La Mujer en la Profesión Veterinaria.
Dra. Susana Barberis
ASHARIVE, Año IX, Nº 69, abril 2011.
Antes de comenzar nuestro relato de acuerdo a su título, se debe adentrar en la historia mundial acerca de cuando la mujer tuvo acceso a esta profesión y que dada la índole de este trabajo deber ser bastante escueta.
En la época de la Edad Media. Llamada como es sabido “período oscuro de la historia”, los médicos humanos y los que después serían llamados veterinarios no tenían prácticamente prestigio, sus conocimientos eran empíricos y estaban signados por las supersticiones. Existen referencias acerca de que en el Circo Romano los médicos se ocupaban de atender a los gladiadores y las mujeres del cuidado de los animales que se empleaban en los espectáculos. Como testimonio de esta situación, se puede citar la circunstancia que en el Museo Galorromano de la ciudad de Lyon, Francia, se encuentra una lápida que correspondió a la tumba de una “médica de animales”.
En el orden mundial existe una controversia acerca de quién fue la primer médica veterinaria. Para muchos fue Alleen Curt, de origen irlandés, que se graduó en el New Collage de Edimburgo, Escocia en el año 1897. Su historia es digna de ser contada.
Obtuvo su título con nombre y sexo falso, pero no pudo oficiarlo hasta 1922 debido a que el Real Colegio de Veterinarios no se lo permitía. Durante la Primera Guerra Mundial se desempeñó en el Hospital Veterinario de Francia, en la Cruz Azul, destinada al cuidado de los animales y que como, ustedes saben fue creada conjuntamente con la Cruz Roja. Una vez terminada la contienda regresó a Irlanda donde ejerció la Clínica y la Inspección de Alimentos.
Para otros investigadores fueron las rusas Krusewka y Dobrowsiskaia, egresadas de la Escuela de Veterinaria de Zurcí, Suiza, en 1889. De la primera no se tiene ninguna información, pero la segunda se sabe que ejerció como Veterinaria Sanitaria de Distrito en la Rusia meridional.
En los Estados Unidos de Norteamérica, Mignon Nicholson obtuvo su diploma en 1903, siendo la primera mujer veterinaria. La Dra. Elinor McGrath fue admitida en la Asociación Médica Veterinaria de Chicago en 1916. Ella y la Dra. Florence Kimball, de la Universidad de Cornell, Ithaca, New Cork, son reconocidas como las pioneras de la Clínica de Animales Pequeños.
También hay que citar a la Dra. Mariana Plehn, la primera mujer designada como profesora en la Escuela de Veterinaria de Munich, Alemania, en 1915 y a la finlandesa Inés Sloberg graduada ese año en la misma Escuela.
También debemos recordar a la Dra. Mariana Plehn, la primer mujer designada profesora en la Escuela de Veterinaria de Munich en 1915 y a la finlandesa Inés Sloberg, graduada ese año en la misma Escuela.
En Inglaterra, en una época no muy lejana ya que se trata de 1915, su publicó un artículo que en los tiempos actuales causaría gracia, titulado: “Los Veterinarios no quieren mujeres” haciendo hincapié en :”…resultaría poco poético que una linda chica se pusiese a vaciar el recto de un asno o asistir el parto de una vaca”
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial tuvo una gran influencia en el desempeño de la mujer en la profesión veterinaria. Como era lógico, los veterinarios iban a la guerra y era necesario reemplazarlos. En 1917, en Illinois. Estados Unidos, un grupo de esposas de los pocos veterinarios que quedaban, con el lema de “Hospitalidad”, se agruparon para ayudarlos en sus trabajos, Esta asociación fue creciendo y pronto se formaron otras en distintos puntos del país.
Casi treinta años después, otra guerra asoló al mundo. Entre los hombres que marchan a ella vuelven a ir los veterinarios, no alcanzaban los que quedaron, pero ya la mentalidad acerca de la mujer en la veterinaria había cambiado y con el apoyo de aquellas asociaciones, ésta comenzó a ingresar a las Facultades de Veterinaria.
Terminada la contienda se realizó en Londres, el Congreso de Medicina Veterinaria y Zootecnia que había sido suspendido por ella. Allí se unen las Asociaciones de Mujeres Auxiliares de la Profesión Veterinaria, formando la Asociación Mundial de Mujeres de la Profesión Veterinaria a instancias de la Sra. Booth, esposa de un veterinario Estas Asociaciones tuvieron una destaca actuación en Benedit de la profesión, incluida la Argentina, de la que durante muchos años fue Presidenta la Sra. Inés Rosenbusch de Decamps.
Debido a que en el año 1985 la cantidad de graduadas ya era muy importante, esa Asociación trató de adaptarse a la nueva situación, abriendo sus puertas a las veterinarias y a sus esposos. Como muestra del accionar de esta entidad hay que señalar el hecho que la Guardería Infantil que funciona en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, fue creada por ella.
España resulta ser un caso muy particular. Desde el siglo XVIII la mujer tuvo una destacada actuación en el mundo de los toros. Existe una historia que dice que una madrileña, apodada “la Pajelera”, debido a que se ganaba la vida vendiendo antorchas y pajuela de azufre, fue una excepcional torera. Una tarde, en la Plaza de Zaragoza, impresionó tanto al pintor Goya que la inmortalizó en un agua fuerte de su colección “Tauromaquia”, que hoy se puede ver en el Museo del Prado.
En este país, la actuación de la mujer en la veterinaria está llena de anécdotas. Hasta el año 1925 la profesión estaba reservada a los hombres. María Cerrato Rodríguez, nacida en un pueblo de Badajoz, era nieta de un veterinario, Su padre tenía una herrería y el hijo varón no quiso seguir la carrera. La situación económica se presentaba muy mala para los veterinarios, siendo que la herrería era mucho más rentable, por lo que el padre para seguir con su negocio, con el que mantenía a la familia, necesitaba la asistencia de un veterinario para continuar con él. Fue así que entusiasmó a su hija para que estudiase veterinaria. Ese año ella solicitó permiso a la Universidad de Córdoba para inscribirse, debido a que una Real Orden del 11 de junio de 1888 establecía que las mujeres no podían cursar estudios universitarios. Ejerció la profesión hasta 1967, año en que se
jubiló. Hoy, en su pueblo natal, Arroyo de San Serván, una calle lleva su nombre.
Otra fue Vicenta Ferreres Navarro en 1956.y lo hizo porque siendo funcionaria de la Municipalidad de Málaga y no habiendo veterinarios varones disponibles, tuvo que reconocer los toros y hasta asesoró al Presidente de la Plaza de Toros.
En Madrid, la primer graduada fue la vasca Luz Zalduegui, quien se recibió con excelentes notas el 18 de julio de 1935. Casada con un colega veterinario que iba a trabajar en el Protectorado de Marruecos, se presentó a concurso por un cargo pero se lo negaron por ser mujer.
Hasta aquí hemos narrado unos pocos ejemplos de las vicisitudes que sufrieron las primeras mujeres veterinarias en el mundo.
Al considerar lo sucedido en nuestros país, se puede advertir que no ha permanecido ajeno a este problema de la discriminación de la mujer veterinaria.
Corría el año 1936, y en aquella época, en nuestra vieja Facultad de Agronomía y Veterinaria, se produjo un hecho trascendente, no solo para la veterinaria argentina sino también para la de toda Latinoamérica. Desafiando prejuicios sociales, culturales políticos, y el concepto que la profesión veterinaria no era para las mujeres, en julio de ese año se graduó como Medica Veterinaria Amalia Pesce de Fagonde, Amalita para quienes tuvimos el placer de conocerla, y como no recordarla, siempre coqueta y muy querida por sus compañeros. Había comenzado sus estudios, pero al casarse, los interrumpió por un tiempo la Facultad, hasta que luego los retomó y terminó la carrer a.
Desde sus comienzos se dedicó a la microbiología. Trabajó en la Sección Patología Animal del Ministerio de Agricultura y ganadería de la Nación, donde creó el primer laboratorio de anaerobios. Después viajó a Francia, becada por el gobierno francés en el Instituto Pasteur de París. A su regreso se dedicó al estudio de los sueros y vacunas.
Falleció en 1982.
Ese mismo año de 1936, en el mes de diciembre, en la misma Facultad, egresó María Teresa Pansecchi de Marzoratti, quien de inmediato abrazó la carrera docente en la Cátedra de Clínica de Animales Pequeños, desempeñándose en los cargos desde Ayudante al de Profesora, que lo fuera de los veterinarios que aun quedamos de aquella tiempos, que la recordamos con verdadero cariño.
El 13 de marzo de 1937, se recibió Emma Mocoroa, que fuera la primera graduada en la Facultad de Veterinaria de La Plata, quien también, como casi todas las profesionales de esa época, se ocupó de la microbiología.
La Dra. Estela Susana Menchaca, muy conocida por su destacada actuación en la docencia y en el ejercicio de la profesión, egresó de la Facultad de Agronomía y Veterinaria en 1942. Fue vicepresidenta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y cuando éste quedó acéfalo, no le permitieron ejercer la presidencia porque era mujer.
En el año 1945 se presentó a un concurso en la Municipalidad de Buenos Aires y obtuvo el primer puesto, pero no le dieron el cargo por ser mujer. Como era una vasca tozuda, les hizo juicio y lo ganó. Pero los colegas no se lo perdonaron. La destinaron al Mercado de Concentración de Pescados, que funcionaba de noche, en la madrugada, en Barracas.
Allí trabajó durante nueve años y como era muy buen dibujante pintó todas las especies comestibles argentinas, además de organizar el Museo de la Repartición. Posteriormente integró las Comisiones Directivas del Consejo Profesional de Buenos Aires y de la Sociedad de Medicina Veterinaria.
La evolución que sufrió la incorporación de la mujer en la profesión se puede apreciar en la cantidad de matriculados en el Consejo Profesional de Médicos Veterinarios de Buenos, creado por la Ley Nª 14072 en el año 1951. Al disponerse la matriculación obligatoria de los médicos veterinarios en 1960, lo hicieron 492 profesionales, de los cuales 23 eran mujeres, es decir, el 4,67 %. En 1974, este porcentaje no llegaba al 10 %, pero poco a poco fue creciendo, hasta alcanzar en el año 2001 el 50 % y en la actualidad, el 75 %.
Como un dato ilustrativo, se puede decir que en Finlandia, actualmente esta proporción es del 95 %.
Pero este relato que quiere rendir un homenaje a todas las mujeres que prestigiaron con su trabajo a la profesión veterinaria, siguiendo el ejemplo de la Dra. Fagonde. Así no podemos dejar de citar a la Dra. Renée Lacoste, que fuera vicepresidente del Consejo Profesional de Médicos Veterinarios (Ley 14072) en 1965; a la Dra, Ana Giacosa de Crescini, que ocupara importantes cargos en el desempeño de la profesión, en el citado Consejo Profesional y en la Sociedad de Medicina Veterinaria; a la Dra. Martina Segura de Aramburu, de destacada actuación veterinaria y que fuera Presidenta de la citada Sociedad; a la Dra. Julia Clelia D´Oliverira de Podestá que fuera la primera Decana y a la Dra. Susana L. Mirande, que también se desempeñó como Decana, ambas de la Facultad de Ciencias Veterinaria UBA. Tampoco puedo dejar de mencionar la Dra. Carmen Núñez de Tavella, con quien mantuve una cordial amistad hasta su fallecimiento, debido a un cáncer de la lengua que ella misma se diagnosticó.
Y como corolario, vaya también nuestro reconocimiento a las heroínas de todos los días que eligieron esta profesión que enamora y que desde los consultorios, laboratorios, fábricas, control de alimentos, en la salud pública, docencia, investigación, en las Fuerzas Armadas y de Seguridad a pesar de las desventajas de su sexo, trabajan para el engrandecimiento y prestigio de la Profesión Veterinaria.










