la redacción del primer reglamento sobre vaquerías y consumo de leche. «Por entonces no existía una central lechera sino multitud de lecherías, y Pomar marcó las pautas del control de la leche y su producción», señala el veterinario y discípulo de Pomar, Pere Pujol.

Apenas tres años antes, en 1946, el mallorquín se había convertido en presidente del Colegio de Veterinarios de Baleares (COVIB). El mismo desde el que sintió que aquella disciplina científica volvía a vivir una revolución: la de las mascotas. Asistía a la eclosión de los animales de compañía que copaban cada vez más la actualidad veterinaria.

«Este progresivo cambio se produjo especialmente por motivos sociológicos, es decir, a raíz del incremento en el nivel de renta de una parte de los ciudadanos que comenzaron a introducir perros y gatos en el núcleo familiar», llegó a escribir él mismo en la revista del COVIB. Y él, siempre al tanto de los avances, se sumó a aquella nueva corriente.

Durante los años 50 y 60 viajó a Inglaterra, Italia y Francia para formarse en la nueva especialidad de la mano de gurús de la época como Singleton, Turner o Lescure. A su vuelta, abrió en el barrio de Son Armadams la clínica Canis dedicada ya a animales pequeños. «Fue un auténtico pionero. En aquel momento no había más que cuatro veterinarios de la especialidad en Palma. Además, marcó muchas directrices que hoy continúan aplicándose», subraya Pujol.

En 1963 fundó la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA) y en 1978 se convirtió en el presidente de la asociación homóloga a nivel mundial. Esa década marcaría, precisamente, el boom de la veterinaria entre mascotas. «Pomar fue, sobre todo, un gran cirujano. Entre los avances que introdujo estuvo ser uno de los primeros en aplicar la anestesia por inhalación», afirma el copropietario del actual Hospital Veterinario Canis.

Su fama subió como la espuma. «Su clínica se convirtió en una suerte de laboratorio de prácticas para estudiantes de toda España. Entre ellos, yo», recuerda Pujol. Lo mismo ocurrió con sus clientes, entre quienes llegó a estar la Reina. «Pomar se convirtió en veterinario de los perros de Marivent durante los veranos que Doña Sofía pasaba en Mallorca, incluso en los tiempos de princesa», añade. Archie, el pastor alemán del palacio, fue su ilustre paciente.

Antes de su jubilación en 1987, el mallorquín preparaba un último triunfo: la creación de la primera ordenanza municipal para la inserción de los animales domésticos en la sociedad. Era, incluso, pionero en España.

Fuente: www.elmindo.es