Sábado, 17 de agosto de 2019

AGOSTO de 2019
Volumen XXXVI 
N° 376
ISSN 1852-317X

Archivo

octubre 2013

Perros de guerra.

Por Dr. Faustino Carreras.

Ciber Boletín Nro 7, ASARHIVE

Después de haber domesticado al perro, el hombre descubrió que uno de los servicios que le podría prestar era el de participar en sus guerras, que no fueron pocas, desempeñándose como mensajeros, combatientes, cargueros (municiones, alimentos o medicamentos), tiro de pequeños vehículos, vigilancia y guardia, portadores de bombas o simplemente como mascotas de unidades militares.

Así fue como desde los tiempos más antiguos, mucho antes que se inventara la pólvora (China, siglo IX) cuando se empleaban arcos y flechas, lanzas y armas de corte se utilizaron los perros en las contiendas.

No es fácil efectuar una consideración o interpretación de la evolución del empleo de los perros en las guerras, porque las características que presentan cada una de ellas varía con las posibilidades de cada país o ejército participante, los que aplican sus medios tácticos y tipos de armas de acuerdo de a sus posibilidades económicas, políticas y sociales. Por lo tanto, se considera conveniente efectuar un ordenamiento cronológico de las principales guerras que se llevaron a cabo en todo el orbe. Además, es posible que se piense que en algunas partes el texto se presente deshilvanado en el relato, pero esto no es así, porque lo que sucede es que frecuentemente la información encontrada es escueta y muy puntual, por lo que parecería pobre cuando no lo es. De cualquier manera quedará bien expuesto que el perro ha ayudado, lo está haciendo en el presente y lo seguirá haciendo en el futuro en esta tarea que el hombre realiza para destruirse a sí mismo.

Indudablemente que para esto se necesitan animales de gran físico con mandíbulas bien desarrolladas capaces de una mordida potente y con gran espíritu de ataque. Estas características las reúnen los molosos, que tuvieron origen en Molosia, región de Epiro situada en el centro oeste de Grecia, que eran muy apreciados tanto en su país como fuera de sus fronteras.

Del moloso se derivó el Dogo o Mastín del Tibet. El que a su vez es considerado como el ancestro de todos los mastines actuales. La más antigua representación de este mastín es un bajorrelieve asirio de una antigüedad de 4000 años A.C, que muestra a un soldado que tiene sujeto del collar a un perro de este tipo. Además, en el British Museum de Londres, se encuentran cinco figuritas de terracota que representan a perros del tipo moloso, halladas en los yacimientos arqueológicos de la antigua ciudad de Nínive, situada en la confluencia de los ríos Tigres y Khosr y destruida en el año 612 A.C. Es interesante señalar que este perro ha sido citado por Aristóteles, filósofo griego (384-322 AC.) y por Marco Polo, que en uno de sus viajes por el Asia, en el Tibet en 1271, describió a un perro “alto como un burro y potente como un león”.

Todo esto pareciera asegurar que este sería el perro de guerra que utilizaron los asirios en sus campañas militares.

También se cree que fueron los fenicios los que introdujeron los molosos en Europa entre los siglos X y V A.C.

Egipto.
En realidad en Egipto existían solamente lebreles de miembros y cola largos. Los que llevaron a este país los molosos (de origen asirio) fueron los hicsos, que lo invadieron entre 1785 y 1539 A.C.

Cuando cesó este dominio, los egipcios advirtieron las condiciones de estos animales para la guerra y los incorporaron a sus ejércitos. Se los conducía con un collar de ahorque, que en las batallas se lo reemplazaba por otro que llevaba hacia fuera una especie de púas grandes de forma cónica.

También eran empleados en la guardia y custodia de templos y palacios, llevando entonces esos collares con púas.

El faraón Tutankamon, que gobernó Egipto entre 1336 y 1327 A.C. hizo pintar una escena de guerra, en la que se lo ve a él persiguiendo a soldados nubios a los que les dispara flechas, a la vez  que son atacados por los perros que llevan collares con púas metálicas,

En un desfile efectuado en Alejandría, el faraón Ptolomeo II que gobernó a Egipto entre 285 y

246 A.C., hizo desfilar un regimiento de 2.400 perros del tipo moloso, que según las crónicas de esa época tenían el tamaño de burros y eran feroces como leones, necesitando cadenas y collares especiales para su conducción.

Grecia.
Según una leyenda muy popular en Grecia, en el mes de mayo de 581 A.C la ciudad de Corinto, situada en el istmo del mismo nombre a unos 80Km. de Atenas, estaba de fiesta en honor a Afrodita, por lo cual muchos de sus habitantes estaban ebrios, quedando solamente como seguridad de los accesos cincuenta perros colocados estratégicamente. Aprovechándose de esta situación, los nauplios (un pueblo enemigo acérrimo de los corintos). Efectuó un ataque por sorpresa a la ciudad, matando a los perros menos a uno, llamado Soter, el que escapó a la ciudad y pudo hacerse entender dando cuenta de lo que pasaba en la guarnición militar que allí había. De esta manera Corinto se salvó de una verdadera masacre. En agradecimiento y reconocimiento a los cuarenta y nueve perros que habían muerto se les erigió un monumento, siendo Soter honrado con un collar de plata que llevaba una inscripción que decía: “A Soter, salvador de Corinto”.

Jenofonte (431-354 A.C) historiador, militar y filósofo griego, en su libro “Cinegético” dedicado a la caza, habla extensamente de los perros y describe los diferentes tipos de este deporte, señalando su utilidad como preparación para la guerra.

Alejandro Magno (356-323 A.C), Rey de Macedonia, según sus historiadores fue el que llevó a Grecia el Dogo del Tibet y lo empleó en sus ejércitos como medio de transporte de alimentos y armas y combatiente en las batallas. Su moloso, de nombre “Periles” murió peleando durante la conquista de la India.

Polieno, abogado macedonio y experto militar (siglo II), en sus obras “Suda” y “Strategemata”, se refiere a estos perros diciendo: “Una vez incorporado el perro como animal de guerra comienza a participar continuamente en conquistas y actividades bélicas, Su empleo estaba plenamente dirigido e incorporado a diversas estrategias cumpliendo funciones de ataque y de enlace, esto última consistía en que se hacía ingerir a un perro un tubo de cobre que en su interior contenía un mensaje y cuando llegaba a destino era sacrificado y eviscerado para recuperar el tubo con la información.”

República e Imperio Romano.
El período de la República Romana transcurrió entre los años 509 A.C a 27 A.C Durante ella se produjeron varias guerras de mayor o menor importancia. Una de ellas tuvo como uno de los protagonistas a Aníbal, general cartaginés (247 – 183 A.C) que atacó a los romanos cruzando los Pirineos y los Alpes en 218 A.C, llevando 90.000 soldados de infantería, 12.000 de caballería y varios batallones de molosos adiestrados para la guerra.

El Imperio Romano sucedió a la República Romana y se extendió desde el 27 A.C hasta 476 D.C. con respecto a la introducción en él de los molosos existen dos teorías, Una, dice que fueron los griegos, y la otra expresa que cuando Julio César (100-44 A.C) invadió a Britania en el año 55 A.C. encontró allí perros de gran tamaño, los mastines o mastiif que eran los descendientes de los molosos llevados por los fenicios.

De cualquier manera, los soldados romanos quedaron muy impresionados por la fuerza, temperamento y combatividad de estos animales, los llamaron Canis pugnaces (perros de combate) empleándolos primero en los espectáculos del circo y posteriormente en sus ejércitos. Aquí se los utilizó como combatientes, los cubrían con una protección de cuero, les adosaban convenientemente un recipiente con fuego y los enviaban a entremezclarse con el enemigo, en cuyas filas ocasionaban incendios de distinta magnitud. Otras formas de empleo, era colocarles un tipo de coraza que llevaba cuchillas que producían heridas cortantes en los soldados enemigos y en sus caballos al lanzarlos simplemente al ataque, con el adiestramiento que habían recibido, para que mordieran o ponerles collares con púas, llamados collares de pugna o carlancas. Para protegerlos de las flechas, lanzas o picas enemigas se los protegía con placas de cuero laterales y sobre el lomo, además de casquetes de cuero en la cabeza.

Estos perros acompañaron a las legiones en todas sus conquistas, por lo que no es inexacto suponer que en muchas regiones los introdujeron por primera vez.

Los perros que se destacaban recibían nombres, la costumbre era designarlos de acuerdo al orden en que habían nacido agregándoseles un apodo, por ejemplo: Primero el Valiente.

Cuando Julio César, líder y militar romano (100 – 44 A.C) en los tiempos de la República Romana emprendió la conquista de las Galias entre los años 58 y 51 A.C., llevó consigo un ejército de perros molosos, los mismos que eran empleados en los circos romanos.

Claudio Eliano, escritor y profesor de retórica romana (175-235), escribió una “Historia de los animales”, en la que en el Libro III, cap. 2. describe a estos animales expresando: “El más vehemente de los perros es el moloso, porque también los hombres de Molosia son de espíritu fogoso”.

Eliano, en la misma obra, pero en el Libro XI, cap. 20, se refiere a unos perros guardianes del

Templo de Adriano, que se encontraba en la ciudad de Adriano, Sicilia, de los cuales dice: “Hay unos perros sagrados, que son servidores y ministros del dios, los cuales superan en hermosura y en tamaño a los perros Molosos, y hay por lo menos mil. Estos animales durante el día saludan y acarician a los que penetran en el templo, sean extranjeros o nativos; pero durante la noche, conducen a manera de guías y conductores, con mucha amabilidad, a los que ya están borrachos y van dando tumbos por el camino, llevando a cada uno hasta su propia casa, mientras que infligen su correspondiente castigo a los borrachos que se extralimitan, porque saltan sobre ellos y les desgarran los vestidos, escarmentándolos hasta tal punto que a aquellos que intentan robar los despedazan con toda ferocidad.

Flavio Vegecio Renato, literato romano (383-450), en su obra “Rei Militari instituta” aconseja que en las torres de las fortalezas se tengan perros para avisar la presencia de enemigos.

Edad Media.
Se llega así a este período comprendido entre el siglo V y el XV, finalizando en 1492 con el descubrimiento de América, en que el perro de guerra no sufre variantes de importancia en su empleo, pero se destacan los perros de caza debido a que este deporte pasa a ser practicado por personajes de la realeza y la nobleza. Como se comienza a aplicar otros criterios en su cría, aparecen nuevas razas sobre todo de compañía, que se suman a las que ya existían que en cierto modo eran exclusivas de los cortesanos y nobles.

Como una circunstancia puntual se puede citar la Guerra Italiana 1521-1526 librada entre Enrique VII de Inglaterra y Carlos V del Imperio Romano Germánico contra Francisco I de Francia, en la que el rey inglés empleó un contingente de 400 soldados con otros tantos perros provistos con collares de púas.

Isabel I (1533-1603) reina de Inglaterra e Irlanda, en el año 1569 debió enfrentar la Rebelión de Desmond (irlandesa) para lo cual incluyó en sus tropas a un cuerpo con 800 perros.

Renacimiento.
Este período que toma parte de la Edad Media y que abarcó los siglos XV y XVI se caracterizó porque se produjo un profundo cambio cultural en las artes y la literatura. En lo que respecta al perro también es interesante citar las transformaciones que se realizaron en su trato con los humanos. Empleando la palabra democracia, cuyo uso hoy se ha generalizado al ser incluida como un factor determinante de situaciones que abarcan diferentes aspectos o condiciones de la vida humana, se puede decir aplicándola en este caso a que la tenencia de este animal se democratizó. El hecho de que hasta esa época la posesión de perros de compañía era un privilegio de la realeza y la nobleza y que dejara de tener ese carácter pasando a ser también un derecho del pueblo, significó un auge en la aparición de nuevas razas y una popularización de las que ya existían.

Otro factor fue el esplendor que adquirió el retrato a mano, el dibujo y la pintura de perros.

En lo que respecta al perro de guerra, si bien en este período hubo guerras y conflictos, algunos verdaderamente significativos, su empleo no difirió del que se había efectuado hasta ahora.

Descubrimiento y Conquista de América.
Los perros que Cristóbal Colón encontró en América eran los que habían penetrado supuestamente en el continente por el Estrecho de Behring, aunque todavía se discute si lo hicieron solos o acompañando a hombres. En su “Diario del Primer Viaje”, Colón cita que encontró perros que no ladraban. Gonzalo Fernández de Oviedo, militar, escritor, cronista y colonizador español (1478-1557), coincide con Colón y en su obra “Historia General y Natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano”, en la que relata acontecimientos sucedidos entre 1492 y 1549, dice:

Bestias de cuatro pies no vieron, salvo perros que no ladran. Eran todos estos perros aquí en esta o las otras islas, mudos, e aunque los apaleasen o matasen, no sabían ladrar; algunos gañen o gimen cuando les hacen mal”. Además habla de Becerrillo, un perro de raza alano español, diciendo que diez soldados con “Becerrillo” se hacían temer más que cien soldados sin el perro.

Por ello tenía su parte en los botines, recibiendo una paga como la de un soldado.

Los indígenas generalmente tenían a los perros que encontraron los españoles como compañía, en algunos casos participaban en ceremonias y sacrificios religiosos y también servían de alimento. A diferencia de los canes que trajeron los españoles, no eran empleados en combates ni en peleas de entretenimiento.

Los españoles llegaron con perros alanos, descendientes de los molosos, a partir del segundo viaje de Colón. Estos animales causaron verdadero estupor en los indígenas al compararlos con sus perros, mucho más débiles. Para los conquistadores, sus perros se convirtieron en instrumentos de enorme utilidad en el cumplimiento de los fines de su empresa, eran cazadores para procurar alimentos, guardianes de propiedades, soldados de combate y verdugos, insensibles ejecutores de sentencias y castigos contra los indígenas. Desde el punto de vista militar, los perros cumplían prevención defensiva, en la que dispuestos como verdaderos centinelas eran capaces de avisar los ataques por sorpresa y alertar emboscadas en terrenos peligrosos para el desplazamiento español; agresión de vanguardia, en los enfrentamientos con los indígenas eran empleados como fuerzas choque y represión en los actos de rebeldía Colón utilizó estos perros en las primeras campañas represivas en Jamaica y La Española en 1494 y 1495 y su hermano Bartolomé, en una batalla contra los indígenas en la isla La Española en 1495, empleó 200 hombres, 20 caballos y 20 perros.

También Hernán Cortés (1485-1547) en la conquista de Méjico en 1519; Francisco Pizarro (1478-1541) en la del Perú en 1532; Juan Ponce de León (1460-1521) en la de Puerto Rico en 1509; Pedro Arias Dávila, alias Pedrarias (1468-1531) en Nicaragua en 1513 y Hernando de Soto (1496-1592) en 1539 en la Florida (EEUU) en 1539, emplearon perros..

El aperreamiento o emperramiento era un método cruel e inhumano que se aplicaba a los indígenas que se encontraban culpables o se presumía de ello de diferentes delitos, rebeldía, negarse a colaborar con los conquistadores y en los casos de homosexualidad, Hay que destacar, que este procedimiento no había sido ideado por los españoles, ya existía en tiempos de los visigodos, era aplicado en varias partes de Europa y también en el Imperio Romano como espectáculo en los circos.

Consistía en que el o los reos eran enfrentados con una jauría de perros hambrientos, porque habían sido privados de comida, a los que se les daba solamente un palo para su defensa. De más está decir que todo terminaba con su muerte debido a los mordiscos recibidos, siendo devorados muchas veces por los animales.

Siglo XIX.
Hasta el siglo XIX su empleo en las guerras que se sucedieron, y que no fueron pocas, decayó en forma significativa, tal vez por el perfeccionamiento de las armas de fuego y las modificaciones en las tácticas de combate.

Sin embargo a fines de este siglo, resurgió el interés por su utilización y varios países comenzaron a experimentar su uso en la búsqueda de heridos y su desempeño como mensajeros, destacándose ya la diferenciación de varias razas molosoides, de acuerdo a las preferencias y posibilidades de cada uno de ellos.

Los perros recibían una educación especial, ya que se tenían que acostumbrar a los ruidos de la guerra: los disparos de las armas de fuego, el silbido y estallidos de los proyectiles de los cañones, la explosión de las granadas y el estrépito de los motores de los camiones.

Prontamente los países beligerantes apreciaron las posibilidades de su aptitud para otras funciones que serán detalladas a lo largo de este relato.

Aunque no ha podido ser corroborado, Francia fue el primer país que incorporó perros a su infantería, aunque este ensayo no fue fructífero por la poca ayuda económica que recibieron los encargados de su empleo.

Alemania fue la que más rápido advirtió los beneficios que se podían obtener del la utilización de los perros, por lo que en sus maniobras militares de 1886 hizo actuar a una cantidad significativa de ellos. Austria, Turquía, Italia y Gran Bretaña también comenzaron con las experiencias en este sentido, aunque ésta última en pequeña proporción.

Siglo XX.
Este siglo fue testigo de tres conflagraciones bélicas que sumieron al mundo en un verdadero pandemónium; la I. Guerra Mundial, 1914-1918; la Guerra Civil Española, 1936-1939 y la II.

Guerra Mundial, 1939-1945.

I. Guerra Mundial.
Aquí el perro volvió a recuperar la importancia que antaño tuvo en los conflictos bélicos. A fines del siglo XIX Alemania comenzó a centrar su esfuerzo en la producción de un perro que se adecuara a los requisitos bélicos de llevar mensajes, localizar heridos, alertar la presencia de enemigos y transportar alimentos y munición. Fue el capitán de caballería Maximilian von Stephaniz, quien es considerado el creador de la raza Ovejero Alemán, el que satisfizo todas las exigencias que se le formularon. Según algunos autores, este país empleó 20.000 perros y según otros, fueron 30.000, pero como se agotó la provisión de estos perros, los alemanes recurrieron a obtenerlos de Holanda, Bélgica y Suiza, aun que ya no los Ovejeros Alemanes sino Dobermann y Rotweiller. Se cree que alrededor de 30.000 soldados heridos pudieron ser salvados por la acción de perros de rescate que procedieron a su detección.

Es muy conocido el relato de Rin Tin Tin, el Ovejero Alemán empleado en esta guerra que cumplió funciones de enlace y mensajero, que se extravió en 1918, siendo encontrado herido por el sargento de la fuerza aérea norteamericana Leo Duncan, junto a una perra de la misma raza, y llevado a los Estados Unidos se convirtió en un formidable éxito cinematográfico.

Francia empleó perros de raza Ovejero Beauce y Ovejero de Brie; Bélgica, el Belgian Shepherd Dog (Ovejero Belga) e Italia, el San Bernardo para sus operaciones en alta montaña.

En Inglaterra, que utilizó los perros cuando ya la contienda llevaba bastante tiempo de iniciada, fue el Teniente Coronel Edwin Hauteville Ruchardson quien ya tenía una experiencia previa con algunos perros en la guerra ruso-japonesa de 1904, el responsable de su introducción en el ejército por haber sido designado Director de la Escuela de Entrenamiento del Perro de Guerra adoptando la raza Aireadle Terrier. Pero en 1916 la demanda de perros creció a tal punto, que ya no alcanzaron los Aireadale Terriers, por lo que se recurrió a la captura de perros callejeros y se solicitó su entrega a las personas que no pudieran mantenerlos por las restricciones alimenticias de la guerra.

II Guerra Mundial.
Indudablemente la experiencia adquirida en el empleo de los perros en la I Guerra Mundial, intensificó su utilización en la Segunda. Varias razas habían demostrado sus aptitudes bélicas lo que facilitó que fueran destinadas a cumplir aquello para lo cual tenían mayores aptitudes,

La guerra de posición fue siendo dejada de lado y los grandes movimientos de tropas y vehículos armados le confirió una característica especial a esta guerra. La raza que sobresalió en cuanto a cantidad y calidad en las acciones fue el Ovejero Alemán, siguiéndole en mucha menor medida el Dobermann.

A los servicios que ya fueron citados se agregaron otros, como su incorporación a las tropas comando que actuaban en la retaguardia enemiga para facilitarles su regreso a su primitivo destino, la detección de minas antipersonales y combate.

Alemania hizo uso de 200.000 perros aproximadamente; Rusia, 60.000; Francia, en menor cantidad pero cuando fue invadida y sometida por Alemania abandonó esta actividad; los Estados Unidos, 25.000 pero los empleó ya avanzada la guerra y principalmente en los frentes de combate con el Japón y posteriormente en el conflicto con el Vietnam.

Las novedades acerca de la misión a cumplir en esta guerra por parte de los perros, fueron una, la creación de unidades de perros que acompañaban a las tropas aerotransportadas. Esto fue llevado a cabo por los Estados Unidos, los animales llevaban un paracaídas especial en el dorso que pesaba cinco kilogramos aproximadamente, el que se abría automáticamente a continuación del salto. El peso del paracaídas que era confeccionado en seda, más su superficie proporcionalmente superior al de un paracaídas humano, daba como resultado que el descenso se efectuara más lentamente y con mayor suavidad,

La otra, la constituyó la idea de Rusia acerca del empleo de lo que se llamó “perros bomba”. Para llevar a cabo esta misión los rusos se basaron en el principio de los “reflejos condicionados” de Ivan Petróvich Pávlov, fisiólogo ruso (1849-1936), para lo cual durante un tiempo determinado se alimentaba al perro debajo de un tanque alemán capturado, luego se suspendía esa alimentación con lo que se lograba que sintiera hambre y, entonces, durante una batalla en la que intervenían tanques alemanes lo soltaban, El perro asociaba la idea de comida con el tanque y rápidamente se dirigía hacia él, pero previamente se le había colocado una especie de chaleco especial con una carga de explosivos, el que llevaba un dispositivo que al tomar contacto con el tanque provocaba la explosión de esa carga. Lógicamente, el perro moría.

Guerra de las Malvinas.
La Guerra de las Malvinas se realizó entre la República Argentina y Gran Bretaña entre el 2 de abril de 1982 y el 14 de junio de 1982.

El empleo de perros no fue importante por ninguno de los dos contendientes.

Por parte de la Argentina, la Armada por intermedio de su Comando de Infantería de Marina dispuso que para la defensa de Puerto Argentino el 7 de abril de 1982 se enviase una sección de perros de guerra de la Base Naval de Puerto Belgrano, con el objeto de impedir la infiltración de comandos británicos en el sistema defensivo propio y protección de los puestos de comando, centrales de comunicaciones y depósitos de armas. La dotación estuvo compuesta por dieciocho perros con sus respectivos guías, aparte de sus jefes.

Después de cuatro o cinco días del comienzo de los bombardeos de los aviones británicos, estos perros empezaron a dar la alarma mucho antes que los medios de observación de la iniciación del ataque, en forma de aullidos de bastante intensidad. Esto permitía tomar las contramedidas necesarias.

En los últimos días de combate, se decidió enviar a varios perros a las primeras líneas para evitar infiltraciones enemigas. Así se envío a tres perros: Negro, Ñaeo y Xuavia, de los cuales solamente regresó esta última.

Los británicos también utilizaron perros. El periódico “The Sun” en su edición del 24 de noviembre de 1983, publicó una entrevista que se efectuó al capitán Phillip Stoller, del ejército inglés, en la cual éste relató que comandos del Special Air Service (SAS) lanzaron con paracaídas una docena de perros Bull Terriers con el objeto de atemorizar a los soldados argentinos, pero la operación falló debido a un error geográfico y dijo textualmente: “esos perros, incontrolables, ­­­debieron ser ultimados a tiros por los mismos ingleses”.