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febrero 2021

El caballo en los pueblos de la antigüedad Parte II.

TC (R) Vet Hugo Funtanillas
Podología Equina hugofunta52@gmail.com

ROMANOS: (27 a. C. al 476 d. C.) (lo llamaban caballus o equus).
No fueron especialistas en caballería, por su organización para el combate, basada en la infantería (hombres de a pie). Tardaron en “descubrir” el valor bélico del caballo y adoptarlo como tal. Incluso al principio, no sentían por él, ninguna atracción, pero luego lo hicieron el animal predilecto.

Hacia el año 200, había 20.000 caballistas en el Campus Martius.

Lo utilizaron mucho en festividades; al pony Fell, lo llevaron desde Britania (provincia romana entre los ss. I y V), a la península ibérica.

Lo que llama la atención, en los romanos, es que montaron con estribos recién en el 330.

Al respecto, el cine suele faltar al rigor histórico dado que, en series de televisión o películas relacionadas con Cristo, Semana Santa, etc., aparecen romanos montados con estribos, pero los estribos aún no existían para ellos en occidente.

Recién en el s. VI, aparecerán en Bizancio (ex Constantinopla).

El caballo fue muy usado por los romanos, en sus carros que distribuyeron por toda la frontera para tener más agilidad de movimiento, ligereza, etc., hasta que más tarde, lo incorporaron como arma. Pero inicialmente al igual que mulas, burros y bueyes, fue usado solo para transporte. Advirtieron que los cascos se desgastaban e implementaron medidas muy primitivas de protección, con accesorios pesados, de difícil sujeción y que ocasionaban heridas.

Ellos aún no herraban con clavos, pero no lo hacían por crueldad, sino porque no conocían el herrado como tal; y esto es lo que asombra, dado que con el dominio territorial que tenían, ya en esa época, había pueblos que herraban (Además “siempre” se dijo que Julio César en su “Comentario de las guerras de las Galias” (escrito entre el 58 y 51 a. C.), describe tres tipos de herraduras con clavos que en ese tiempo parece ya tenían los celtas.

En fin, cosas no fáciles de comprender…; (con el estribo, como fue dicho, ocurrió algo parecido). Nota: Aquí aparece otro dato en apariencia, ¨contradictorio¨, ya que son muchos los autores que han citado y citan el “Comentario […]” de Julio César respecto a las herraduras elaboradas y usadas por los celtas, pero como se dijo en la Historia del herrado, Parte I, Boletín 121, los celtas tenían gran manejo del hierro, sin embargo (según Eduardo Agüera Carmona, 2008), no herraban; por lo tanto, se ha tratado de un dato erróneo difundido por Gmelin, veterinario militar francés, a partir datos del arqueólogo francés Jules Quicherat (1814-1882); ese dato, se mantuvo desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, y así lo repitieron distintos autores hasta el presente. El mismo Julio César, en el 55 a. C., llega a las costas de Kent (Inglaterra) y es allí donde conoce a un poni nativo de la zona y como era robusto, veloz, resistente y seguro, lo llevó a varias provincias romanas. Ese “petiso” se cruzó con el caballo continental, y de ellos surgió el “celdón” (o thieldon), al que los romanos llamaron, Equus magnus que significaba “gran caballo”, pero no por su porte sino por sus bondades.

Finalmente, otra hazaña realizada con Julio César en el 49 a. C.: ¡cruzaron El Rubicón! En realidad, no fue hazaña por las características del cruce del río en sí mismo, (el caballo cruzó muchos ríos y muy peligrosos), sino porque lo que políticamente representaba eso; tanto que de ahí surgió la famosa frase ¡Alea jacta est!, ya que Julio César había decidido algo grandioso, pero no menos grave: enfrentar a Pompeyo, pero en su papel de procónsul (gobernador), le estaba prohibido ir contra el gobierno central.

Los romanos no se destacaron en la cría o reproducción del caballo, sino de mulas; más tarde, dado el auge de las carreras de cuadrigas, se dedicaron más a la cría del caballo, en la región sur de la península, descubriendo todas sus bondades.

DESPUÉS DE CRISTO MURO DE ADRIANO:
Ya fue citado anteriormente; lo mandó a construir el emperador Adriano (uno de los cinco mejores que tuvo Roma), siendo gobernador, Aulus Platorius Nepo (s. II), para detener el avance desde el norte (actual Escocia), de pueblos invasores como pictos y escotos.

Ese muro tenía 117 km de longitud de este a oeste (entre el mar del Norte al este, y el mar de Irlanda al oeste, hoy cercanías de Newcastle), seis metros de altura y tres metros de espesor. Lo construyeron entre el 122 y 127 d. C. y para ello usaron el pony fell, montañés de la zona, de 1,40 metros de alzada o menos, y que por entonces los romanos lo usaban solo para tiro.

Con él acarrearon los materiales. Unos veinte años después, en el 142, pero más al norte, otro emperador, Antonino hizo construir uno similar. También para ello, fue usado el poni en el acarreo de materiales.

 IMPERIO BIZANTINO
(o imperio romano de oriente como se llamó, luego de la división tras la muerte de Teodosio I El Grande, en 395). Ahí había muchos caballos; Constantino formó un ejército de caballería de 150.000 hombres así que el número de caballos era igual o mayor… Pero en esa época, aparece la silla de montar, con estribos. Además, en materia de cuidado de los pies, y como dato tecnológico, el hierro comenzó a reemplazar al esparto y cuero usado como sandalias protectoras (hiposandalias; para los griegos, ippodémata o kardatinaii).

HUNOS (s. V d. C.):
Lo llamaban “yond”. Llegaron a Roma desde el Mar Caspio, como parte del denominado “Período de las grandes migraciones” (de los bárbaros, entre los ss. III a V); fueron muy buenos arqueros montados (por aquello comentado sobre los estribos) y se dice que llevaron el herrado a Roma (?). Se disgregaron con la muerte de Atila (453), dos años después de la derrota en los campos Cataláunicos (Francia, 451) por parte de la alianza entre Teodorico (visigodo) y el general romano Flavio Aecio, quien dijo: “Solo podemos vencerlo, si le sacamos los caballos”. Hacia el final del s. IV, algunos de esos pueblos germánicos bárbaros de occidente, ya tenían el estribo.

ÁRABES:
Lo llamaban “hisanun” o “farasun”; aquí la historia es más interesante aún, porque tiene mucha relación con la actualidad.

A la muerte de Mahoma en el 632 y como parte del expansionismo del islam, los árabes llegan a España entre 711 y 716 (y permanecieron hasta 1491); ocho siglos que marcaron la evidente la influencia cultural que ejercieron en España, en todo sentido, pero en cuanto al caballo, aportaron grandes mejoras en todo lo relativo a cuidado, cría y el arte de la equitación.

Tuvieron especial atención en la genealogía, por lo que la influencia en la mejora de otras razas del mundo, es notable. Luego de la caída del Imperio Romano (en el 476 d.C.) y durante la Edad Media (476 a 1453), surge el ideal de la caballería como arma, por la función del caballo en relación a la infantería (los soldados de a pie). Así aparecerán: la protección para el cuerpo, con pesadas mallas metálicas, la silla y estribos, etc.

Esto también impuso el uso de caballos de mayor porte, como aparecen en las pinturas de la época (como la de Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, obra de Velázquez, de 1634 o antes, los de los cruzados). Los estribos en Europa occidental, son adoptados en el s. VIII.

MAHOMA (570-632);
Nunca tuvo una cantidad importante de caballos. Tenían una sólida tradición “camellera”, ya que el camello les brindaba: resistencia, paciencia y sobriedad. No obstante, amaba al caballo; decía Mahoma: “Cuántos más granos de a tu caballo, más pecados se te perdonarán” (de lo que puede deducirse con ironía claro, que muchos caballos han muerto de cólico por sobrecarga de granos…).

El expansionismo del islam: Comienza con la muerte de Mahoma, y así es como llegó entre otros lugares, entre ellos, a la península ibérica el 28 de abril de 711, conducidos por el bereber Tarik (quien, dicho sea de paso, desembarcó [literalmente] en la bahía hoy conocida como bahía de Gibraltar dando nombre al hoy conocido como “peñón de Gibraltar” dado que “Gibraltar” en árabe > ğbal Tarik, djebel Tarik o jabal tarik, significaba “piedra de Tarik”).

VIKINGOS:
(Escandinavia, 789 – 1100) Aunque son asociados siempre con el mar, este pueblo también tuvo al caballo entre sus recursos.

Lo conocieron en Arabia, en sus viajes por el sur; lograron ser muy buenos jinetes y no tenían casi protección para ellos, ni para los caballos; lo hicieron muy hábil para todos los terrenos.

Los caballos del norte, eran más grandes y pesados acorde al fenotipo ancestral de la región por aquello comentado sobre las corrientes de migración desde Mongolia hacia el oeste y norte de Europa en este caso; los llevaban en sus viajes, y el caballo fue personaje importante de sus leyendas. IMPERIO MONGOL:
Al mencionar este imperio, estamos haciendo referencia directa a su fundador, Gengis Kan (1162 – 1227). El caballo fue su arma más importante en un territorio que llegó a tener treinta y tres millones de kilómetros cuadrados.

El carro: también evolucionó…: Roma, Grecia, Persia y Egipto, usaron primero el carro, como arma. Después tuvieron una importante caballería. En general el diseño era parecido, con dos ruedas y con el tiempo hasta llegaron a ser lujosos.

Los carros tirados por un caballo, se llamaban bigas, los de tres, triga y los de cuatro caballos cuadriga. Auriga se le llamaba al “conductor”. Entre batalla y batalla, o en tiempos de paz, se generalizó el empleo del caballo en torneos y juegos a caballo como una forma de preparación para la guerra.

Con el tiempo, esto dio origen a los deportes hípicos.

Por lo tanto: ninguna de las grandes guerras, como: Guerra de Troya: ss. XIII-XII a. C. Guerras Médicas (3): griegos contra persas – s. V a.C. Guerras Púnicas (3): Romanos contra Cartagineses. (264-146 a.C.). Las Cruzadas (ocho) (1095-1291) La Reconquista española Guerras Religiosas: Francia – 1562-1598 Guerra de los 100 años: (Francia e Inglaterra; ss. XIV y XV). Guerra de devolución: España 1667-1668. Guerra de Secesión NA: 1861-1865 Guerra de Sucesión española: 1701-1713/14. Guerra de la Independencia Española: 1808-1814 Guerra de la Independencia norteamericana: 1775-1783 Guerra de la independencia hispano/americana: 1810-1824. Y tantas otras, no hubieran sido posibles sin el caballo como gran recurso.

Todo lo expuesto, implica que esos grandes personajes de la antigüedad, antes de Cristo, como: Salomón, Nabucodonosor, Ciro “el viejo”, Darío II, Filippo II, Alejandro Magno, Constantino, Asdrúbal, Aníbal, Julio César, y muchos otros o después de Cristo, como: emperadores romanos, Atila, Teodorico, Roderico, Tarik, Pelayo, Carlomagno, Urbano II, Gen gis Kan, El Cid, Saladino, Solimán, Napoleón, Simón Bolívar, Benito Juárez, Pancho Villa, San Martín y muchos otros, claro…, nada hubieran podido hacer sin el caballo.

Los pueblos precolombinos:
No conocieron al caballo, hasta la llegada de los españoles a América en el s. XVI. Esto es parte de la historia de su llegada a este continente y fácil es imaginarse el impacto o asombro que causó en los nativos (algo que está muy bien documentado).

Con todas las idas y venidas de fundaciones, etc., surge un nombre adicional para los caballos: “cimarrones” o “baguales” 1 : estos, fueron los caballos de don Pedro de Mendoza que quedaron libres, más los que entraron por el norte, y Chile, estuvieron domesticados cerca del hombre pero que, por distintos vaivenes, volvieron al estado “salvaje”; volvieron a la libertad.

Y así nace la diferencia entre “estado salvaje” y “cimarrón”. El llamado “salvaje”, nunca tuvo contacto con el humano, en cambio el cimarrón, era y es el caballo que fue domesticado y que, por distintas causas, recuperó su libertad, se “escapó”, se “alzó”, e “hizo su vida” en las pampas, se reprodujo, se multiplicó, pero en realidad su comportamiento, no refleja el de la especie, porque la domesticación, le cambió parte de su estructura “mental” 2 . Quizá “asilvestrado”, sea la denominación más apropiada para diferenciarla de la condición “salvaje”.

Con el perro y cerdo, suele ocurrir lo mismo; perros cimarrones, chanchos salvajes. 1 La palabra “bagual” deriva del nombre de un cacique de la época de Garay, que, en contra con el sistema de conquista, evangelizador, etc., que trató de convertirlo, decidió abandonar todo ello e irse a vivir en soledad y desde ahí luchar contra los conquistadores [un Barrabás de la colonia…]. “Cimarrón”, deriva del griego kima, que significa, hinchado. 2 Comportamiento del caballo; Ma. De la Paz Salinas; Revista La Especie Equina (AAVE), nro. 23, 2008.

Nuestro indio y el caballo:
También nuestro indio, tuvo su caballo de pelea. Este iba al combate con dos caballos: en uno se desplazaba hacia el lugar de batalla y llevaba “de tiro”, el que usaría para pelar (y la lanza arrastrando, creando las conocidas “rastrilladas”). El indio los adopta aproximadamente unos treinta años después de la segunda fundación de Buenos Aires, realizada en 1580. Así lo mencionan documentos como las Actas del Cabildo de 1607 (primeros documentos). 3 Transcurridos unos cuarenta años, en 1580, Juan Torres de Vera y Aragón ordena a Juan de Garay instalar el segundo Puerto Santa María del Buen Ayre (lo que ocurrió donde hoy es San Telmo en la ciudad de Buenos aires). Ya en ese entonces los caballos en estas pampas, eran numerosísimos, ¡había grandes manadas!; Garay los ve cuando hace una en expedición al Cabo Corrientes y queda asombrado por la cantidad.

Es así como en 1591, le otorga permiso a los pobladores para cazarlos (a lazo y boleadoras); los corrales, no existían; el alambrado, tampoco (llegó en 1845). 3 Fernando Romero Carranza; Diario El Tradicional, julio 2002. Guía de pelajes […], 2009, pp. 24 a 27. Era una importante cantidad que ocupaba la zona que hoy es la desembocadura del Salado en la bahía de Samborombóm (según Tomás Falkner) y de ahí los tomaban.

No obstante, Gabriel Huarte,4 señala en su importante trabajo, que se desconoce cuándo se constituyó la dualidad indiocaballo.

Pero eso no cambia mucho las cosas. El estado sociocultural del aborigen a la llegada del español al Río de la Plata, correspondía a lo que los historiadores llaman “cazador superior”, es decir, un nómada que desconocía el cultivo de plantas alimenticias y que, al decir de Ulrico Schmidel (cronista de la expedición de Pedro de Mendoza), era un “corredor a pie”, que vivía de la caza y la pesca, de ahí que su hábitat estaba ubicado en cercanías de corrientes de agua o lagunas (abundantes en nuestras llanuras).

Según Ricardo Levene (padre), hacia 1628, se vieron indios montados por la zona de Tandil, Sierra de la Ventana y otros lugares de la provincia de Buenos Aires.

También es dicho esto, por Ramón Gorraiz Belloqui, en “Crónicas del Tandil de ayer” (Edit. UNICEN, 1978).

Habiéndolo adoptado, el indio lo usó como elemento de caza, transporte y arma de guerra. Lo mismo ocurrió con el mustang en América del Norte: primero fue la caza de búfalos; luego, el acoso a los colonos que llegaban del este y con quienes disputaban el territorio y la caza.

Un conflicto de intereses que escaseaban… Una historia muy similar a la nuestra, en la que los fusiles Remington, Henry y Winchester, tuvieron un papel importante, entre 1860 y 1870. Para el indio, el caballo era también parte de su alimento (siempre lo fue, pero más aún, cuando el guanaco empezó a escasear); la carne de yegua era su preferencia, sobre todo, asada; a la sangre, que mucho les atraía, la comían coagulada, en trocitos o la lengua; en general, comían las partes más gordas, los costillares de potro, pero también desperdiciaban mucho lo que indica que había abundancia.

Nunca mataban animales flacos. Resulta muy elocuente la afirmación de Gabriel Huarte al decir que, “Cuando el indio se convirtió en jinete, dejó de ser “determinado”, para convertirse en “determinante”, y agrega que “surgen así, tres largos siglos de epopeya, marcados por malones, incendios, matanzas, cautivas, lágrimas, marchas y contramarchas en la línea de frontera, una lucha trágica y heroica en la que sobresalen como arquetipos, el gaucho, el colono, el soldado de frontera y ese indio, jinete, dominador y bravío, defensor con su vida, de la tierra de sus ancestros”.

Los indios patagónicos y tehuelches, mapuches o araucanos (estos invadieron desde Chile), llegando a San Luís y Córdoba con las tribus ranqueles, también adoptaron al caballo y sus hábitos cambiaron…, mejor dicho, ¡sus vidas, cambiaron! 4 HUARTE, Gabriel. UNICEN, Tandil. El caballo, sostén y motor de la sociedad indígena. Diario “El Eco de Tandil”. 100 Años. 1982. pp. 17-19).

Los del N y NO, mantuvieron su tradición de andar “a pie”; lo mismo los guaraníes (en este caso, porque los jesuitas, no les permitían montar). Luego con los graves conflictos con los bandeirantes entre 1630 y 1641, pudieron hacerlo y ello está reflejado en una pintura del padre jesuita Florián Pauke, (1719-1779), denominada “Cruzando el río”.

Continúa en Parte III (última).

 Dirección del autor: hugofunta52@gmail.com

Fuente; Ciberboletín Nº 122de ASARHIVE).