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enero 2010

Descubren en Africa los Fósiles del Bos buiaensis, el Antepasado más Antiguo de los Bovinos.

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) hallaron los fósiles del antepasado de los toros en un yacimiento en Buia (Eritrea). El Bos buiaensis, como fue bautizado el hallazgo, medía pasaba casi una tonelada y su cornamenta medía más de dos metros.

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El paleontólogo Bienvenido Martínez-Navarro, líder de la expedición que halló el fósil, comentó que el cráneo del animal estaba hecho añicos, por lo que solicitó la ayuda del restaurador Francesco Landucci, de la Universidad de Florencia.

“Se trata de una pieza espectacular que vino a confirmar la hipótesis que ya había lanzado yo dos años antes, cuando llegué a la conclusión de que los toros modernos tienen una estrecha relación con los búfalos de Olduvai”, señaló el experto, según informa el portal del IPHES.

El Bos buiaensis vendría a ser un eslabón entre los búfalos de Olduvai, que hoy están extinguidos y se conocen como Pelovoris, y el Bos taurus primigenius, es decir, el toro salvaje de Europa actual.

“Aunque la estructura craneal tiene rasgos primitivos de los búfalos, su anatomía es la de un toro moderno, muy robusto y adaptado a una dieta de pastos, que vive en unos espacios abiertos porque con su cornamenta, no podría moverse entre la vegetación”, comenta Martínez-Navarro.

Los llamativos cuernos que miden dos metros de punta a punta, están dirigidos hacia fuera. En cuanto al cráneo, prácticamente completo, es muy robusto y parece adaptado a una dieta de pastos “ya que con su cornamenta difícilmente podría moverse en ambientes boscosos, explica Martínez.

Los detalles del trabajo se han publicado en la revista “Quaternary International” y las piezas reconstruidas se conservan en el Museo Nacional de Eritrea, en Asmara. En la zona de Buia, cerca del mar Rojo, se encontró en 1995 un cráneo humano de la misma antigüedad, lo que sugiere que ambas especies se expandieron por el resto del mundo de forma sincrónica y siguiendo las mismas rutas, insiste el paleontólogo del IPHES.

Los humanos aún no habían descubierto la ganadería, pero posiblemente sí tenían capacidad para cazarlos: “Podría decirse –concluye- que los toros han formado parte de nuestra dieta desde hace al menos dos millones de años”, finaliza el investigador.

Hace un par de años el paleontólogo Bienvenido Martínez-Navarro escribió un artículo científico donde explicaba que el “Pelorovis”, un mamífero con cuernos que vivió durante el Pleistoceno, era el antepasado del toro, pero se trataba de un razonamiento teórico sin pruebas. Hoy como por arte de magia, el mismo investigador ha hallado estos restos, que constituyen un auténtico eslabón perdido para demostrar que su hipótesis era cierta.

Fuente: EFE