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diciembre 2015

Etopatología: alteraciones de los mecanismos biológicos de la conducta y su detección en caninos y felinos domésticos.

Vet. Arg. – Vol.  XXXII –  Nº  332 – Diciembre 2015.
Rubén E. Mentzel*

Resumen
A partir de los conocimientos que aportó la etología, sumados a los conocimientos de la medicina veterinaria, surge como resultado una nueva especialidad denominada etología clínica. Esta rama de la clínica nos permite poder identificar los distintos problemas de comportamiento en carnívoros domésticos: conductas normales de la especie pero inaceptables para un adecuado vínculo humano-animal, conductas ritualizadas como consecuencia de mecanismos de adaptación y conductas patológicas que han perdido su capacidad adaptativa por volverse rígidas e invariables. Los procesos patológicos serían los mecanismos que modifican el comportamiento para llevarlo a un estado donde la respuesta del animal a su entorno se encuentra permanentemente alterada, es decir es patológica. Si bien el diagnóstico comienza siendo fenomenológicos, también hay información sobre la base neuroanatómica, neuroquímica, molecular y genética del problema, estableciendo diferentes niveles de diagnóstico correlacionados entre sí. Por lo tanto necesitamos recurrir a criterios diagnósticos uniformes e instrumentos de medición confiables, para mejorar los resultados obtenidos con el tratamiento.

Palabras Clave: Comportamiento, patología, trastornos, diagnóstico.

Summary
Clinical Ethology emerges as a new veterinary specialty, from the combination of knowledge provided by ethology and by veterinary medicine. This clinic specialty allows us to identify behavioral problems in domestic carnivores: whether they are normal behaviors of the species, but unacceptable for proper human-animal bond, or ritualized behaviors as a result of coping mechanisms, or pathological behaviors that have lost their adaptive capacity by becoming rigid and unchanging. The pathological processes would be the mechanism capable of modifying the behavior, making the animal’s response to their environment permanently altered; therefore pathological. While the diagnosis begins as merely phenomenological, there is also evidence about the neuroanatomical, neurochemical, molecular and genetic basis of the problem, establishing different levels of diagnosis, correlated with each other. Hence, we need to use uniform diagnostic criteria and reliable measurement tools to improve the results obtained with treatment.

Keywords: Behavior, pathology, disorders, diagnosis.

*M.V. Investigador Docente de la Escuela de Veterinaria, USAL, Pilar, Pcia. De Buenos Aires.
Especialista en Etología Animal.
Profesor Titular de Etología y de Prácticas Profesionales con Orientación, Facultad de Ciencias Veterinarias y Ambientales, UJAM, Mendoza.
rementzel@yahoo.com.ar

Introducción
Los problemas de comportamiento son la principal causa de abandono y muerte por eutanasia de animales de compañía, y por lo tanto cada día se torna más importante poder ocuparse de ellos. Los trastornos que se presentan son devastadores para el animal y su entorno físico y social. Los mecanismos involucrados se comenzaron a conocer solo en parte recientemente y su problemática es sumamente compleja. Sin embargo, ahora muchos de esos trastornos son potencialmente tratables. Lamentablemente la idea de que los animales de compañía puedan tener alteraciones primarias del comportamiento en ausencia de alteraciones físicas, sigue generando resistencia en la sociedad en general y en algunos profesionales veterinarios en particular. Es frecuente encontrar referencias al tema en forma despectiva o sarcástica, como “el psicólogo de perros” o “el perro en el diván”. Esto genera en la sociedad la idea de que ocuparse de los problemas de comportamiento sólo es una cuestión excéntrica o una estrategia para mercantilizar los sentimientos de los propietarios. Todo esto pese a que los padres de la etología moderna, como K. Lorenz, N. Timbergen y K. von Frisch, establecieron desde hace décadas las bases del método descriptivo y explicativo del estudio biológico del comportamiento animal, con un enfoque evolutivo y dentro del paradigma actual de la ciencia. Lo cierto es que a partir de los conocimientos que aportó la etología pudimos identificar las distintas pautas de conductas individuales y sociales normales en los animales domésticos. Para el caso de los perros y gatos, dentro de los patrones de comportamiento que conforman el repertorio especie-específico se encuentran las conductas de alimentación, predación, exploración, territorialismo, agonística, lúdica, de acicalado, de eliminación de excretas, sexual, maternal, termorreguladora y de descanso/sueños, éste último como el único patrón pasivo de conducta.1,2 Cuando a esto sumamos los conocimientos de la medicina veterinaria, en relación a la anatomía, fisiología, neurobioquímica, genética, semiología, patología y farmacología de estas especies, surge como resultado una nueva especialidad denominada etología clínica, medicina comportamental o zoopsiquiatría.14,16,17,18 e encarga de prevenir, diagnosticar y tratar las alteraciones del comportamiento, posicionando al veterinario como el único profesional capacitado y habilitado para atender estos problemas. Esta rama de la clínica nos permite poder diagnosticar los distintos problemas de comportamiento, y de esa forma poder establecer un pronóstico, un tratamiento, y mejor aún implementar medidas para prevenir su aparición. Por lo tanto el único profesional capacitado académicamente y habilitado laboralmente para atender estos problemas es el veterinario. La terminología que utilizamos para describir los trastornos del comportamiento animal es similar a la utilizada en psiquiatría.13 Muchas de esas condiciones parecen ser análogas y posiblemente homólogas a algunas de las que se presentan en seres humanos: ansiedades (ansiedad generalizada, ansiedad por separación, ataque de pánico), fobias (fobia social, específica, estrés postraumático), trastornos compulsivos (trastorno obsesivo-compulsivo), distimias (trastorno bipolar), síndrome disociacitivo (esquizofrenia), hiperactividad (déficit de atención e hiperactividad), depresión, sociopatía (psicopatía), agresiones (trastorno de impulsividad), demencias seniles, disfunción cognoscitiva (enfermedad de Alzheimer).10 Sin embargo los problemas de comportamiento en animales de compañía se clasifican inicialmente en 3 grandes grupos: 1) conductas normales de la especie pero inaceptables para un adecuado vínculo humano-animal, 2) conductas ritualizadas como consecuencia de mecanismos de adaptación que modifican la frecuencia o intensidad de los componentes de una pauta normal, y 3) conductas patológicas que han perdido su capacidad adaptativa por volverse rígidas e invariables, y que caracterizan a los distintos trastornos o enfermedades comportamentales de perros y gatos (también en caballos).11, 21 Las conductas inaceptables o inadecuadas corresponden a los distintos patrones de comportamientos. Miedo, excitación, vocalizaciones y agresión competitiva dentro de la conducta social. Preferencias alimenticias y robo de basura. Persecución y agresión predatoria. Aloacicalado y lamido de superficies. Destructividad, subir sobre muebles y excavar como parte de la conducta exploratoria. Escaparse y tirar de la correa en caninos. Saltar sobre la gente y juego descontrolado. Defensa del territorio y vagabundeo. Marcación urinaria y evacuación en lugares inadecuados. Monta sexual y masturbación. Agresión maternal, pseudopreñez e indiferencia con la cría. Por otro lado las conductas patológicas más comunes para cada patrón son: Hiperagresividad y miedo social excesivo. Juego agresivo. Autoacicalado excesivo con alopecia, autolaceración o automutilación.  Coprofagia, pica y disorexias. Destructividad permanente o ausencia de conducta exploratoria. Circulación estereotipada, hipermotricidad o inmovilidad. Diarrea, micciones frentes, enuresis y encopresis. Anestros prolongados, falta de líbido o hipersexualidad. Rechazo de la cría, infanticidio o canibalismo. Alteración del ciclo sueño/vigilia y disomnias. Los trastornos de comportamiento que se manifiestan a través de estas conductas, que actúan como signos clínicos del trastorno, corresponden por ejemplo a la sociopatía canina por un conflicto jerárquico crónico, la discocialización primaria tanto homoespecífica como heteroespecífica, las fobias simples y generalizadas con miedo excesivo e irreversible, los distintos trastornos de ansiedad con gran inestabilidad emocional y movilidad, la hiperactividad con déficit de autocontroles y gran impulsividad, el trastorno compulsivo con conductas estereotipadas y autolecivas, las distimias con alteraciones del ánimo, la impronta heteroespecífica con alteraciones en la conducta reproductiva, las depresiones con inhibición comportamental irreversible, y la disfunción cognoscitiva como un estado demencial.15

Antecedentes
Inicialmente se enfocó el comportamiento animal como un programa rígido que respondía a las demandas del medio, dando lugar al concepto de psicoide animal.3 El comportamiento alterado se explicaba entonces por estructuras neuroanatómicas patológicas, alteraciones en el programa genético innato o estimulaciones inapropiadas del medio que no le permitían expresarse correctamente. Por lo tanto sustrayendo al animal de ese medio debía normalizarse. Los casos que no respondían a este esquema se consideraron parapsicosis, y su irreversibilidad y rareza justificaban la falta de interés veterinario. Casi paralelamente el enfoque conductista tuvo su importancia planteando que el comportamiento es el resultado de un mecanismo de condicionamiento clásica, operante, o de ensayo y error.8 Las respuesta inadecuadas observadas frente estímulos disparadores son desafortunadamente reforzadas por el entorno (aprendizaje involuntario o mal conducido). La mente era una caja negra y no se tomaban en cuenta los mecanismos neurobiológicos del aprendizaje. Identificando la señal desencadenante y el elemento reforzador para eliminarlos o reorientarlos, o sancionando la respuesta, se podía corregir el problema. De esta forma sólo se identificaban y trataban signos (conductas), y no era necesaria una semiología y una nosología del comportamiento. Lo que no se podía explicar de esta manera se debía a patología física o anomalía genética o intrínseca, y era refractaria a toda reeducación. Estos enfoques no alcanzaron para explicar todos los cuadros que vemos en la clínica, pero gracias a los aportes actuales de la etología cognitiva, la epigenética, la neurobioquímica y la psicología experimental se han ampliado nuestros conocimientos. Y es así que un nuevo enfoque veterinario surge como resultado de la observación objetiva de la estructura secuencial de las conductas, el estudio de los mecanismos fisiológicos subyacentes y las pruebas farmacológicas sobre el funcionamiento neurobioquímico del cerebro, entre otras investigaciones, para dar un marco teórico, clínico y terapéutico a los trastornos.17 Éstos se explican entonces como la desorganización del comportamiento en la interacción entre el organismo y su entorno (patología comportamental), y permite el nacimiento de la etología clínica veterinaria o medicina comportamental veterinaria, a la altura de otras especialidades de las ciencias veterinarias.18

Etopatología
El organismo debe estar en equilibrio con un entorno en permanente cambio. Esta dinámica adaptativa estabiliza la relación organismo-entorno. Ante las variaciones del entorno el animal reacciona con modificaciones fisiológicas y comportamentales para recuperar el equilibrio inicial (homeostasis sensorial), como proceso de adaptación indispensable para la supervivencia. Esto se logra por incorporación de nuevos elementos (nuevos actos) y/o modificación de los elementos preexistentes (nuevas secuencias), expresándose como patrones comportamentales que llevan al estado de equilibrio inicial. En la enfermedad comportamental la presencia de ciertos procesos patológicos altera los mecanismos que van a modificar el comportamiento para llevarlo a un estado patológico o trastorno, donde la respuesta del animal a su entorno se encuentra permanentemente alterada. Entonces todos los comportamientos que al perder su plasticidad han perdido su función adaptativa, se deben considerar patológicos. Esos patrones de conducta son rígidos e invariables, incapaces de volver al estado de equilibrio, y se expresan bajos diferentes formas clínicas de morbilidad variable.

Según Pageat, esos procesos patológicos elementales se clasifican y describen de la siguiente manera18

  1. a) De origen exógenos (relacionales)

Sensibilización: Aumento progresivo de la respuesta de miedo con tendencia a fijarse, aumento de la vigilancia y reactividad. Alteración noradrenérgica y glutamatérgica.

Anticipación emocional: Acompaña a la sensibilización y consiste en miedo previo al estimulo sensibilizante y frente a otros estímulos asociados a aquel, como consecuencia de la hipervigilancia. Alteración dopaminérgica.

Inhibición patológica: Efecto inhibidor de la capacidad de reaccionar, no reversible y que no permite la adaptación. Alteración GABAérgica y serotoninérgica.

Proceso de instrumentalización: Desorganización y rigidez de secuencias de comportamiento como resultado de un aprendizaje operante (reforzamiento).

Involución: Alteración en la interacción entre respuestas emocionales y procesos cognitivos, con reacciones afectivas sin control, agitación, retraimiento y reaparición de conductas infantiles. Alteración dopaminérgica, serotoninérgica y noradrenérgica. Y se ve agravada por factores comportamentales (ansiedad crónica, cese de actividad habitual, inestabilidad jerárquica) y físicos (envejecimiento, hiperadrenocorticismo, hipotiroidismo, neoplasia cerebral).

  1. b) De origen endógenos (orgánicos)

Inmunológicos: Inflamación, alergias.

Neuroendócrinos: Endocrinopatías tiroideas, adrenales y sexuales

Envejecimiento: En realidad no es un proceso patológico, pero produce cambios específicos. Rigidez de membrana, modificaciones metabólicas, alteraciones de neurotransmisores, perturbaciones endócrinas.

Uno o varios de estos procesos patológicos elementales son los responsable del establecimiento y las características de los diferentes trastornos (entidades nosológicas), a los cuales Pageat denomina estados patológicos elementales:

Fobia: Producción de respuestas de miedo excesivo al ser expuestos a un estímulo o grupo de estímulos bien definido.

Ansiedad: Aumento de la probabilidad de desencadenar reacciones emocionales análogas al miedo, en respuesta a toda variación del entorno, con desorganización de autocontroles y perdida de la adaptabilidad

Depresión: Disminución de la receptividad a los estímulos, con inhibición irreversible.

Distimia: Alteración del humor caracterizada por fluctuaciones imprevisibles del ánimo y de la impulsividad, obnubilaciones, estereotipias, pérdida de inhibiciones sociales, alteraciones del sueño y del apetito.

Estado de instrumentalización: Rigidez del comportamiento que perdió su organización secuencial y la especificidad de su respuesta, relacionado con una marcada anticipación.

Fisiopatología
La evaluación de los problemas de comportamiento definitivamente se basa en la descripción de las conductas observadas. Por lo tanto el diagnóstico comienza siendo fenomenológico, sin embargo a partir de esas observaciones (y relatos del propietario) y los conocimientos que aportan las neurociencias, también estamos en condiciones de determinar cuales son las bases neurobioquímicas involucradas en la patología y correlacionarlas entre sí. Según Overall, los diferentes niveles de diagnóstico y mecanismos involucrados serían los siguientes:17

Nivel fenotípico: Es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente (epigenética). Corresponde al diagnóstico fenomenológico, descriptivo o funcional, con los criterios de necesidad y suficiencia para establecerlo. Tomemos como ejemplo para todos los niveles al trastorno compulsivo, que son aquellas conducta repetitiva, fuera de contexto o excesiva en frecuencia, intensidad y duración, que interferir con el comportamiento normal. Es el caso del granuloma por lamido.

Nivel neuroanatómico: Es el lugar donde se localiza la actividad. Corresponde al diagnóstico neuroanatómico. En este caso afecta la corteza frontal y prefrontal (orbitofrontal), ganglios basales (núcleo caudado), cuerpo estriado, núcleo dorsal del rafe y amígdala.

Nivel neuroquímico: Está determinado por los distintos tipos de interacciones neurofisiológicas. Corresponde al diagnóstico fisiopatológico. Por ejemplo disfunción de algunas vás serotoninérgicas, dopaminérgicas y noradrenérgicas, y menor metabolismo de los opioides endógenos, en el lamido excesivo.

Nivel molecular: Es el resultado de la interacción y regulación de los genes con los neurotransmisores y sus receptores. Corresponde al diagnóstico etiológico. Aumento o disminución de la actividad de los neurotransmisores mencionados, y/o hipersensibilidad o hiposensibilidad de las receptores específicos.

Nivel genético: Es el resultado de la heredabilidad y la plasticidad génica. Diferencias alélicas en determinados genes, relacionadas con la presencia de la conducta compulsiva.

Criterios diagnósticos y evaluación
Teniendo en cuenta todo lo expuesto hasta aquí, en los problemas de comportamiento debemos diferenciar las conductas normales, indeseables y mal comprendidas de aquellas conductas anormales que son signos de una patología del comportamiento. Por lo tanto las conductas motivo de consulta cuando estamos frente a un trastorno, al igual que en cualquier otro problema de salud, suelen ser sólo el signo (por ejemplo ladrido excesivo) y no el diagnóstico. Debemos entonces buscar el mecanismo involucrado para llegar al diagnóstico correcto (por ejemplo, ansiedad por separación), ya que de lo contrario el tratamiento sólo sería sintomático y mucho menos efectivo. Para ello recurrimos al examen clínico comportamental, donde los componentes principales son la reseña, la anamnesis (sumamente extensa y detallada) y la observación del paciente. Obviamente también se debe realizar un examen físico completo, y muchas veces recurrir a métodos complementarios de diagnóstico (hematología, bioquímica sérica, dosajes hormonales, electroencefalogramas, resonancia magnética y otros que se consideren necesarios). Lamentablemente aún no contamos con un criterio único de diagnóstico y los problemas de comportamiento pueden enfocarse clínicamente de varias formas: a) Por las conductas inaceptables o inadecuadas, en base a una clasificación fenomenológica que incluye agresiones, miedos, eliminación inadecuada, marcación, destructividad, vocalización excesiva, conductas para llamar la atención, vagabundeo, pica, coprofagia, monta, canibalismo, etc. b) Por los mecanismos patogénicos involucrados, postulando una etopatología que define a las entidades nosológicas como las sociopatías, ansiedades, fobias, hiperactividad, trastornos compulsivos, disociaciones, demencias, depresiones, distimias, etc. c) Por las disfunciones de patrones de comportamiento especie-específicos, teniendo en cuenta las teorías evolutiva, etológica y neurobiología, lo cual puede sugerir una neuroquímica superpuesta en las diferentes especies. Por ejemplo si la serotonina está involucrada, los serotoninérgicos podrían servir en todas las especies. Pero también podría haber diferencias significativas en su fenomenología y neurobiología por la participación de la dopamina, opioides, etc. Por lo tanto en clínica del comportamiento los diagnósticos son realizados en base a un grupo de signos no específicos, pero sí agrupados en forma exclusiva según la patología. Si bien la cantidad de animales afectados que se detectan de esta forma es real, muchas veces la denominación que le damos a los trastornos puede no ser la misma para todos los pacientes. Entonces para poder comparar casos problemas, medir la eficacia de diferentes tratamientos, determinar la influencia de aspectos sociales, estudiar los mecanismos involucrados o determinar la prevalencia de determinadas alteraciones con validez científica, necesitamos esquemas de diagnóstico uniformes e instrumentos de medición confiables. Un primer paso en este sentido son los criterios de necesidad y suficiencia, y los cuestionarios, pruebas y escalas de evaluación.

El uso de los criterios o condiciones diagnósticas de Overall, también se extiende a establecer criterios de exclusión cualitativos y hasta cuantitativos para estudios de investigación clínica.17

  1. a) Criterio o condición necesaria: Es un signo clínico de la lista de posibles, que debe estar presente para hacerse el diagnóstico.
  2. b) Criterio o condición de suficiencia: Es un signo clínico que estando presente, alcanza para identificar la condición.

El resto de los signos presentes en cada caso y su intensidad sirven para medir la severidad de la entidad o identificar diferentes presentaciones de la misma.

Los instrumentos de medición si bien no son suficientes para realizar los diagnósticos, son un importante recurso a la hora de valorar el grado de afección del paciente, seguir la evolución de un trastorno, comparar casos entre sí, o evaluar el efecto de un fármaco o una terapia implementada. Los hay de muchos tipos y frecuentemente se están desarrollando o validando nuevas herramientas.

  1. a) Cuestionarios: Están aquellos que se entregan antes de la consulta para que complete el responsable del animal, o los que llena el profesional durante la consulta. Otros se utilizan para aplicar los criterios de inclusión y exclusión cuando hay que seleccionar pacientes con determinados problemas para investigaciones clínicas (agresión, hiperactividad, etc.).
  2. b) Escalas de evaluación: Para distintos tipos de problema se utilizan cuestionarios o inventarios en los cuales se la adjudica un valor predeterminado a las distintas posibilidades de conductas mostradas por el animal, según el caso. Ese valor se define previamente en base a una escala de Likert. Cuestionario de Evaluación e Investigación Comportamental Canina (C-BARQ, siglas en inglés), valores de 0 a 4.12 Escala de evaluación de los trastornos emocionales y cognitivos (ETEC) y escala de evaluación del envejecimiento emocional y cognitivo, valores de 1 a 5.18 Índices de agresividad, valores de 1 a 3 (Pageat).  Escala de puntuación para hiperactividad y excitabilidad, valores de 0 a 10.5 Cuestionario del déficit de atención con hiperactividad humana modificada para perros (Dog-ADDH RS, siglas en inglés), valores de 0 a 3.20 Escala de evaluación de impulsividad en perros (DIAS, siglas en inglés), valor de 1 a 5.23     C) Pruebas: Consisten en pruebas (test) y sus respuestas realizadas en condiciones controladas, o evaluaciones en condiciones no controladas, y en algunos casos con una escala de medición. Test de Campbell basado en 5 pruebas en condiciones controladas, y 4 pruebas complementarias no controladas. Tres pruebas y un cuestionario sobre desarrollo del cachorro.19 Modelos de agresiones inaceptables (MUAS, siglas en inglés), con 43 pruebas.22 Evaluación mental de perros (DMA, siglas en inglés), consistente en 10 pruebas con valores de 1 a 5.7 Escala comportamental de actividad-impulsividad (AIBS, siglas en inglés), que en realidad es un test con 4 pruebas con valores de 0 a 3.13 Existen muchas otras pruebas más, pero no es el objetivo de este trabajo recopilar información sobre todas ellas.

Presentaciones clínicas y recursos terapéuticos
Estas presentaciones clínicas en animales aparecen espontáneamente en ausencia de manipulación genética o neurobioquímica y pueden ser análogas a las condiciones humanas, sirviendo como modelos animales naturales con validez predictiva. Las características sociales y de comunicación de perros y gatos, la madurez sexual previa a la social, el corto intervalo generacional y las características raciales específicas, nos proveen una única oportunidad para entender mejor sus problemas y ayudarlos, mientras nos ayudan a entender mejor nuestra propia condición. En la actualidad el enfoque veterinario de las alteraciones de  comportamiento (medicina comportamental) se centra cada vez más en la etiología neurobioquímica de los problemas de comportamiento, como resultado del desarrollo de las neurociencias. Los procesos de memoria demostrados en animales y los modelos cognoscitivos de la mente animal como procesador simbólico, son cada vez más tenidos en cuenta en la teoría y la práctica de la psicoterapia, y permitieron el desarrollo de las técnicas cognitivas-conductuales de modificación del comportamiento que usamos actualmente en veterinaria.9 Paralelamente la investigación psicofarmacológica de las últimas décadas produjo grandes avances, no sólo en el tratamiento de los trastornos, sino también en el conocimiento de los mecanismos involucrados y en la identificación de las entidades nosológicas.4,6 La intervención comportamental, como la farmacológica, pueden modificar sistemas neurobiológicos específicos de ciertos trastornos. Cambios en la mente como resultado de las terapias producen modificaciones neurobioquímicas y viceversa como resultado del uso de fármacos de acción central cada vez más específicos.

Conclusión
El desafío es poder integrar todos los conocimientos y, una vez establecido el diagnóstico, recurrir a todos los medios terapéuticos disponibles como la modificación ambiental, las terapias cognitivo-conductuales y los psicofármacos. Además, para seguir mejorando nuestros conocimientos debemos promover una mayor cantidad de investigaciones en animales domésticos, utilizando test de comportamiento, pruebas psicofarmacológicas, métodos de imágenes cerebrales funcionales y estudios neurobioquímicos postmortem.

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